El monumento a María Auxiliadora en la ciudad de Cádiz surge de una coyuntura histórica específica: la celebración del centenario de la Asociación de Devotos de María Auxiliadora (ADMA) en el año 2007. Esta asociación, que constituye una de las fuerzas vivas de la familia salesiana gaditana, fue agregada a la matriz de Turín el 7 de agosto de 1907 por Don Miguel Rúa, sucesor directo de Don Bosco.
Ante la proximidad del centenario, la iniciativa de levantar un testimonio físico de esta efeméride partió de Carlos Correas, director de la Casa Salesiana “San Ignacio”, junto a José Antonio Perdigones y la presidenta de la asociación, Beatriz Bocardo. El proyecto se presentó al Ayuntamiento no solo como un acto religioso, sino como un signo de gratitud de la ciudad hacia la institución. Aunque la ubicación elegida, la Plaza de San José, tenía un historial urbanístico que se remontaba a los años 60 y a reformas en los 90, la proyección del monumento en sí fue una acción inmediata vinculada exclusivamente a la efeméride de 2007.
Plaza de San José en la década de los años 70, convertida en un aparcamiento en superficie.
La figura que protagoniza el monumento representa una de las advocaciones más dinámicas del catolicismo contemporáneo. dinámicas del catolicismo contemporáneo. Aunque el título de "Auxiliadora" se remonta al siglo IV y cobró relevancia tras la Batalla de Lepanto en 1572, su configuración moderna se debe a San Juan Bosco. En Cádiz, esta devoción ha sido el eje vertebrador de la presencia salesiana desde 1904.
La imagen encarna la síntesis teológica de Don Bosco, donde María es presentada como Auxilio de los Cristianos, Reina y Madre. La iconografía se centra en la figura de la Virgen portando al Niño Jesús, quien es representado como el Rey que acoge con los brazos abiertos. Esta advocación ha calado de tal forma en el vecindario de Puerta de Tierra que, tras la erección del monumento, se la ha pasado a considerar de facto como la “Patrona de Extramuros”.
Subida de la imagen al pedestal, agosto 2008.
Colocación de la imagen en el pedestal, agosto 2008.
La responsabilidad de materializar este proyecto recayó en el escultor onubense José Martín Lepe Lagares. Natural de La Palma del Condado y antiguo alumno de las escuelas salesianas, Lagares aportó una visión que trascendía lo puramente profesional, buscando transmitir lo que él denominó una "impronta psicológica" en la expresión de la imagen; no en vano, los estudiosos definen su estilo artístico como neoexpresionista.
Triunfo de María Auxiliadora, Cádiz. Visión angular derecha.
El encargo para Lagares fue integral: no solo se limitó al modelado de la estatuaria en bronce, sino que incluyó el diseño arquitectónico y los planos del pedestal neoclásico. En el acto de inauguración, el autor destacó la responsabilidad que supuso esculpir una figura de tal relevancia para el pueblo gaditano, expresando su deseo de que la obra se convirtiera en un "faro espiritual" para la ciudad.
El monumento se define por una convivencia de lenguajes artísticos. El pedestal se adscribe a un canon neoclásico, caracterizado por la rectitud de sus líneas y una marcada sobriedad decorativa que busca no restar protagonismo a la figura superior. Por otro lado, la escultura de la Virgen posee una clara tendencia barroca, visible en el dinamismo de los pliegues y la composición de las figuras.
Triunfo de María Auxiliadora, Cádiz. Visión frontal, detalle.
Un aspecto técnico fundamental del estilo de Lagares es el tratamiento de las superficies. La textura del bronce es deliberadamente rugosa, una decisión estética adecuada para obras de gran formato situadas al aire libre. Esta rugosidad permite que la luz natural genere contrastes de claroscuro que realzan el volumen, mientras que el pulido se reserva para las zonas de mayor delicadeza expresiva, como los rostros y las manos de la Virgen y el Niño.
