Al principio fue la polémica, después los medios. Vivimos días de zascas y retratados como prodigios estéticos no carentes de virtudes fisiológicas. Patas de cigüeñas para pasarelas de los arrabales de la moda. La información se confunde con la opinión porque los noticieros se han convertidos en reality shows. La telerrealidad convive con la digitalidad mientras lo que no está naciendo, está muriendo. Todos tenemos la sensación de que alguna vez se nos puso cara de Jim Carrey en El Show de Truman.

Para el canadiense Marshall McLuhan el medio era el mensaje y ya preveía la nueva jaula dorada en la que vivirían los creadores de opinión: «La nueva interdependencia electrónica reconstruye el mundo en la imagen de una aldea global. Toda la tecnología tiende a crear un nuevo entorno humano... Los entornos tecnológicos no son meramente pasivos recipientes de personas, son procesos activos que reconfigurar a las personas y otras tecnologías similares». Y respecto a la estética de los líderes: «La política es asistida por la imagen. El político se conforma solamente con una buena imagen, ese será el mayor logro que obtendrá. »

Rumor de los nuevos tiempos. El oro y el fango. Decía el historiador francés Pierre de Brantôm que no había virtud más bella ni mayor victoria que saber gobernarse y vencerse a sí mismo. En días de retroceso, el sentimiento del empoderamiento no es menor ni descabellado. Y si es verdad lo que sostenía el clásico, el éxito será ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo.

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Daniel Vila

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