El teorema electoral

Primero fue Extremadura, donde el PP convocó unas elecciones que perdió claramente, aunque el estrépito lo sufriera el PSOE. Ahora es Aragón, donde se repite el mismo modelo

09 de febrero de 2026 a las 11:27h
Elecciones andaluzas de 2022.Andalucía y el batacazo de la izquierda en Andalucía
Elecciones andaluzas de 2022.Andalucía y el batacazo de la izquierda en Andalucía MANU GARCÍA

Mientras Andalucía se desangra de agua, ¿cuándo lo hubiéramos imaginado?, de mamografías faltantes, que luego mucho adorar a la Virgen de la leche, y de una pobreza que, se pongan como se pongan, remite, si remite, a paso de pulga. Mientras Andalucía, el sur, se desangra de agua reventando muros y pueblos, la derecha sigue negando la justicia social y el-cambio-climático-por-mano-del-hombre.

Primero fue Extremadura, donde el PP convocó unas elecciones que perdió claramente, aunque el estrépito lo sufriera el PSOE. Ahora es Aragón, donde se repite el mismo modelo, e igualmente en lo que respecta a la ultraderecha de Vox. Solo las izquierdas nos dejaron una lección: en Extremadura se unieron y sumaron; en Aragón se dividieron y restaron. Parecería un teorema.

Andalucía celebra elecciones en verano, sin romerías: no sabemos más. Quizá en junio. Empezamos a conocer el teorema de los resultados, dado que parece una serie matemática: Extremadura – Aragón - ¿Andalucía? El PP desciende, el PSOE se descalabra, Vox se multiplica y las izquierdas en la irrelevancia.

A los partidos les votan personas con derecho a voto, personas que rezongan, que se enervan, que gritan o callan, que dan la cena de Navidad a el resto, que tiran la piedra y esconden la mano porque, como es razonable, el voto es secreto. Luego, cuando lleguen los desastres nadie los votó. Y, ¿qué es un desastre? Un desastre es lo que está pasando con las opiniones sobre lo que ocurre. La locura que separa el cuento de la realidad; el entusiasmo de las gentes por votar un orden que luego ellas mismas ni cumplen ni reconocen como posible. El embriagador sueño de que votando a favor de los millonarios les convertirá en una de ellos, de los millonarios: una magia infantil de la que todos los niños saben que solo funciona con truco.

Las gentes del sentido común, el menos común de los sentidos, deberían comprender el desastre de la sanidad pública de Madrid o de Andalucía, o el de Alemania, donde en nombre del ahorro se reparte el dinero, más dinero, a las manos privadas, y los pechos de las mujeres quedan encomendados a la Virgen de la leche, en lugar de revisarlos en tiempo y con eficacia con los medios científicos, y con el dinero que sí hay, pero se niega.

La queja de que no hay dinero para la salud o para la enseñanza o para el transporte, al mismo tiempo que se quiere expulsar a los inmigrantes, no es de sentido común. Son ellos los que, con su trabajo y sus aportaciones a la Seguridad Social, a la caja de las pensiones o a la Hacienda Pública, hacen posible la vida a todos. Podremos tener médicos, maestros y pensiones si dejamos trabajar legalmente a los inmigrantes. Y si no los dejamos trabajar legalmente lo tendrán que seguir haciendo de forma ilegal, con todos los sufrimientos que ello implica para todos, no solo para ellos, como se está viendo en los Estados Unidos.

Huelga decir la cantidad de españoles que salieron de España o de sus regiones como emigrantes y lo que sufrieron. Que si salieron de España fue porque no les quedaba más remedio. Y que unos fueron legalmente y otros llegaron, se quedaron o se establecieron ilegalmente. Que también los españoles causaban temores, reunidos junto a italianos y turcos en las estaciones de ferrocarril, por ejemplo, porque era barato y se estaba a cubierto. Olvidamos pronto y no queremos darnos cuenta que los mismos temores que causaban nuestros compatriotas son esos temores que quieren que aprendamos contra los que hoy llegan a nuestro país.

Hay un sentir que es de izquierdas, es el sentir de que la justicia social nos hace mejores a todos, el sentimiento de respetar la diversidad y dejar al mundo en paz. Un sentir de izquierdas que es el querer ponerse en el lugar del otro para intentar comprender qué siente el otro y respetarlo. Es el sentir de izquierdas no termina de incluirlo en el teorema electoral ninguna propuesta electoral. Es la puerta abierta al abismo del fascismo.

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