La novela de Colm Tóibín, 'Brooklyn' (2009), contaba la vida de una chica provinciana en un pueblo irlandés, Enniscorthy, a mediados del siglo pasado y cómo la falta de expectativas laborales y sentimentales la llevan a emigrar a Nueva York.

BROOKLYN (Brooklyn. Reino Unido, 2015). Dirección: John Crowley. Guión: Nick Hornby, Colm Tóibin (basada en la novella Brooklyn de Colm Tóibín)Música: Michael Brook. Fotografía: Yves BélangerProtagonistas: Saoirse Ronan, Domnhall Gleeson, Emory Cohen, Jim Broadbent, Julie Walters.

La novela de Colm Tóibín, Brooklyn (2009), contaba la vida de una chica provinciana en un pueblo irlandés, Enniscorthy, a mediados del siglo pasado y cómo la falta de expectativas laborales y sentimentales y la intervención de otras personas, familiares y amigos, la llevan a emigrar a Nueva York. Tóibín indaga sin dramatismos ni subrayados en la psicología de Eilis Lacey, su dejarse llevar por la deriva de la vida. Su voluntad parece no tener peso en los acontecimientos, atrapada entre sus aspiraciones vitales y la impronta del paisaje natal, sus olores, y los lazos familiares.

La película Brooklyn, dirigida por el también irlandés John Crowley, intenta trasladar fielmente a imágenes esa desapasionada indagación psicológica de manera igualmente desprovista de énfasis, de truculencia.

Las raíces literarias del guión hacen de Brooklyn una película sensible, atenta a los detalles de los diálogos y sobre todo a la exteriorización de los sentimientos nunca enunciados de su protagonista a través de su mirada. En este sentido Crowley y sus guionistas, Nick Hornby (Alta Fidelidad) y el propio Tóibín, cuentan una historia sin narrador, que es inferida por el espectador sin intermediarios.

Los diálogos son simples y siempre refrenados, aunque no cortantes, y no acaban de desvelar del todo la conciencia de Eilis. Se nos cuentan sus dudas, sus ambiciones y también su nostalgia de manera indirecta: por su bostezo durante la misa, su indignación reprimida ante la maldad de las habladurías, su forzada sonrisa ante las clientas, o la fugaz comprensión del deseo que despierta en su jefa en los almacenes.

Saoirse Ronan hace un trabajo muy sensible y contenido como corresponde a la falta de sentimentalismo de su personaje. Resulta muy atractivo leer en sus ojos la evolución desde la pasividad del principio de la historia hasta la progresiva toma de decisiones que va conformando su vida. Está nominada al Oscar a la mejor interpretación femenina con todo merecimiento.

Siendo una película correcta formalmente, a Brooklyn le falta algo de ambición en la puesta en escena. Se echan de menos las calles del Brooklyn de los 50, una mayor plasmación del choque cultural entre diferentes grupos de emigrantes, más allá del plato de spaghetti y la comida de hermandad irlandesa. Resulta más convincente la vida en el pueblo irlandés que la nueva y supuestamente más glamourosa de la gran manzana.

Escenas estáticas como la comida diaria en la pensión de señoritas sí están llenas de vida e implícitamente nos hablan de sus ansias y del matizado optimismo de la juventud. Pero en general el trabajo de dirección no está a la altura del de los guionistas y la intérprete principal.

La falta de subrayados, de retórica, no implica que una película tenga que carecer de intensidad. Por momentos se acerca al tono de la novela rosa de época en su planteamiento de la confusión sentimental de la protagonista. ¿A quién quiere Eilis realmente? ¿Lo quiere realmente o sólo le conviene? Esta disyuntiva también se puede aplicar de las heroínas de Jane Austen por supuesto.   

Por los mismos años en que Eilis se debate entre Enniscorthy y Brooklyn, entre el spaghetti y la patata cocida, el exboxeador Sean Thornton (John Wayne en El hombre tranquilo) decide volver a la aldea irlandesa donde nació, Innisfree, para encontrar su edén perdido y el amor. La historia de Eilis Lacey no es tan sentimental, es más práctica y con seguridad más humana. Eilis sabe que la nostalgia juega malas pasadas y que la vida está hecha de decisiones que tomamos o nos ayudan a tomar sobre la marcha.

Brooklyn es una película sencilla, un romance sin ambiciones de melodrama o de amor arrebatado. Se ve con placer sobre todo por la interpretación de su protagonista y por la inteligencia de los diálogos. Como en las novelas de Jane Austen, su heroína alcanza un compromiso entre la razón y el corazón; no renuncia a su albedrío pero no nada contracorriente.

Sobre el autor:

Francisco Romero

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla. Antes de terminar la carrera, empecé mi trayectoria, primero como becario y luego en plantilla, en Diario de Jerez. Con 25 años participé en la fundación de un periódico, El Independiente de Cádiz, que a pesar de su corta trayectoria obtuvo el Premio Andalucía de Periodismo en 2014 por la gran calidad de su suplemento dominical. Desde 2014 escribo en lavozdelsur.es, un periódico digital andaluz del que formé parte de su fundación, y con el que obtuve en 2019 una mención especial del Premio Cádiz de Periodismo.

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