La estatua de María Auxiliadora es una pieza monumental de 250 cm de altura, realizada en bronce. El proceso de ejecución comenzó con un modelo en barro sobre armazón metálico, del cual se extrajeron los moldes para la fundición. Se empleó la técnica de la cera perdida para las cabezas y la arena seca para el resto de la anatomía, proceso llevado a cabo en las Fundiciones Artísticas del Sur en Antequera.
José Martín Lagares trabajando en el modelado de la imagen.
Siguiendo el modelo iconográfico de Tomás Lorenzone (1868), la Virgen se representa con una larga cabellera ondulada que cae por su espalda. Porta una corona enmarcada por una aureola de doce estrellas y sostiene un cetro en su mano derecha. La vestimenta consta de una túnica ceñida por una banda y una capa que cae desde los hombros, recogida con amplios pliegues bajo el brazo izquierdo para servir de asiento al Niño Jesús. El Niño, por su parte, luce el pelo corto y ondulado, también coronado, y presenta un movimiento de gracia al cruzar el pie izquierdo hacia delante.
El soporte de la imagen es una estructura de mampostería de ladrillo revestida con placas de mármol rosado pulimentado. Con una altura de 435 cm, se organiza en un esquema de dos cuerpos; el cuerpo inferior: Una basa cuadrangular de 150 cm de lado y 40 cm de alto, sobre la que se apoya un elemento de transición de 120 cm de lado. Y el cuerpo superior: De forma troncopiramidal, a modo de obelisco, que se estrecha desde los 115 cm en su base hasta los 90 cm en su parte superior, culminando en el basamento donde se asienta la escultura.
Diseño y cotas del pedestal del triunfo Mª Auxiliadora.
Planta realizada por Martín Lagares a mano alzada, del pedestal del triunfo de María Auxiliadora, 2008.
El pedestal incluye elementos epigráficos en bronce: en el frontal del cuerpo superior se sitúa el rótulo con la advocación “MARIA AUXILIADORA” en letras exentas, y en la base, una placa conmemorativa con una leyenda que recuerda la gratitud de la familia salesiana y de los devotos hacia la ciudad.
Triunfo de María Auxiliadora, Cádiz. Placa conmemorativa.
La importancia de este monumento, inaugurado el 7 de agosto de 2007 por la alcaldesa Teófila Martínez, reside en su impacto en la configuración de la identidad de Extramuros. Cádiz posee una larga tradición de "triunfos" marianos, pero estos (como los de la Inmaculada y el Rosario) se sitúan históricamente en el casco antiguo.
La erección de la estatua de María Auxiliadora actualiza esta tradición monumental y dota a la zona de Puerta de Tierra de un hito escultórico de referencia. La propia alcaldesa señaló en su inauguración que el proyecto era necesario para que la "gran familia salesiana" pudiera mostrar libremente sus creencias en la calle, reconociendo el papel de la institución en la educación de numerosas familias gaditanas.
Triunfo de María Auxiliadora, Cádiz. Vista posterior, fuente IAPH.
A pesar de ser un proyecto de ejecución rápida para el centenario, su desarrollo enfrentó desafíos técnicos y de diseño notables. El documento contractual especificaba que la obra debía ser lo más parecida posible a la imagen de madera policromada del altar mayor del colegio. Esto planteaba dos grandes dificultades: la traslación de escala (de 1,5 metros a 2,5 metros) y el cambio de lenguaje material (de madera pintada a bronce fundido).
Para salvaguardar la calidad artística, se incluyó una cláusula que garantizaba la libertad creativa de Martín Lagares, permitiéndole realizar variaciones estéticas durante la ejecución. Gracias a esto, la obra final superó las dimensiones estipuladas originalmente (que eran de 220 cm) para adaptarse mejor a las proporciones del pedestal y al espacio abierto de la plaza. Asimismo, la ubicación frente a la Avenida de María Auxiliadora permite que el monumento mantenga un diálogo visual permanente con el Colegio Salesiano, cumpliendo así el deseo de sus promotores.
