Jesús Carmona: "En este país hay una falta brutal de cultura hacia nuestra propia cultura"

El artista catalán, último Premio Nacional de Danza en la modalidad de creación, protagoniza con 'El Salto' la última noche en Villamarta del 25 Festival de Jerez. Un espectáculo que cuestiona la masculinidad y derriba los roles de género en el baile, 70 años después del decálogo de Escudero

Jesús Carmona, tras la entrevista con lavozdelsur.es en la Casa del Vino.
Jesús Carmona, tras la entrevista con lavozdelsur.es en la Casa del Vino. ESTEBAN

Este año se cumplen 70 del decálogo sobre el baile de Vicente Escudero. El primer punto fue 'bailar en hombre', pero en su espectáculo usted habla precisamente de cómo se han difuminado los roles de género en la danza.

Pues como todo, coge vida. De hecho, empezamos con el decálogo, con un recuerdo al decálogo de Escudero, porque precisamente creo que toda investigación debe partir desde el conocimiento de la supuesta base que ese artista consideró plasmar en ese momento y a la que muchísimos artistas se han acogido, y me parece super respetable y admirable. Por eso me parecía importante que estuviese y que iniciásemos todo desde esa partida de lo que es la danza flamenca para un personaje como fue él.

Ya no escandaliza ver a un hombre bailar con bata de cola.

Claro, es que ya me parece algo absurdo. El artista que se siente identificado con un género o que necesite acercarse a un género, me parece fenomenal, porque soy una persona que, ante todo, respeto, y por eso digo que este espectáculo habla de libertad. Si algo he aprendido es a respetar la libertad de todos, incluso la mía. Pero sí que es verdad que en este espectáculo el género no forma parte de nada y forma parte de todo. Es una moneda de dos caras, dentro de nosotros está la energía femenina y la energía masculina, y ya depende de cada uno con cuál se relaciona mejor, o con cuál le han enseñado a enseñarse mejor. En este espectáculo todo eso se rompe y todos somos libres para poder fluctuar en nuestro movimiento de un lugar a otro.

Premio Nacional de Danza, con 35 años, por su "personalidad" y la "profundidad de su trabajo creativo"  

Jesús Carmona (Barcelona, 1985) logró el pasado 2020, en plena pandemia y con 35 años, el Premio Nacional de Danza en la modalidad de creación (dotado con 30.000 euros). El jurado propuso la concesión de este galardón al bailaor y coreógrafo catalán (Impetu's, Amator y, estrenado el año pasado, El salto) "por la profundidad de su trabajo creativo en el que la investigación arranca del respeto a la tradición e innova con destreza reflexiva convirtiendo en material coreográfico un rico repertorio de experiencias". También destacaba el jurado "la constante búsqueda de su esencia creativa", así como "su personalidad y marcado carácter como intérprete". 

Licenciado en Danza Española y Flamenco por el Institut del Teatre y Dansa de Barcleona, Carmona se formó con Bárbara Kasprovich, Rodolfo Castellano, Ion Garnica y Carmen Huguet en Danza Clásica y después recibió enseñanzas de flamenco con Antonio Canales, Eva Yerbabuena, Domingo Ortega, Manuela Carrasco y Ángel Rojas. Ha sido primer bailarín del Ballet Nacional de España y lleva más de una década con compañía propia.

"La concepción de este espectáculo nace del hecho personal que me hizo cuestionarme la relación con la masculinidad en el Siglo XXI, tanto por  parte de los hombres como de las mujeres. En la búsqueda de respuestas he ido comprendiendo de manera cada día más profunda, en qué tipo de sociedad vivimos y qué podemos hacer para mejorarla, dado que algunas actitudes más sencillas o cotidianas son las que necesitan quizás un cambio". Bajo esa reflexión nace El Salto, que estrenó en la pasada Bienal de Sevilla —ya fuera de la programación de septiembre por un falso positivo de covid en la compañía—, y que este viernes 20 de mayo, penúltima jornada del 25 Festival de Jerez, presenta en Villamarta (el principal escenario de la muestra cierra con este trabajo su programación, tras suspender la clausura por prescripción médica de Mercedes Ruiz). El cante de José Valencia y la guitarra de Juan Requena, junto a la percusión de Manu Masaedo, completan un elenco con siete bailarines y bailaores en escena, bajo la dramaturgia de Ferrán Carvajal.

¿Qué es lo primero que piensa uno cuando le nombran Premio Nacional de Danza?

Que se han equivocado (ríe). Además es lo que le dije: no me gastéis bromas con estas cosas… Pues mira, para mí es una responsabilidad que pesa mucho.

¿Cómo recibió esa noticia en un año tan complicado?

