El buen rollo en el ambiente

Tomasito muerde un limón al interpretar una de sus canciones más emblemáticas, este pasado en el Trompetera. FOTO: JUAN CARLOS TORO.
Tomasito muerde un limón al interpretar una de sus canciones más emblemáticas, este pasado en el Trompetera. FOTO: JUAN CARLOS TORO.

Pasan las doce de la noche en el exterior del Circuito de Jerez, mas concretamente en las explanadas que sirven de aparcamiento a estas instalaciones y que durante este fin de semana han vuelto a convertirse en territorio festivalero con motivo del Primavera Trompetera. El jefe de seguridad del trazado jerezano, Pablo Fernández, echa un penúltimo vistazo para supervisar que todo esté bajo control. "Cero problemas, todo está desarrollándose con normalidad, ni un incidente; la verdad es que este es el sitio ideal, no se molesta a nadie y el personal disfruta a su aire", cuenta. Miky Gutiérrez, el joven jerezano que promueve la cita musical, también se muestra tranquilo por cómo transcurre todo. Sin ocultar la cara de cansancio y de haber acumulado muchas preocupaciones estos días —entre ellas, nuevamente las meteorológicas—, podrá decir que la cuarta edición de su festival ha vuelto a ser un éxito artístico y de público. Más de 30.000 personas congregadas para vivir más de 60 conciertos en directo en apenas 48 horas.

Espectacular vista del escenario principal del Primavera Trompetera, este pasado sábado en Jerez. FOTOS: JUAN CARLOS TORO.

A unos metros de distancia de ellos, Zatu y Acción Sánchez, el dúo de raperos sevillanos que se hace llamar SFDK, no paran de provocar que el público arremolinado ante ellos bote y bote, mientras sus rimas se entremezclan por chorros de humo que salen disparado desde diferentes cañones situados en el escenario Alegría. Antes ha pasado por el escenario Primavera un clásico de la cita, Juanito Makandé, que ha enfervorecido a su público con algunos de sus hits, como por ejemplo Niña voladora. En el backstage, antes de saltar a este mismo escenario, ya se prepara Marco El Canijo de Jerez. Sombrero, camisa abierta, guitarra en ristre, respira hondo y espolea a sus músicos antes de encarar la rampa de lanzamiento. Manual de jaleo se llama su nuevo disco. Poco a poco, ha ido labrándose su carrera en solitario pero, claro está, es sonar algún acorde o verso de Los Delinqüentes y que aquello se venga abajo.

El Canijo de Jerez, nada más reencontrarse con su público. FOTO: JUAN CARLOS TORO.

La noche empieza a dar paso a la madrugada y, aunque el cansancio ya hace mella (o eso siento yo, que probablemente me cuento entre los más puretas de la reunión), los alrededor de 18.000 asistentes (según la organización) que allí se citan no parece que vayan a bajar los brazos ni a enturbiar el ambiente. Hay un tipo que asegura ir disfrazado de césped; otra chica que pinta caras con estrellas y brillos de colores; hay gente vendiendo artesanía; otros liándose un canuto, comiendo patatas fritas con salsa de kebab, revoleados por el suelo, o haciendo botellón antes de acceder al interior del recinto. La Guardia Civil controla los accesos y tiene montado un amplio dispositivo en la primera rotonda si llegas a Jerez por la carretera de Arcos. No hay posibilidad de pasarse de frenada sin permanecer en el recinto. En cuestión de seguridad y organización, el Trompetera, salta a la vista, sobresale. Y no es fácil, a tenor del volumen que mueve cada año.

Entre las 32 actuaciones en directo programadas para la segunda jornada de festival destacan otras dos: Macaco, que entró a última hora en el cartel al caerse The Wailers debido al aplazamiento de marzo pasado, y Tomasito, que una vez más contagia su energía y vuelve a demostrar que es un pedazo de fiera en el escenario. En la Zona de Descanso All B y Lema de Vida abren desde bien temprano la veda trompetera del sábado. Poco después, serán los jerezanos Flecha Valona, jugando en casa con su pop vitalista, quienes contagian de optimismo a los primeros en abandonar las tiendas de campaña, camino al recinto de conciertos. Iseo & Dodosound y Morodo imprimen desde bien entrada la tarde un punto reggae, dancehall y raggamuffin que es recibido con entusiasmo y buen rollo a partes iguales. Justo lo que se respira todo el rato en un festival que rebrota cada primavera con más fuerza.

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