Pol Tattoo, o cómo llevarte tatuado el casco griego del Museo Arqueológico de Jerez en el antebrazo

El artista Samuel Martínez inicia un ambicioso proyecto con el que busca "tatuar museos" y poner en relación el mundo del tatuaje con la historia: "Ahora llevo en la piel un trozo de mi ciudad, siempre quise tener algo así"

Samuel Martínez tatuando el casco griego del Museo de Jerez. FOTO: MANU GARCÍA.
Samuel Martínez tatuando el casco griego del Museo de Jerez. FOTO: MANU GARCÍA.

Empezó con el grafiti, continuó con la pintura y ahora se lanza al tatuaje... hasta de piezas arqueológicas. Es la historia de Samuel Martínez (Jerez, 1987), conocido artísticamente por el nombre de Pol (Tattoo). Cuando era un chaval y comenzó con el bachillerato artístico pasaba más tiempo "fuera de la calle pintando grafitis que en clase", relataba a lavozdelsur.es años atrás. Así dejaba por todos los rincones de Jerez la palabra "Swing". Ahora Pol Tattoo tiene estudio propio en su ciudad natal y se anima a iniciar proyectos como el que este sábado ha tenido por primera vez en el Museo Arqueológico de Jerez: hacer de la historia tinta en la piel.

"La idea es tatuar museos, vamos a hacer una ruta y aunque en principio serán lugares cercanos nos gustaría también salir de Andalucía" explica a este medio mientras tatúa a su cobaya de laboratorio para este nuevo proyecto. "Él me lo comentó y me pareció buena idea, ahora llevo en la piel un trozo de Jerez... siempre quise tener algo así", comenta Lolo mientras observa cómo Samuel pinta su antebrazo. "Esta es la primera, he empezado por Jerez porque soy jerezano", dice el tatuador, que reconoce la buena acogida de la iniciativa tanto por parte de la ciudadanía como de la institución municipal.

Detalle del casco griego tatuado por Pol Tattoo. FOTO: MANU GARCÍA.

"Pregunté al museo cuál era la pieza más importante; yo iba a tatuar cualquier cosa del museo pero cuando me dijeron que la más significativa era el casco me animé a hacerlo", comenta. Y no es para menos. El casco griego corintio —adjetivo que no indica su procedencia sino su forma, obedeciendo a una tipología—, es uno de los restos arqueológicos griegos más antiguos del Mediterráneo Occidental. Esta reliquia de 22,5 centímetros de alto fue encontrada casualmente en las orillas del río Guadalete en 1938. Para los responsables del Museo Arqueológico la actividad es una oportunidad para poner en valor y dar a conocer la pieza y la propia institución entre los más jóvenes. No obstante, Lolo, la orgullosa primera víctima de esta original iniciativa, ya sabía de qué se trataba. "Siempre me quise tatuar algo así, todos hemos visto este casco de pequeño, en las excursiones del colegio", dice en referencia al casco.

"La idea es tatuar a una persona que sea del lugar donde es el Museo, si es en Jerez, un jerezano, si es en Cádiz, un gaditano", cuenta por otro lado Samuel, que quiere combinar ambas su arte con esta ciencia social y la divulgación histórica. "La gente tiene un concepto del tatuaje como algo agresivo y no tan artístico, si lo unimos con cosas así, cambiamos y conservamos la imagen de este", añade orgulloso. "Hay un boom del tatuaje, ya a la gente no le da tanto miedo de si le van a decir algo o de si les parece feo como antes", comenta en referencia a la popularidad de este arte.

Samuel limpia constantemente la zona para "despejarla" y observar cómo evoluciona la tinta en la piel. FOTO: MANU GARCÍA.

De hecho, la acogida inicial fue tal que tuvo que seleccionar entre varios candidatos. "Lo propuse por Instagram, se animaron algunos y estudié quien daba el perfil", recuerda Entre los factores, que fuera en un lugar "fácil" como el antebrazo, para poder hacerlo públicamente, sin camas ni problemas añadidos en el proceso. Lo primero que hace Samuel es estudiar la imagen, buscando una de referencia que sea "idónea". "Si la imagen es mala, no tiene buenas luces o no se entienden los contrastes ni los volúmenes, por muy bueno que seas, no puedes tener un buen resultado", explica mientras señala en una pantalla varias capas, sobre las que se apoya con un programa informático para su trabajo.

"Aquí puedo ver las texturas; es cierto que esto es un casco y es más simple, pero todo lo que yo voy dejando es este relieve, la tinta". Otra cosa bien distinta es el "material" sobre el que trabaja. "Depende de la piel de cada uno", responde. "Lolo, por ejemplo, tiene la piel muy dura, parece que trabaja en una mina", bromea entre risas. "Hay gente que tiene la piel muy fina y hasta puedes hacerle una herida, siempre hay que dejar reposar, cada piel y cada zona del cuerpo es un mundo", dice. ¿La clave? La libertad. "Si el que vas a tatuar te da libertad para que tú hagas la imagen como desees, tienes un buen trabajo asegurado", concluye.

Hora y media después de haber comenzado, toca un distendido descanso antes del broche final. Lolo muestra orgulloso a los asistentes la réplica en tinta de la pieza del Museo Arqueológico que se encuentra justo detrás de él. Una de las personas que presencian el evento lanza un recado que elogia el trabajo de Samuel: "Me gusta más cómo se ve el casco en su brazo que en la vitrina", ríe. El tatuador, que sonríe tímidamente, espera ahora nuevos museos para experimentar con su arte. ¿Alguna pista? "Estamos hablando con varios, pero todavía no hay ninguno confirmado". Habrá que esperar.

Sobre el autor:

Sebastián Chilla.

Sebastián Chilla

Jerez, 1992. Graduado en Historia por la Universidad de Sevilla. Máster de Profesorado en la Universidad de Granada. Periodista. Cuento historias y junto letras en lavozdelsur.es desde 2015. 

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