España pierde a uno de sus creadores más influyentes. José María Cruz Novillo, conocido como Pepe Cruz Novillo, fallece a los 89 años dejando un legado quenrodea la vida cotidiana de millones de personas sin que la mayoría sepa su nombre.
Nacido en Cuenca en 1936, fue el autor de algunos de los logotipos más reconocibles de la España contemporánea: Correos, Repsol, el PSOE, El Mundo, la Cope, Endesa, la ONCE y la Policía Nacional, además de la bandera y el escudo de la Comunidad de Madrid. Su muerte ha sido avanzada por el portal especializado Gràffica.
Muchos carteles de películas
Su obra no se limita al mundo corporativo. Cruz Novillo es también el autor de los carteles de algunas de las películas más importantes del cine español: El espíritu de la colmena, El sur, Ana y los lobos, La prima Angélica, Deprisa deprisa, La escopeta nacional, Barrio y Los lunes al sol, firmadas por cineastas de la talla de Víctor Erice, Carlos Saura, Luis García Berlanga y Fernando León de Aranoa. Una doble trayectoria —diseño corporativo y cartelismo cinematográfico— que convierte su figura en un caso único en la cultura española del siglo XX.
El artista se inició en el oficio en 1957 dentro del departamento de arte de la empresa publicitaria Clarín, tras abandonar la carrera de Derecho. El punto de inflexión decisivo llegó en 1962, cuando viajó a Estados Unidos para formar parte del equipo de artistas del Pabellón de España en la Feria Mundial de Nueva York. Allí tuvo acceso a las técnicas y estilos más avanzados del diseño publicitario internacional. "Me convertí en un paleto muy cosmopolita", recordaba con humor en el documental rodado sobre su figura. En 1965 abandonó Clarín para abrir su propio estudio, donde comenzó a desarrollar un estilo basado en la síntesis formal y la economía visual: logotipos instantáneamente reconocibles, por sí mismos y por las instituciones que representaban.
"En España no había imagen, no existía el diseño; ni siquiera la palabra"
Cruz Novillo fue mucho más que un diseñador de encargos. Su trabajo representó una ruptura cultural en una España que salía del franquismo sin apenas identidad visual propia. En sus propias palabras, en España "no había imagen, no existía el diseño; ni siquiera la palabra. Y el país necesitaba establecer una imagen global si quería integrarse en la modernidad". Ese conocimiento adquirido en Nueva York fue el que importó a la España de la Transición, contribuyendo a construir una memoria colectiva que hoy se rastrea en cada gasolinera, buzón de correos o cartel electoral.
Su faceta más experimental emergió con fuerza en las ferias de arte contemporáneo, donde instaló sus peculiares obras "cronocromofónicas" —combinando colores y sonidos— en ARCO. Entre sus proyectos más singulares destaca su Diafragma dodecafónico 8.916.100.448.256, opus 14, en desarrollo desde su estreno en ARCO 2010 y calificado como "la obra de arte más larga del mundo": tardará 3.390.410 años en completarse. Una broma conceptual tan seria como toda su obra. Junto a su hijo Pepe Cruz fundó además el estudio Cruz más Cruz, desde donde continuó trabajando hasta el final de sus días.


