Mientras en los bloques de la humilde barriada de la Estancia Barrera, en el Distrito Sur de Jerez y compuesta mayoritariamente por viviendas públicas de carácter social, resuena a lo lejos el soniquete de los niños de san Ildefonso, Moisés Camacho sube en bolsas de plástico varias garrafas de lejía. Dentro de su piso, María José Pardo, su mujer, frota las paredes negras de hollín con la misma monotonía con la que se oyen cantar los números de la Lotería de la Navidad en este mediodía de sorteo del Gordo. Aún con el susto en el cuerpo, este joven matrimonio ha despertado de una pesadilla prenavideña y al menos, con tan poca fortuna, les queda la salud para contarlo. Todo ocurrió muy rápido a primera hora de la mañana de este pasado sábado.

Al filo de las seis en punto, Moisés, portuense de 27 años, dormía en el sofá tapado con una manta. Su mujer, de 23 años, criada en la barriada, se encontraba junto a su pequeño, Adonais, de cinco años, en el dormitorio del fondo de esta VPO del bloque 4 de Tío Juane. "Vi una luz durmiendo, y pensé que era ella que había encendido, pero cuando abro los ojos veo que la llama ya me estaba cogiendo casi los pies", cuenta Moisés a lavozdelsur.es, apenas 24 horas después de un incendio en el domicilio que pudo acabar en tragedia si no es por su rápida intervención y la ayuda de sus vecinos. "Cuando llegaron los Bomberos ya estaba el fuego apagado; dos vecinos de enfrente y otro chiquillo de allí, con los extintores del bloque, nos ayudaron a apagarlo". Tanto él como dos de los vecinos acabaron en el Hospital por inhalación de humo. Han sido dados de alta.

La pareja limpia como puede los pasillos de su vivienda en la Estancia. FOTO: MANU GARCÍA

De un salto, al percatarse de que un trozo de su manta había prendido la estufa y que el incendio se propagaba muy rápido, Moisés logró sacar a su familia del piso y acudió a llamar a los vecinos de su planta para que hicieran lo propio. Mientras acudían con extintores del bloque para tratar de sofocar las llamas en el salón, el humo ya entró por el corredor de la vivienda. Moisés se dio cuenta entonces de que faltaban sus dos mascotas, y volvió a entrar por los dos perritos. El fuego le quemó un brazo y su oreja izquierda. A la llegada de los Bomberos, que acudieron con tres unidades, el fuego estaba casi extinguido pero los efectivos terminaron de sofocar y de ventilar el piso, ahogado por la humareda, y lograron sacar a los dos animales, escondidos bajo una cama y uno de ellos con la pata quemada.

El dormitorio del pequeño. FOTO: MANU GARCÍA

"El fuego llegó hasta aquí del salón —señala María José a la puerta que da al pasillo—, pero el humo se coló por todas partes, y aquí estamos limpiando poquito a poco", asegura una mujer que no ha pegado ojo en toda la noche: "Si llega a prender el sofá, se achicharra, no le da tiempo ni a avisarme". "Yo he pasado toda la noche trastornado", añade su marido. Con la ayuda de algunos vecinos han conseguido quitar "lo gordo". El ventanal del salón está al aire, las paredes ennegrecidas y picadas, y todos los enseres, o se han volatilizado, o están impregnados humo.

"Lo que necesitamos es que alguien nos pueda ayudar para intentar arreglar esto, lo hemos perdido todo, todo el salón, en el cuarto hay cosas de mi niño pero está todo negro, y lo nuestro lo estoy lavando poquito a poco...", relata María José, que añade: "Ahora mismo estamos sin luz, saltó el automático, lo tiene que mirar mi suegro que es electricista para que cuando se haga de noche podamos seguir haciendo cosas...". Moisés y María José, ambos jóvenes desempleados, no esperaban una Navidad muy halagüeña, pero no podían imaginar que apenas unos días antes de Nochebuena iban a sobrevivir a un grave incendio en su propio piso. "Lo importante es que está el niño bien", dicen, explicando que ahora se encuentra con su abuela paterna, donde han podido pasar la noche, pero "ella tiene el piso lleno de gente y es difícil podernos quedar mucho tiempo".

La pareja durante su encuentro con lavozdelsur.es, tras el incendio. FOTO: MANU GARCÍA

Por eso, siguen fregando y tratando de eliminar en lo posible los destrozos de un incendio que por suerte se quedó en un tremendo susto. Moisés está tratando de sacarse el carné de conducir, pero "no tengo para pagar la autoescuela". Él y su mujer se defiende en las cocinas a duras penas porque "no nos llaman". "Estaba trabajando en la cocina de Puerto III y con eso estábamos viviendo pero ahora nada", dice él. "A mí lo que me sale; a veces me sale para pinche de cocina un par de días o para limpiar una casita, menos mal que mi madre y la suya nos ayudan", añade María José. Su situación ya de por sí era desesperada. Viven en un piso que se llevó seis años vacío y que acabaron ocupando. Ahora ha salido ardiendo y temen perderlo todo.

Hace ya casi siete años que se instalaron. Emuvijesa, la empresa municipal de vivienda, trató de desalojarlos, pero finalmente los tribunales les permitieron seguir instalados porque la sociedad pública tampoco había hecho nada por adjudicar el piso, ni notificarles el desalojo. Eso cuenta María José: "Me he estado meneando y no me han dado solución ninguna, y yo sigo en mi ca... (no termina la palabra casa), sigo aquí. Esta vivienda estaría cerrada si me echasen; por qué no me la adjudican y me ponen un alquiler barato. No me niego a pagarlo, lo pagaremos con lo mucho o poco que nos busquemos y con la ayuda de nuestros padres. Esperemos que nos ayuden...". "Trabajo, salud y por lo menos tener un techo, es lo que pedimos para 2020", remacha Moisés, que sigue con la mirada como pérdida, silencioso, aún como si estuviera dentro de la pesadilla que le despertó este sábado previo a la Navidad.

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