El artista Fernando Toro exhibe y vende en las paredes del legendario Tabanco El Pasaje una serie limitada de reproducciones de sus constantes artísticas: toro, toreo y caballo español. 

“La pintura para mí debe ser como el jazz, improvisación sobre la marcha”. Caballos del futuro, perros toreros, gatos con la cabeza llena de pájaros, animales casi mitológicos, un gorila reflexivo, retratos con aura picassiana, bocetos, retazos… El estudio de Fernando Toro (Jerez, 1959) se llena de criaturas y colores. Nada convencionales, nada estereotipados. Artista polifacético, es sobre todo pintor “desde que me levanto hasta que me acuesto. Decía mi mamá que desde que tenía los dos añitos ya subía las escaleras para buscar a mi padre a su estudio a que me diera cartones, pinceles y colores”. En su vida artística ha habido dos referentes: el toro y el caballo. Pero también muchísimas otras creaciones plásticas que abordan temáticas tan variopintas como el folk y el drama de las migraciones. Basta ver el vídeo que ilustra esta pieza.

Estos días el artista expone en las paredes del tabanco El Pasaje Dibujos a lápiz, una colección de reproducciones de muchos de sus cuadros. Reproducciones de primera mano y de primera calidad dentro de una serie limitada producida en los dos últimos años. En este caso, se centran en sus especialidades: el toro, el toreo y el caballo español. “Son temas a los que siempre estaré ligado, nunca les daré la espalda, pero siempre con buen gusto, respetando mucho el papel”, explica. De su colección de perros torero pone a la venta cuatro dibujos a lápiz, una idea inspirada en Goya, Ressendi y en Ramírez, su padre. “No quiero que sea la representación clásica del torero ni de ningún torero en particular; muestro el semblante del animal en una pose humanizada, con morfología adaptada al ser humano”.

Fernando Toro, con casi 40 años de oficio a sus espaldas y que forma parte actualmente del grupo de artistas jerezanos El Arroyo, se dedica a la pintura como mandan los tiempos: “Como se puede”. “Estamos muy desangelados con la progresiva desaparición de las galerías de arte, que han estado luchando contra la competencia desleal de instituciones públicas o semipúblicas que juegan un papel competitivo a nivel expositivo pero que luego no proyectan al artista al mundo real. Se exponen sus obras y punto, sin espacio para abrir vías de comercialización, y ya sin que se cubran cosas como el transporte de las obras o su seguro. Echamos mucho en falta a las galerías”. Aun así, Toro es taxativo: “Es mi profesión y no la voy a tirar por la gatera”.

Aquí es cuando entran en juego oportunidades como la que ahora le brinda El Pasaje, convertido casi en esas galerías itinerantes de los cafés de la bohemia parisina del XIX pero en versión a la jerezana. “Me agarro a todo lo que signifique exponer y poder vivir de mi trabajo. Los tabancos son ahora un espacio de mucha concentración de personas, de gente de fuera… No es nada nuevo. Los movimientos artísticos más importante de los últimos siglos guardaron mucha relación con los cafés, los bares… Si ahora es lo que toca, porque no hay fomento de ninguna otra cosa, pues hay que acudir a esto porque queremos vivir de esto”. En este punto, agradece a El Pasaje la gran labor que realiza en la ciudad por mostrar al mundo “nuestras señas de identidad”. No solo flamenco y vino, “sino también en relación con las artes plásticas”. Y caballos, “porque no caben en el tabanco”.

La exposición Dibujos a lápiz puede verse en el Tabanco El Pasaje. Más información aquí.

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Ahora en portada
Lo más leído