Sí que es verdad que vino en un momento muy especial, porque vino en plena pandemia, saliendo de los confinamientos, y yo estaba frito de dinero. Acababa de invertir todo en este espectáculo, que se estrenaba el 20 de marzo del año pasado, y cinco días antes confinaron y todo el volumen de dinero estaba ya invertido ahí. Mi economía personal estaba en un momento muy difícil y estaba entrando en un Mercadona a comprar macarrones cuando me llamaron...

"He hipotecado muchas veces mi vida por el arte; somos un poco masocas"

¿Quién le llama?

Me llama el Ministerio de Cultura en ese momento y fue un subidón, me puse a llorar… ya luego, cuando pones los pies en la tierra, piensas que es una responsabilidad porque soy consciente de lo que significa ser Premio Nacional en un país como éste, en el que la cultura es tan complicada. Siento mucho pundonor y mucho peso sobre mis hombros, pero lo asumo con felicidad y agrado, claro.

Hasta qué punto un bailarín o bailaor se empeña y se hipoteca para cumplir el sueño de una gran producción…

Es que esto no soy yo, somos más de veinte personas, y te hipotecas hasta donde consideras que debes de hipotecarte. Yo he hipotecado muchas veces mi vida por el arte, aunque en esta ocasión sí que es verdad que han habido coproductores —Sadler’s Wells de Londres, Flamenco Festival Londres, Bienal de Sevilla, Teatros del Canal y Quinzena Metropolitana— porque esto era inabarcable e inviable para mí solo. Pero sí que invertí todo lo que tenía en ese momento. Es como abrir un negocio y luego te queda un vídeo para poder venderlo, no tienes persiana para subir y luchar por eso, sino que lo que te queda es un vídeo con tu trabajo. Es muy duro, pero muy bonito a la vez. Creo que somos masocas, un poco (sonríe).

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Otro retrato del artista catalán.   ESTEBAN

¿Le va meterse en charcos?

Efectivamente. Salto de charco en charco. Soy un tío inconformista y me cuestiono todo, que es algo que a veces me gustaría cambiar porque todo lo que pasa a mi alrededor lo cuestiono y al final eso me lleva a lugares que me hacen crecer como persona, entenderme más a mí para entender mejor a los demás, ser más generoso conmigo para ser más generoso con los demás… pero son charcos importantes. Este es un espectáculo ambicioso, con una producción potente… y se me derraman las ideas. Mi productora me decía el otro día que tengo un imaginario demasiado grande… es como estar muchas veces echándome el freno, pero sí, voy a seguir metiéndome en todos los charcos que pueda y mojándome el culo mil veces.

Llega una pandemia y vemos la luz y la libertad que, pese al enclaustramiento y la oscuridad, nos sigue brindando la cultura. En cambio, a medida que salimos de eso, vemos el trato de segunda o tercera categoría que recibe de las administraciones e instituciones públicas.

Para mí ha sido como poner una cuerda en el cuello, entiendo que como para todo el mundo. En un año donde, gracias a Dios, yo tenía un estreno y otros proyectos muy bonitos, ver como todo eso se fue cayendo semana tras semanas fue horroroso. Pero ver que nadie nos protegía fue peor todavía. Una sensación de estar solos en esta profesión, como parte de la sociedad del flamenco y la danza. Fue decir: o empezamos a luchar, o nadie va a venir a ayudarnos porque nadie nos considera. En este país hay una falta de cultura brutal hacia nuestra propia cultura, y las instituciones, o no se dan cuenta, o no se quieren dar cuenta. La población ha consumido más cultura que en toda su vida y ahora no nos lo están devolviendo, y eso es algo que sí debería tener una conciencia social: devolver a los artistas de todos los géneros toda la cultura que hemos regalado, toda la energía que hemos puesto en esta pandemia para ayudar a la gente a que se distrajera de esos malos momentos.

"La población ha consumido más cultura que en toda su vida y ahora no nos lo están devolviendo"

¿La danza también puede ser política?

Ay, no. Para mí no debe ser política, tiene que estar fuera de todo eso.

Pero en este trabajo hay un trasfondo social y político, ¿no?

Social sí, pero no político realmente. Hablo de mi realidad, de lo que vivo y de lo que hay a mi alrededor, de lo que veo en los hombres y en las mujeres, el machismo, el feminismo, el entendimiento sobre qué es cada cosa, sobre los miedos del hombre, el porqué no puedo acariciarte el hombre sin que haya una connotación sexual o de otro tipo, por qué entre hombres hay dificultad de comunicación o para ayudarse… hablo de todo eso, pero nada que ver con la política.

¿A usted le interesa la política actual?

La política no me interesa nada y menos la que se hace ahora. No sé cómo era la de antes porque no soy mayor, pero no me interesan estas peleas y paparruchadas que se sueltan los unos a los otros para enmudecer a la sociedad. Puede ser que alguien desde su perspectiva de la vida vea este trabajo como algo político, pero desde la mía no está en ningún momento concebido o creado para acercarme a ningún lugar político.

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