El argentino y la española que fundaron en Ecuador uno de los grupos de teatro más prestigiosos de América Latina
Arístides Vargas y Charo Francés, fundadores del grupo Malayerba, reciben el premio Atahualpa del Cioppo, recuperado por el Festival Iberoamericano de Teatro (FIT) una década después
Han sido tantas las veces que Arístides Vargas (1954) y Charo Francés (1949) han pisado suelo gaditano que las fechas les bailan. La primera vez que estuvieron en el Festival Iberoamericano de Teatro (FIT) fue para presentar uno de los tantos trabajos que han creado desde el grupo Malayerba, reconocido como uno de los colectivos teatrales más prestigiosos de América Latina. Ella dice que fue antes de los 90 pero él insiste en que fue en el 94. “Estamos confundidos”, ríen estos actores y dramaturgos que han vuelto una vez más a Cádiz para no perderse este certamen que cumple su 41 edición y que se celebra hasta el 24 de octubre. En esta ocasión, el viaje es un poco más especial, el festival que conocen bien ha querido reconocer sus trayectorias entregándoles un premio que ha estado inactivo durante más de una década.
El argentino y la española han recibido el premio Atahualpa del Cioppo que el FIT ha rescatado para reconocer a figuras e instituciones fundamentales en el desarrollo de la escena iberoamericana. Un galardón que toma su nombre del director, dramaturgo, pedagogo y teórico teatral uruguayo, considerado una de las figuras patrimoniales del teatro independiente iberoamericano del siglo XX. “Es muy placentero volver a esta ciudad tan hermosa y tan importante para el teatro de Iberoamérica”, expresa Arístides a lavozdelsur.es. Él ha visto cómo se han ido trazando lazos entre ambas orillas. Un vínculo entre países que se asemeja en cierto modo al que estableció con Charo hace más de cuatro décadas.
Esta entrañable pareja se conoció en Ecuador, siendo migrantes que, por circunstancias muy distintas se habían mudado a este país de Sudamérica. “Fui exiliado muy joven en la dictadura argentina”, explica Arístides. “Yo me fui allí porque me enamoré de un ecuatoriano en el quinto curso de la universidad. Después de vivir siete años juntos en Madrid, me dijo que éramos más necesarios en el Ecuador porque estaba muy mal y teníamos que ir a arreglarlo. Y bueno, fracasamos, como consta en actas”, dice Charo, licenciada en Filosofía Pura por la Universidad de Navarra.
Arístides Vargas y Charo Francés.
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José María Reyna
El destino quiso que sus caminos se cruzaran en un grupo de teatro en el que él ya estaba y ella llegó. Aunque no era nueva en las artes escénicas. Ella se había formado en el T.E.I. de Madrid, grupo que dirigía José Carlos Plaza y donde tuvo de maestro a William Layton. “Debuté con Terror y miseria del Tercer Reich, de Bertolt Brecht”, recuerda la actriz, que también pasó por la Universidad de Middlesex en Londres.
Desde entonces, en los 70, Arístides y Charo no se han separado. En 1979 fundaron junto a la actriz argentina Susana Pautasso el grupo teatral que tantas alegrías les ha dado. Malayerba lleva 47 años al pie del cañón. “Nunca muere”, dice Charo para explicar el nombre que tantos carteles ha protagonizado. “Es falso, pero bueno, es esperanzador. Lo pusimos porque los grupos en Ecuador nacían y morían en un muy poco tiempo, y nosotros nos propusimos que el nuestro durara”, comenta la pamplonesa. Y tanto que ha sobrevivido al paso del tiempo.
Arístides y Charo han recibido el premio Atahualpa del Cioppo.
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José María Reyna
La clave no es otra que el amor. “El secreto es levantarse cada día y decir: "Decido estar con este grupo", así como decido estar con mi pareja, y reconocer que en la permanencia nacen los afectos, y eso es fundamental”, comenta Arístides asegurando que lo que les ha mantenido juntos ha sido “la vida afectiva, y no solo la vida artística, sino la vida artística que se manifiesta en afectos”.
"Ha sido una aventura extraordinaria"
Juntos han compartido más de una treintena de obras y toda una vida sobre los escenarios, donde han explorado diferentes formas de hacer teatro. ”Comenzamos siendo un grupo de creación colectiva, luego hicimos teatro de autor", explica el dramaturgo, que comenzó a escribir sin abandonar nunca su faceta interpretativa. Curiosamente, fueron sus textos los que terminaron dando mayor reconocimiento al grupo. "Yo comencé a escribir pero yo siempre fui actor, pero extrañamente como se le comienza a reconocer al grupo es a través de mis textos", señala.
"Un actor que escribe teatro. Así más o menos me defino", añade. Al echar la vista atrás solo tiene palabras de agradecimiento. “Ha sido una aventura extraordinaria el haber estado juntos todos estos años y haber llegado donde llegamos con nuestras propuestas y con nuestra manera de entender el teatro y la vida", afirma.
