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La ciudad, que tradicionalmente tuvo dos ferias desde la época de Alfonso X el Sabio, hizo gala de los espectáculos hípicos y del caballo como atracción principal a partir de la configuración en los años 60 de la Semana del Caballo.

Hace más de siete siglos que en Jerez se constituyeron dos ferias: las fiestas de la primavera y la de la vendimia, estas a finales de verano. Así se configuró tras la conquista castellana de Alfonso X el Sabio. Si bien las fiestas de la vendimia ocuparían un lugar más destacado en la ciudad por su potencial agrícola y vitivinícola, la feria del ganado era una oportunidad para los ganaderos y comerciantes del entorno —y de fuera— que bajo condiciones especiales, como la exención de impuestos, acudían a la ciudad para el mercadeo.

Trasladándonos a la historia reciente podemos decir que uno de los últimos emplazamientos de la feria del ganado antes de unificarse con las fiestas lúdicas en su actual emplazamiento fue la feria de ganado de la Dehesa de Caulina. En 1888 se ratificó la unificación entre las fiestas lúdicas de la primavera y la feria de ganado, asentándose definitivamente en su emplazamiento actual a partir de 1903 con la construcción del recinto del Parque González Hontoria, entonces Era Morales durante el mandato del alcalde del mismo nombre. Sin embargo, por aquel entonces las Fiestas de la Primavera no era la Feria del Caballo que conocemos hoy día.

La denominación de la Feria del Caballo, tal y como asegura el historiador Jesús Caballero Ragel, corresponde al mandato del alcalde Miguel Primo de Rivera y Urquijo (1965-1971), quien se sorprendió al llegar a la ciudad —pese a ser descendiente de una familia con origen jerezano que todos conocemos, nació en San Sebastián— al ver que Jerez disfrutaba de dos ferias. Por ello situó como elemento de distinción frente a otras ferias al caballo, que aunque ocupaba un lugar especial en Jerez no era protagonista de esta fiesta, con el interés de potenciar unas fiestas de primavera en su opinión muy humildes —y una Feria de Abril en miniatura, llegó a comentar— en comparación con las de la vendimia.

No obstante y pese a la agrupación de los concursos, espectáculos y desfiles hípicos en torno a la denominación de Feria del Caballo en 1966, la Feria de Jerez ya disfrutaba de un Real singular así como de alumbrado, carruajes, atracciones y fuegos artificiales, entre otros atractivos. Lo que sí conviene recordar es, al fin y al cabo, que si bien habiendo sufrido una gran transformación, Jerez disfruta de una celebración con más de 700 años de historia. Aunque goce de grandes cambios, es una de las pocas ferias que sigue conservando el comercio de ganado y la singularidad de sus espectáculos ecuestres. Sería bueno que en esa línea, hiciéramos lo propio para potenciar y conservar nuestra otra feria, la de la Vendimia, hoy tan denostada.

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