Rescatar abejas para salvar al planeta

El apicultor jerezano Álvaro Duarte ha rescatado más de 200 enjambres en la provincia de Cádiz en los últimos cuatro años. "La gente no sabe que este insecto está en peligro de extinción y que es ilegal matarlas", dice sobre una especie que decrece entre un 50-80% en todo el mundo desde 1990

El jerezano Álvaro, apicultor ecológico y rescatador de abejas, con un panal de una de sus colmenas. FOTO: MANU GARCÍA.
El jerezano Álvaro, apicultor ecológico y rescatador de abejas, con un panal de una de sus colmenas. FOTO: MANU GARCÍA.

Escondidas bajo la sombra de una encina, Álvaro Duarte (La Guareña, Jerez, 1988) tiene un asentamiento de abejas con más de diez cajones colmenas, varias de ellos con enjambres rescatados en viviendas. Son las 17:00 horas. Sopla viento de poniente pero el sol pega fuerte en el cogote. En el Puente de la Guareña, una de las barriadas rurales más antiguas de Jerez (Cádiz), junto a un campo de girasoles hay unas rodadas en tierra húmeda. Un camino difícil de transitar que lleva al terreno donde Álvaro cuida de esta especie en peligro de extinción. "Hace poco vino uno a robarme las colmenas y se quedó con el coche ahí", dice el jerezano mientras señala unas recientes huellas de rueda. "¿Me ayudas?, me preguntó. Sí, sí, espérate que vengo con la Guardia Civil, le dije", ríe.

Álvaro, que lleva intentando hacerse un hueco en el mundo de la apicultura ecológica desde hace cuatro años, ya sufrió un robo en 2018 por parte de su socio: quien le dejó con 104 cajones vacíos. "Me quedé con tan solo 32 colmenas", lamenta. No es un negocio fácil, según cuenta. A pesar de que España es el principal productor de miel de la Unión Europea —genera unas 250.000 toneladas cada año— y es el país con mayor número de colmenas censadas, la oferta de miel y la población de las abejas están en declive. "Las cooperativas demandan muchísima miel", indica el joven apicultor jerezano. ¿Por qué? Asegura que esta escasez se debe a la alta competencia en la industria de la miel, ya que los productores "no quieren enseñarte y te ponen trabas para empezar con tus colmenas" y al tráfico de abejas, un "robo fácil" que mueve mucho dinero, según la Guardia Civil.

Una colmena del apicultor jerezano. FOTO: MANU GARCÍA.

Si bien este jerezano comenzó a trabajar las abejas "como un negocio", su finalidad ahora es otra: rescatar abejas para salvar al planeta. "Me he ido creando esta conciencia por el medioambiente poco a poco", confiesa Álvaro. "Hay apicultores que cuando castran los panales sacuden a cuatro o cinco abejas y vámonos que nos vamos; porque claro, a lo que van es a ganar dinero. Pero yo no, hay que cuidarlas. Una abeja a lo largo de su vida da una cucharada de miel y cuidados para su colmena. Para mí, todas cuentan; dejarse una abeja atrás cuando la trasladas de una vivienda a un cajón, es dejarse parte de la colmena", agrega.

Mientras cada año la población humana aumenta, la población de las abejas ha decrecido entre un 50-80% en todo el mundo desde 1990. Según la Royal Geographical Society de Londres, no existe en la Tierra una especie más importante que la abeja; pero pocos son conscientes de lo fundamental que son estos insectos para la vida en la Tierra. El propio Albert Einstein sentenció el fin de la existencia en nuestro planeta con la extinción del único insecto que produce alimento y el que más poliniza: “Si la abeja desapareciera del planeta, al hombre solo le quedarían cuatro años de vida”. La agricultura intensiva, los contaminantes agroquímicos y el cambio climático —todo a consecuencia de la producción del ser humano— son las principales amenazas de esta especie.

Álvaro sacando con cuidado uno de los panales de un cajón. FOTO: MANU GARCÍA.

A día de hoy el trabajo de este gaditano, debido a la situación de este insecto, puede entenderse como una heroicidad: rescatar abejas que crecen en las paredes de bloques o en techos, para proporcionar al enjambre otro lugar más adecuado donde puedan extender su colmena. Sobre todo teniendo en cuenta que el Instituto de Agricultura de Sidney estima que la población de la abeja desaparecerá en un 40% en los próximos 100 años. Álvaro Duarte, que ha trabajado desde los 18 años como carpintero y desde los 21 como cerrajero, empezó a trabajar en la cría de abejas hace tan solo cuatro años."Empecé por mi padre", comparte.