El monumento a María Auxiliadora en la ciudad de Cádiz surge de una coyuntura histórica específica: la celebración del centenario de la Asociación de Devotos de María Auxiliadora (ADMA) en el año 2007. Esta asociación, que constituye una de las fuerzas vivas de la familia salesiana gaditana, fue agregada a la matriz de Turín el 7 de agosto de 1907 por Don Miguel Rúa, sucesor directo de Don Bosco.
Ante la proximidad del centenario, la iniciativa de levantar un testimonio físico de esta efeméride partió de Carlos Correas, director de la Casa Salesiana “San Ignacio”, junto a José Antonio Perdigones y la presidenta de la asociación, Beatriz Bocardo. El proyecto se presentó al Ayuntamiento no solo como un acto religioso, sino como un signo de gratitud de la ciudad hacia la institución. Aunque la ubicación elegida, la Plaza de San José, tenía un historial urbanístico que se remontaba a los años 60 y a reformas en los 90, la proyección del monumento en sí fue una acción inmediata vinculada exclusivamente a la efeméride de 2007.
Plaza de San José en la década de los años 70, convertida en un aparcamiento en superficie.
La figura que protagoniza el monumento representa una de las advocaciones más dinámicas del catolicismo contemporáneo. dinámicas del catolicismo contemporáneo. Aunque el título de "Auxiliadora" se remonta al siglo IV y cobró relevancia tras la Batalla de Lepanto en 1572, su configuración moderna se debe a San Juan Bosco. En Cádiz, esta devoción ha sido el eje vertebrador de la presencia salesiana desde 1904.
La imagen encarna la síntesis teológica de Don Bosco, donde María es presentada como Auxilio de los Cristianos, Reina y Madre. La iconografía se centra en la figura de la Virgen portando al Niño Jesús, quien es representado como el Rey que acoge con los brazos abiertos. Esta advocación ha calado de tal forma en el vecindario de Puerta de Tierra que, tras la erección del monumento, se la ha pasado a considerar de facto como la “Patrona de Extramuros”.
Subida de la imagen al pedestal, agosto 2008.
Colocación de la imagen en el pedestal, agosto 2008.
La responsabilidad de materializar este proyecto recayó en el escultor onubense José Martín Lepe Lagares. Natural de La Palma del Condado y antiguo alumno de las escuelas salesianas, Lagares aportó una visión que trascendía lo puramente profesional, buscando transmitir lo que él denominó una "impronta psicológica" en la expresión de la imagen; no en vano, los estudiosos definen su estilo artístico como neoexpresionista.
Triunfo de María Auxiliadora, Cádiz. Visión angular derecha.
El encargo para Lagares fue integral: no solo se limitó al modelado de la estatuaria en bronce, sino que incluyó el diseño arquitectónico y los planos del pedestal neoclásico. En el acto de inauguración, el autor destacó la responsabilidad que supuso esculpir una figura de tal relevancia para el pueblo gaditano, expresando su deseo de que la obra se convirtiera en un "faro espiritual" para la ciudad.
El monumento se define por una convivencia de lenguajes artísticos. El pedestal se adscribe a un canon neoclásico, caracterizado por la rectitud de sus líneas y una marcada sobriedad decorativa que busca no restar protagonismo a la figura superior. Por otro lado, la escultura de la Virgen posee una clara tendencia barroca, visible en el dinamismo de los pliegues y la composición de las figuras.
Triunfo de María Auxiliadora, Cádiz. Visión frontal, detalle.
Un aspecto técnico fundamental del estilo de Lagares es el tratamiento de las superficies. La textura del bronce es deliberadamente rugosa, una decisión estética adecuada para obras de gran formato situadas al aire libre. Esta rugosidad permite que la luz natural genere contrastes de claroscuro que realzan el volumen, mientras que el pulido se reserva para las zonas de mayor delicadeza expresiva, como los rostros y las manos de la Virgen y el Niño.
