"Se me ha hecho largo", comentó Fito Cabrales, después de doce años sin venir a Cádiz, tras su paso por el Palacio de Deportes de Chapín de Jerez en 2014 y cuatro años de parón musical, había muchas ganas de ver y escuchar “aullar” al cantante y compositor junto a su mítica banda, los Fitipaldis.
Tantas ganas había que Cádiz se quedó pequeño para un concierto tan masivo, organizado dentro del ciclo Música del Mar. Y es que, a primera hora de la tarde, las colas para entrar ocupaban toda la avenida de Astilleros y aparcar era imposible.

Una vez dentro, el Muelle Reina Victoria se quedó tan estrecho “como un ataúd” para tantísimo público. De no ser porque los seguidores del rockero fueron una “puta bendición”, con ganas de disfrutar, la noche podría haber sido complicada; sin embargo, transcurrió sin ningún tipo de incidente.
Quince minutos más tarde de lo previsto, el de Bilbao salió ovacionado al escenario con su reconocible vestimenta, abriendo con una iluminación A contraluz, en referencia al nuevo tema de su último disco. Ante él, un público de todas las edades: jóvenes, no tan jóvenes, familias completas con niños e incluso alguna persona con traje de flamenca que venía directa de la feria.


Cabrales continuó con Un buen castigo. A su izquierda, su endemoniada banda de los Fitipaldis: Javier Alzola (saxofón), Alejandro Boli (bajo), Diego Galaz (guitarra y violín) y Coki Giménez (batería); y a la derecha, su “angelito”, como él mismo lo señaló, el guitarrista y productor Carlos Raya. Aunque, realmente, el “buen castigo” fue para quienes no pudieron disfrutar de las primeras filas, ya que la altura del escenario era demasiado baja para una pista tan plana, lo que obligaba a seguir el concierto a través de las pantallas.

El espectáculo de luces y sonido continuó con un recorrido por casi toda su discografía, desde Lo más lejos a tu lado hasta el reciente El monte de los aullidos. El público enmudeció con las impactantes imágenes aéreas en blanco y negro de la guerra en Gaza mientras sonaba “Volverá el espanto”.
La gente coreaba sus grandes éxitos más que bailarlos, excepto con Whisky barato, momento en el que la banda desplegó todo su arsenal para hacer mover a toda la pista. Más tarde, un solo de guitarra de Fito dio paso a uno de los temas más coreados de su carrera: “Acabo de llegar”.
Fito sacó sus clásicas guitarras Telecaster y alguna más moderna que parecía sacada de Regreso al futuro. Cantó mucho más que habló durante las dos horas de concierto, en las que únicamente mencionó el tiempo que hacía que no venía a Cádiz, su alegría por volver, aunque las 13 horas de furgoneta le habían compensado, a los artistas Javier Ruibal y Pastora Soler —presentes entre el público— y a la luna llena que le sorprendió frente al escenario.
El concierto no podía cerrarse sin temas tan clásicos como La casa por el tejado o Soldadito marinero, finalizando con Antes de que cuente diez.
Fito se despidió de Cádiz junto a su banda arrodillado y quitándose su famosa gorra. Esperemos que no tarde mucho en volver y que sus zapatos aguanten todos el camino para volver a disfrutar de nuevos discos y nuevas giras.



