Danza flamenca no binaria

El danzaor catalán Jesús Carmona presenta en el Festival de Jerez 'El Salto', una electrizante reflexión sobre la masculinidad, la disolución del género en la danza y nuestros modos de vida actuales

Jesús Carmona en 'El Salto', que ha presentado en el 25 Festival de Jerez.
Jesús Carmona en 'El Salto', que ha presentado en el 25 Festival de Jerez. ESTEBAN

Hay tantas formas de salir de un espectáculo como espectadores asisten a la función. Unas veces, uno se marcha vibrando; otras, cavilando; otras, digiriendo o tratando de digerir; y otras, directamente, intentando olvidar. Esta vez, sale uno de otra manera: como si le hubiera pasado un mercancías por encima o estuviera aturdido por lo visto y oído en hora y media de aluvión. Hay una primera idea que se me viene a la cabeza: creo que Jesús Carmona es una gran noticia para la danza flamenca española.

Antes de que fuese distinguido con el Premio Nacional de Danza a la creación, otorgado el pasado 2020, este menudo danzaor (mitad bailarín/mitad bailaor) de Badalona (1985) ya llevaba años batiéndose el cobre para significar algo en un mundo donde muchas veces el talento está reñido con las oportunidades, y por extensión, los sueños se desvanecen. Había presentado trabajos en el Festival de Jerez muy meritorios y ahora tocaba el turno de la confirmación. El Salto, que sufrió directamente las consecuencias de la pandemia —una potente coproducción que estaba concebida para su estreno en la pasada Bienal y finalmente tuvo que esperar a noviembre pasado por el falso positivo de un miembro de la compañía—, surge de una reflexión sobre las nuevas masculinidades a estas alturas de siglo XXI y acerca del rol de género en la danza.

Una disciplina que siempre ha subrayado una marcada frontera femenina-masculina y que hasta hace no tanto se escandalizaba (especialmente entre el purismo flamenco) por el hecho de que un bailaor se enfundara una bata de cola. En todo caso, este trabajo de Carmona, visto lo visto, anticipa ya una danza no binaria (donde nada tiene por qué ser necesariamente masculino o femenino, algo así como una identificación con un tercer género), donde a veces cuesta distinguir si el golpe de muñeca, el movimiento de cadera o la pirueta más vertiginosa tiene género alguno. Y en realidad, piensa uno luego, qué más da. Y eso es justo lo que parece recalcarnos el hipervitaminado artista catalán que, si algún pero tiene, es precisamente su evidente ansia por querer en todo momento demostrar. Sin apenas descanso entre número y número, hasta librarse de sus cadenas.

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Recta final de 'El Salto', el trabajo que Jesús Carmona ha presentado en el 25 Festival de Jerez.  ESTEBAN

Una efervescencia casi metanfetamínica que muchas veces choca con los tiempos del arte, mucho más preocupados por la búsqueda que por encontrar. Me gustó especialmente el arranque, con el punto de partida del decálogo que dictó Vicente Escudero hace 70 años —"la verdadera tradición del baile flamenco puro y masculino"—. El primer punto, el baile macho, el baile en hombre, Carmona lo borda, sin mixtificaciones, con armonía de cabeza, pies y brazos, en un número expreso con un chorrito de soleá de José Valencia (tan poderoso como acostumbra).

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'El Salto', de Jesús Carmona, en el Teatro Villamarta.   ESTEBAN
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Valencia canta Carmona.   ESTEBAN
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Otro momento del espectáculo.   ESTEBAN

No hay impureza, no hay fisuras en su baile vigoroso y viril. Una forma como otra cualquiera de advertirnos que, bajo los cánones clásicos, es todo un artista de arriba abajo. Pero rápidamente deja sobresalir al bailarín, mordiendo la manzana (casi literal) y rabiosamente contemporáneo, que busca su propia identidad buscando la identidad en su arte. O aparece el bailaor, entre sobriamente clásico o vanguardista (que muchas veces es lo más antiguo que se puede ser).

Y por eso se rebobina el espectáculo, para repasarlo. No solo por el guiño evidente al fútbol, tótem hasta hace poco de lo que se entendía por masculinidad. Una inteligente y divertida pieza en la que oímos a un comentarista deportivo que narra endiabladamente las figuras, pasos y mudanzas que previamente se han reproducido, y vemos a un cuerpo de baile mirando la pantalla en plan hooligan tabernario. Todo sucede como una sacudida de alto voltaje, con la música de Juan Requena tratando de encontrar hueco en la jungla de lo electrónico, bajo el machaque de la percusión, se suceden los movimientos coréuticos trepidantes y casi siempre corales.

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'El Salto'.   ESTEBAN
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Carmona, por alegrías.   ESTEBAN

Aparece un fondo visual de chorreo binario que nos recuerda a Matrix. Como si el bailaor nos retara a elegir cómo encaramos este viaje, como en esos libros de qué aventura eliges. Y luego aparece Carmona, entre ese efecto humo tan vintage, a bailar por alegrías, y cantiñas del Pinini, donde al fin parece que su baile se ralentiza. La voz de Valencia parece un pozo sin fondo y todo lo que extrae sacia.

El estruendo apenas descansa. Chillones los hombres, Huevos de oro de Bigas Luna, ejecutivos agresivos. Gritos homófobos, competencia desleal. Y acaba el danzaor, como mono desnudo, entre la masa informe que se va a negro bombeando como un solo corazón. Y pienso al rato que no tengo claro qué me gusta más de este trabajo; y si lo que no me gusta del mismo es fruto de la propia reflexión que destila con urgencia este Salto de Jesús Carmona. Ahí ha habido algo. Probablemente, un espectáculo que profundiza, no sé si deliberadamente, en el reflejo amargo de una época donde vemos mucho y miramos poco, donde conocemos el precio de todo y el valor de nada, y donde queremos respuestas sin antes siquiera habernos hecho preguntas.

'El salto'

Baile: Jesús Carmona, Ángel Reyes, Rubén Puertas, José Alarcón, Borja Cortés, Joan Fenollar, Daniel Arencibia. Guitarra: Juan Requena. Percusión: Manu Masaedo. Cante: José Valencia. Dirección artística: Jesús Carmona. Coreografía: Jesús Carmona. Dirección escénica: Ferrán Carvajal y Jesús Carmona. Dramaturgia: Ferrán Carvajal. Música original: Juan Requena, Sabio Janiak y Manu Masaedo. Espacio sonoro: Sabio Janiak. Diseño de iluminación: David Pérez. Diseño de vestuario: Rosa García Andújar. Diseño de escenografía: Carmen Martínez y David Pérez. Asesoría de género: Nerea Galán. Producción ejecutiva: Eva Marcelo. Producción: Gachi Pisiani (dirección). Lugar: Teatro Villamarta. Día: 21 de mayo de 2021. Hora: 20.30 horas.

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