Del cine y la televisión a los grandes escenarios
La trayectoria de ambos artistas no se limita a sus proyectos conjuntos. Charo ha desarrollado una prolífica carrera que también ha tenido presencia en el cine y la televisión. Entre sus trabajos figura la dirección actoral de las películas La Tigra y Entre Marx y una mujer desnuda, ambas dirigidas por Camilo Luzuriaga, además de su participación en esa misma labor en la producción televisiva En un rincón del alma.
Charo Francés, cofundadora del grupo de teatro Malayerba.
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José María Reyna
En las artes escénicas también ha asumido la dirección de obras como Robinson Crusoe y El señor Puntila y su criado Matti, ampliando así una trayectoria que abarca diferentes lenguajes artísticos.
Por su parte, Arístides Vargas estudió teatro en la Universidad de Cuyo. Su exilio tras el golpe militar de 1975 acabó marcando su obra dramatúrgica.
Su carrera como director lo ha llevado a trabajar con algunas de las compañías más relevantes de Latinoamérica, entre ellas la Compañía Nacional de Teatro de Costa Rica, el grupo Justo Rufino Garay de Nicaragua, el Taller del Sótano de México y la compañía Ire de Puerto Rico.
Arístides Vargas.
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José María Reyna
Los dramaturgos, junto al premio rescatado por el FIT este 2026.
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José María Reyna
A su faceta como director se suma una extensa producción como autor. Su firma está detrás de títulos como Jardín de pulpos, Pluma o la tempestad, La edad de la ciruela, Nuestra Señora de las Nubes, La razón blindada, Donde el viento hace buñuelos y De un suave color blanco, entre otras creaciones que se han convertido en referencias habituales sobre los escenarios de América Latina.
Además, se ha dedicado a la formación de nuevas generaciones de artistas. En 1988 creó el Laboratorio Permanente y, desde su experiencia como creador, ha impartido numerosos talleres a jóvenes en países como México, Nicaragua, Costa Rica, Honduras, Puerto Rico y Estados Unidos.
Un legado para las nuevas generaciones
Después de tantos años dedicados al teatro, Charo tiene muy presente qué le gustaría transmitir a los artistas que vienen detrás. No habla de técnicas escénicas ni de fórmulas. ”La ética, por favor. La ética, que hagan un teatro que tenga que ver con el ser humano, con los demás. Que hagan un teatro con humor, con drama, cualquier estilo y cualquier lenguaje", sostiene.
Para ella, hay temas que deben trascender y seguir en las nuevas propuestas contemporáneas.
"Que se preocupen por la igualdad y por la justa distribución de la riqueza. Ese sería mi legado", concluye la artista.
Han sido tantas las veces que Arístides Vargas (1954) y Charo Francés (1949) han pisado suelo gaditano que las fechas les bailan. La primera vez que estuvieron en el Festival Iberoamericano de Teatro (FIT) fue para presentar uno de los tantos trabajos que han creado desde el grupo Malayerba, reconocido como uno de los colectivos teatrales más prestigiosos de América Latina. Ella dice que fue antes de los 90 pero él insiste en que fue en el 94. “Estamos confundidos”, ríen estos actores y dramaturgos que han vuelto una vez más a Cádiz para no perderse este certamen que cumple su 41 edición y que se celebra hasta el 24 de octubre. En esta ocasión, el viaje es un poco más especial, el festival que conocen bien ha querido reconocer sus trayectorias entregándoles un premio que ha estado inactivo durante más de una década.
El argentino y la española han recibido el premio Atahualpa del Cioppo que el FIT ha rescatado para reconocer a figuras e instituciones fundamentales en el desarrollo de la escena iberoamericana. Un galardón que toma su nombre del director, dramaturgo, pedagogo y teórico teatral uruguayo, considerado una de las figuras patrimoniales del teatro independiente iberoamericano del siglo XX. “Es muy placentero volver a esta ciudad tan hermosa y tan importante para el teatro de Iberoamérica”, expresa Arístides a lavozdelsur.es. Él ha visto cómo se han ido trazando lazos entre ambas orillas. Un vínculo entre países que se asemeja en cierto modo al que estableció con Charo hace más de cuatro décadas.
Esta entrañable pareja se conoció en Ecuador, siendo migrantes que, por circunstancias muy distintas se habían mudado a este país de Sudamérica. “Fui exiliado muy joven en la dictadura argentina”, explica Arístides. “Yo me fui allí porque me enamoré de un ecuatoriano en el quinto curso de la universidad. Después de vivir siete años juntos en Madrid, me dijo que éramos más necesarios en el Ecuador porque estaba muy mal y teníamos que ir a arreglarlo. Y bueno, fracasamos, como consta en actas”, dice Charo, licenciada en Filosofía Pura por la Universidad de Navarra.
Arístides Vargas y Charo Francés.