"Él era ganadero y le monté seis colmenas porque le gustaba la apicultura... Le compré los trajes y todo. Pero ni se lo llegó a probar. Cayó malo y falleció en 2015", continúa con la voz entrecortada. Fue entonces cuando decidió probar aquello que tanto anhelaba su padre. "Un amigo mío que trabajó en el Rancho Cortesano fue quien me enseñó todo. Hablando con él, un día me contó que rescataba colmenas, pero que lo tuvo que dejar por un problema en la espalda, así que yo fui su relevo", sonríe. "Fue él quien me enseñó cómo sacar un enjambre y empecé al año siguiente de meterme en el tema de la apicultura", prosigue. Sin duda, una práctica que muchos desconocen, ya que como él mismo señala: "El 90% de la gente no sabe que esta especie está en peligro de extinción y que es ilegal matarlas".

El apicultor jerezano Álvaro Duarte abriendo el maletero de su coche. FOTO: MANU GARCÍA.

Después de intentar vestirse de blanco tras la encina, sin éxito y llevándose varios picotazos, Álvaro decide que es mejor cubrirse un poco más alejados de las colmenas. Una vez bien ataviados, entra con el 4x4 hasta donde tiene el asentamiento. Las abejas se sienten amenazadas y empiezan a golpearse contra los cristales del coche. "No te va a pasar nada con ese traje", intenta tranquilizar el jerezano, al tiempo en que avisa: "Tú preocúpate de que la nariz no se te pegue al traje". "Mira cómo están todas, habéis venido en una fecha muy mala, están todas muy fuertes...", dice a media en que va abriendo cajones. "Son pocas las que nos sobrevuelan, yo he llegado a estar cubierto entero de negro", ríe. Cuando da con una caja de abejas más calmadas, levanta uno de los panales y... "me parece que tenemos aquí a la reina. ¡Bingo, a la primera! ¿Veis que bonita es?".

Todas las colmenas que Álvaro cría en los tres asentamientos que tiene (La Guareña, Revilla y Alcalá de los Gazules) han sido previamente rescatadas por él. Hasta la fecha, dice que ha podido rescatar a más de 200 enjambres. Se trata de una práctica muy demandada y que tan solo realizan varios apicultores más en toda la provincia de Cádiz. Y según este jerezano, en 2018 pudo recibir una llamada de rescate al día. No obstante, ante la falta de recursos —alquiler de andamios, personal humano...—, no es capaz de abarcar tantas solicitudes que le llegan a través de Milanuncios. "Las colmenas que crecen en pisos o en casas tienden a invadir la vivienda, y aumentan su hábitat cada año. Ese es el objetivo de las abejas: crecer; y son capaces de roer hasta el hormigón", explica. Algo así ocurrió en un edificio de San Joaquín, en Jerez, que llevó a albergar hasta tres enjambres.

Álvaro mostrando panales rescatajos en viviendas. FOTO: MANU GARCÍA.

"Recuerdo a un hombre que estaba viendo el fútbol en su casa, en San Fernando, tomándose un cubata. Me contó que le pegó un buche y se dijo, qué dulce está esto. Hasta que vio un goterón de miel en la mesa. El hombre tenía una colmena en el techo, las abejas habían entrado por el respiradero. Los panales habían empapado el techo y tenía una gotera de miel, unas humedades dulces. Me llamó y le rescaté el enjambre", cuenta. Pero ha habido gente que le ha llamado para solicitar sus servicios y, antes de concretar el rescate, le ha preguntado si pasaba algo si exterminaba la colmena contratando a una empresa de plagas. "Si tú las matas, que sepas que voy a ir con la Policía porque estás matando a un animal protegido", advierte.

"Si veo muchas abejas muertas siempre intento que lo analicen, porque si han muerto por veneno, está en juego la vida de mis colmenas. Este enjambre, por ejemplo, fue rescatado hace pocas semanas, con sus panales originales —apunta mientras señala el interior de un cajón—. Así que si estos tienen veneno, cuando la colmena se termine muriendo, envenenarán al resto de mis colmenas", informa Álvaro, quien explica que rescata a las abejas a través de una aspiradora: "La enchufamos por este tubo —señala una entrada saliente y circular de un cajón de madera—, voy aspirando abejas y van cayendo en la caja. Este es el procedimiento más nuevo para acelerar el rescate. Eso si, aspiramos solo a las obreras, la abeja reina hay que meterla con cuidado antes en una jaula y plantarla en el centro de los cuadros. Porque si la abeja reina se muere, perdemos al resto".

Esto no es solo un tema de producción de miel, nos dedicamos a conservar el planeta

Esto es un trabajo particular, es decir, la Junta de Andalucía no cuenta con un servicio de apicultores que se dediquen a esto, pero "deberían de poner alguna ayuda para que la gente contrate a apicultores para rescatarlas, porque es muy costoso, unos 200 euros por el tema de alquiler de andamios, y claro, el veneno vale unos 90 euros". "Cuando desaparezcan es cuando nos vamos a dar cuenta de la importancia de las abejas. Y el día que desaparezcan, no va a haber cómo frenar la extinción humana y del planeta. Esto no es solo un tema de producción de miel, nos dedicamos a conservar el planeta", concluye.

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