Camaleón Poveda

El artista de Badalona, que acaba de publicar 'Diverso', regresa a Jerez con cuatro noches por delante en las que ofrece una panorámica de sus tres décadas en la música. Un recorrido ecléctico donde muda de piel en cada número y en el que no se guarda nada

Miguel Poveda, anoche, en la primera de las cuatro funciones que ofrece este fin de semana en Jerez.
Miguel Poveda, anoche, en la primera de las cuatro funciones que ofrece este fin de semana en Jerez. MANU GARCÍA

El horizonte, según Galeano, avanza diez pasos cuando tú te acercas dos. Cuando esperas al fondo de la negrura espesa del escenario que emerja Miguel Poveda, divino, rutilante, al encuentro con un pueblo del que es embajador de su tesoro más preciado, él dispara a bocajarro La senda del viento, y hace réquiem por Carmen Amaya en la letra de la copla del jerezano Antonio Gallardo Molina. Cuatro funciones por delante y viene a no dejarse nada desde el minuto uno. Se nota. Ovación.

Cuando esperas otra cosa, Poveda está fanfarroneando con un Hey metido de lleno entre los pasillos laterales del patio de butacas. Mirando a los ojos a su público, a los povedalovers, que no dejan de jalearle, de elogiarle y piropearle a grito pelado. "¡Viva tu mare!", vocifera una espectadora. "Viva mi mare de Puertollano", replica. Transformado en Julio Iglesias con aire salvaje de Bambino, al que rápidamente recurre con Quítame el beso de anoche. O con sudadera de brilli brilli, o con camisa negra con chorreras de soneto jondo. Cuando se abra la veda… se oye la voz en off de Sabina, en aquella intro de la copla a la muerte de otro padre, don Enrique Morente. "Estoy como medio en casa, pero no pierdo la conciencia de donde estoy, en la tierra de más arte del mundo", se presenta, como si hiciera falta. 

A Poveda lo hacen brillar en su inagotable horizonte artístico sus músicos, empezando por el maestro Joan Albert Amargòs al piano, siguiendo con la guitarra de Jesús Guerrero —un fiera a solas por bulerías, en la intro de la malagueña—, la percu —estando como si no estuviera, que es lo mejor que le puede pasar a un percusionista— de Paquito González, el trombón en las idas y vueltas de Alejandro Carballo, y hasta las palmas y coros siempre al quite de Londro, Girlo y Cantarote. A Poveda lo hace brillar su público, que lo lleva en volandas hasta en los silencios más enlorquecidos o cuando muere en el Zambo y renace en Serrat.

Con Padre, un cántico inédito a la defensa de la tierra, a la defensa del planeta o de las mismas raíces donde se hunde esa música de camaleón, ese espíritu canchero y apátrida de cantor del mundo, de artista de allí, de cantaor de aquí. Ranchera a solas con Álex Carballo para paladear Amor eterno, ranchera a fuego lento que popularizaran Rocío Dúrcal y Juan Gabriel. Entre la salsa y la rumbita entona su versión de El gran varón, una canción con fondo trágico compuesta por el panameño Omar Alfanno,  publicada hace algo más de 30 años, casi cuando Poveda marcaba sus inicios en la música, y que llegó a estar prohibida por abordar abiertamente la transexualidad y condenar la homofobia y la transfobia.

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Otro momento del espectáculo de anoche en Villamarta.   MANU GARCÍA

Cuando se abre la veda, Miguel, el niño del barrio de Badalona, el de la radio de su madre, suelta un speech como un monólogo para recordar de dónde viene, para recordarse a sí mismo de dónde viene. Su infancia charnega, su raíz migrante, su niñez de protección oficial y pipas al fresco, más pendiente de las vecinas y los chismes que de jugar a la pelota o "cogerle el culo a las niñas". Y luego el servicio militar, "donde me mandaron los cabrones...", y luego Bigas Luna, y la cultura catalana, y los teatros de medio mundo. Y vuelta al barrio, como cantara el porteño Anibal Troilo. "Alguien dijo alguna vez que yo me fui de mi barrio. ¿Cuándo? ¿Pero cuándo...? Si siempre estoy llegando. Decide volver a lo suyo y poner en el tablao un medley de Los Chichos que arregla aquella música canorra maltratada y la presenta en el futuro, actualizándola como rabiosamente moderna.

Y entonces Miguel agarra el picaporte y abre la puerta grande del cante. Rajado en canal por seguiriyas agujeteras, malagueñas, abandolaos y verdiales. Como en una panorámica jonda, como mostrando un mosaico de su caudal redondo y mineral. En su salsa, recorriendo la geografía caliente de aquella Triana pura del Titi y Pastora. En la soleá por bulerías aliñadas con alioleanda presentando a Miguel Salado, tocaor joven de vieja escuela jerezana que cada vez necesita menos presentación. O rematando el espectáculo, en toda su diversidad —su último disco se llama precisamente Diverso—, con una especie de rapeo a modo de declaración de intenciones, imposible de etiquetar, y haciendo un bis con el villancico del Niño Gloria.

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A compás de la tierra.   MANU GARCÍA

Transmutado varias veces en un show en el que a veces se caricaturiza a sí mismo, o se recrea en el postureo, o en sus juegos de altos y bajos dentro y fuera de micro (cuesta seguir las letras por momentos), el camaleón Poveda no solo muda sus pieles a la velocidad de la luz, también tiene visión de 180 grados para poner su arte al servicio de su público y de lo que venga. Visión para echar un ojo a su alrededor y conectar y reconectar con un público al que termina de imantar con un tema de su último disco, Mi Jerez, te tengo que querer, donde no solo glosa la devoción que le tiene a esta tierra, sino que además homenajea a El Bo y su arte inexplicable. “Mi tronco musical es el flamenco, pero les canto lo que ustedes quieran”. Y eso hizo. Otra vez. Demostrando en una descarga de un par de intensas horas que no solo es un divo de la música española de las últimas décadas, sino que domina como nadie la mimesis, la forma y el fondo de un espectáculo. Y lo más importante: lo que no sabe, lo aprende. Insaciable buscando siempre su propio horizonte.

Sobre el autor:

Paco Sánchez Múgica

Periodista, licenciado en Comunicación por la Universidad de Sevilla, experto en Urbanismo en el Instituto de Práctica Empresarial (IPE). Antes en Grupo Joly (2004-2012), Desde 2014 soy socio fundador y director de lavozdelsur.es. Miembro de número de la Cátedra de Flamencología; hice la dramaturgia del espectáculo 'Soníos negros', de la Cía. María del Mar Moreno; colaboro en Guía Repsol; y he coordinado la comunicación de la Asociación de Festivales Flamencos. Socio de la Asociación de la Prensa de Cádiz (APC) y de la Federación Española de Periodistas (FAPE).

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