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José María Reyna
El destino quiso que sus caminos se cruzaran en un grupo de teatro en el que él ya estaba y ella llegó. Aunque no era nueva en las artes escénicas. Ella se había formado en el T.E.I. de Madrid, grupo que dirigía José Carlos Plaza y donde tuvo de maestro a William Layton. “Debuté con Terror y miseria del Tercer Reich, de Bertolt Brecht”, recuerda la actriz, que también pasó por la Universidad de Middlesex en Londres.
Desde entonces, en los 70, Arístides y Charo no se han separado. En 1979 fundaron junto a la actriz argentina Susana Pautasso el grupo teatral que tantas alegrías les ha dado. Malayerba lleva 47 años al pie del cañón. “Nunca muere”, dice Charo para explicar el nombre que tantos carteles ha protagonizado. “Es falso, pero bueno, es esperanzador. Lo pusimos porque los grupos en Ecuador nacían y morían en un muy poco tiempo, y nosotros nos propusimos que el nuestro durara”, comenta la pamplonesa. Y tanto que ha sobrevivido al paso del tiempo.
Arístides y Charo han recibido el premio Atahualpa del Cioppo.
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José María Reyna
La clave no es otra que el amor. “El secreto es levantarse cada día y decir: "Decido estar con este grupo", así como decido estar con mi pareja, y reconocer que en la permanencia nacen los afectos, y eso es fundamental”, comenta Arístides asegurando que lo que les ha mantenido juntos ha sido “la vida afectiva, y no solo la vida artística, sino la vida artística que se manifiesta en afectos”.
"Ha sido una aventura extraordinaria"
Juntos han compartido más de una treintena de obras y toda una vida sobre los escenarios, donde han explorado diferentes formas de hacer teatro. ”Comenzamos siendo un grupo de creación colectiva, luego hicimos teatro de autor", explica el dramaturgo, que comenzó a escribir sin abandonar nunca su faceta interpretativa. Curiosamente, fueron sus textos los que terminaron dando mayor reconocimiento al grupo. "Yo comencé a escribir pero yo siempre fui actor, pero extrañamente como se le comienza a reconocer al grupo es a través de mis textos", señala.
"Un actor que escribe teatro. Así más o menos me defino", añade. Al echar la vista atrás solo tiene palabras de agradecimiento. “Ha sido una aventura extraordinaria el haber estado juntos todos estos años y haber llegado donde llegamos con nuestras propuestas y con nuestra manera de entender el teatro y la vida", afirma.
Del cine y la televisión a los grandes escenarios
La trayectoria de ambos artistas no se limita a sus proyectos conjuntos. Charo ha desarrollado una prolífica carrera que también ha tenido presencia en el cine y la televisión. Entre sus trabajos figura la dirección actoral de las películas La Tigra y Entre Marx y una mujer desnuda, ambas dirigidas por Camilo Luzuriaga, además de su participación en esa misma labor en la producción televisiva En un rincón del alma.
Charo Francés, cofundadora del grupo de teatro Malayerba.
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José María Reyna
En las artes escénicas también ha asumido la dirección de obras como Robinson Crusoe y El señor Puntila y su criado Matti, ampliando así una trayectoria que abarca diferentes lenguajes artísticos.
Por su parte, Arístides Vargas estudió teatro en la Universidad de Cuyo. Su exilio tras el golpe militar de 1975 acabó marcando su obra dramatúrgica.
Su carrera como director lo ha llevado a trabajar con algunas de las compañías más relevantes de Latinoamérica, entre ellas la Compañía Nacional de Teatro de Costa Rica, el grupo Justo Rufino Garay de Nicaragua, el Taller del Sótano de México y la compañía Ire de Puerto Rico.
Arístides Vargas.
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José María Reyna
Los dramaturgos, junto al premio rescatado por el FIT este 2026.
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José María Reyna
A su faceta como director se suma una extensa producción como autor. Su firma está detrás de títulos como Jardín de pulpos, Pluma o la tempestad, La edad de la ciruela, Nuestra Señora de las Nubes, La razón blindada, Donde el viento hace buñuelos y De un suave color blanco, entre otras creaciones que se han convertido en referencias habituales sobre los escenarios de América Latina.
Además, se ha dedicado a la formación de nuevas generaciones de artistas. En 1988 creó el Laboratorio Permanente y, desde su experiencia como creador, ha impartido numerosos talleres a jóvenes en países como México, Nicaragua, Costa Rica, Honduras, Puerto Rico y Estados Unidos.
Un legado para las nuevas generaciones
Después de tantos años dedicados al teatro, Charo tiene muy presente qué le gustaría transmitir a los artistas que vienen detrás. No habla de técnicas escénicas ni de fórmulas. ”La ética, por favor. La ética, que hagan un teatro que tenga que ver con el ser humano, con los demás. Que hagan un teatro con humor, con drama, cualquier estilo y cualquier lenguaje", sostiene.
Para ella, hay temas que deben trascender y seguir en las nuevas propuestas contemporáneas.
"Que se preocupen por la igualdad y por la justa distribución de la riqueza. Ese sería mi legado", concluye la artista.
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