La estatua de María Auxiliadora es una pieza monumental de 250 cm de altura, realizada en bronce. El proceso de ejecución comenzó con un modelo en barro sobre armazón metálico, del cual se extrajeron los moldes para la fundición. Se empleó la técnica de la cera perdida para las cabezas y la arena seca para el resto de la anatomía, proceso llevado a cabo en las Fundiciones Artísticas del Sur en Antequera.
José Martín Lagares trabajando en el modelado de la imagen.
Siguiendo el modelo iconográfico de Tomás Lorenzone (1868), la Virgen se representa con una larga cabellera ondulada que cae por su espalda. Porta una corona enmarcada por una aureola de doce estrellas y sostiene un cetro en su mano derecha. La vestimenta consta de una túnica ceñida por una banda y una capa que cae desde los hombros, recogida con amplios pliegues bajo el brazo izquierdo para servir de asiento al Niño Jesús. El Niño, por su parte, luce el pelo corto y ondulado, también coronado, y presenta un movimiento de gracia al cruzar el pie izquierdo hacia delante.
El soporte de la imagen es una estructura de mampostería de ladrillo revestida con placas de mármol rosado pulimentado. Con una altura de 435 cm, se organiza en un esquema de dos cuerpos; el cuerpo inferior: Una basa cuadrangular de 150 cm de lado y 40 cm de alto, sobre la que se apoya un elemento de transición de 120 cm de lado. Y el cuerpo superior: De forma troncopiramidal, a modo de obelisco, que se estrecha desde los 115 cm en su base hasta los 90 cm en su parte superior, culminando en el basamento donde se asienta la escultura.
Diseño y cotas del pedestal del triunfo Mª Auxiliadora.
Planta realizada por Martín Lagares a mano alzada, del pedestal del triunfo de María Auxiliadora, 2008.
El pedestal incluye elementos epigráficos en bronce: en el frontal del cuerpo superior se sitúa el rótulo con la advocación “MARIA AUXILIADORA” en letras exentas, y en la base, una placa conmemorativa con una leyenda que recuerda la gratitud de la familia salesiana y de los devotos hacia la ciudad.
Triunfo de María Auxiliadora, Cádiz. Placa conmemorativa.
La importancia de este monumento, inaugurado el 7 de agosto de 2007 por la alcaldesa Teófila Martínez, reside en su impacto en la configuración de la identidad de Extramuros. Cádiz posee una larga tradición de "triunfos" marianos, pero estos (como los de la Inmaculada y el Rosario) se sitúan históricamente en el casco antiguo.
La erección de la estatua de María Auxiliadora actualiza esta tradición monumental y dota a la zona de Puerta de Tierra de un hito escultórico de referencia. La propia alcaldesa señaló en su inauguración que el proyecto era necesario para que la "gran familia salesiana" pudiera mostrar libremente sus creencias en la calle, reconociendo el papel de la institución en la educación de numerosas familias gaditanas.
Triunfo de María Auxiliadora, Cádiz. Vista posterior, fuente IAPH.
A pesar de ser un proyecto de ejecución rápida para el centenario, su desarrollo enfrentó desafíos técnicos y de diseño notables. El documento contractual especificaba que la obra debía ser lo más parecida posible a la imagen de madera policromada del altar mayor del colegio. Esto planteaba dos grandes dificultades: la traslación de escala (de 1,5 metros a 2,5 metros) y el cambio de lenguaje material (de madera pintada a bronce fundido).
Para salvaguardar la calidad artística, se incluyó una cláusula que garantizaba la libertad creativa de Martín Lagares, permitiéndole realizar variaciones estéticas durante la ejecución. Gracias a esto, la obra final superó las dimensiones estipuladas originalmente (que eran de 220 cm) para adaptarse mejor a las proporciones del pedestal y al espacio abierto de la plaza. Asimismo, la ubicación frente a la Avenida de María Auxiliadora permite que el monumento mantenga un diálogo visual permanente con el Colegio Salesiano, cumpliendo así el deseo de sus promotores.
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