Okupa Casa Cádiz, el "trampolín" para que personas sin hogar encuentren trabajo y vivienda

El activista Lagarder Danciu es uno de los impulsores de la okupación de la antigua casa regional de Cádiz en Barcelona, que acoge a refugiados y sintecho autoorganizados para salir de la exclusión

Chaminda, Lagarder, Casilda y Chantal, miembros de Okupa Casa Cádiz. FOTO: MANU GARCÍA
Chaminda, Lagarder, Casilda y Chantal, miembros de Okupa Casa Cádiz. FOTO: MANU GARCÍA

A la primera persona que se ve al entrar en el edificio rebautizado como Okupa Casa Cádiz, situado a escasos metros de la Sagrada Familia de Barcelona, es a Chantal, una catalana que perdió su casa y su trabajo por culpa de su adicción al alcohol. Ella está en recepción, y se encarga de atender a las personas que acuden a este centro en el que viven casi una treintena de personas sin hogar y refugiados desde que fue okupado en noviembre de 2018. Desde entonces han invertido casi 12.000 euros en rehabilitarlo para pasar de estar lleno de “ratas y polvo” a contar con duchas, servicio de lavandería, biblioteca, centro de día, un espacio de atención de empleo, clases para enseñar castellano y catalán y un ropero comunitario con ropa limpia para quien la necesite.

“Ahora me siento útil”, dice Chantal, que forma parte de la comisión de Finanzas y de Acogida, dos de las divisiones que tiene este espacio autogestionado para su correcto funcionamiento. La catalana estuvo tres meses durmiendo en la calle hasta que encontró plaza en un albergue, del que tuvo que salir al mes. De nuevo, se vio sin un techo, ya que las listas de espera del resto de albergues de la ciudad superaban los tres meses. Entonces le hablaron de Okupa Casa Cádiz, un edificio situado cerca del centro de Barcelona, que era la antigua casa regional de Cádiz, perteneciente al Ayuntamiento gaditano, al que le solicitan la cesión del inmueble.

El edificio llevaba 14 años abandonado hasta que, a finales de 2018, fue okupado por personas sin hogar y refugiados, como Chantal, que lleva desde marzo en Okupa Casa Cádiz, donde se encarga de las cuentas del espacio, que se cuelgan en el tablón de anuncios de la entrada. “Cada mes cambiamos las tareas y reflejamos quien se encarga. Limpiamos después de desayunar y después de cenar, dos personas por día y otras dos en la cocina”, explica. “Todo el mundo se queda maravillado de lo limpia y organizada que está la Casa”, añade. La vida de Chantal, ahora, “es cada vez mejor, porque te sientes responsable y te relaciones con personas que están en tu misma situación, para las que eres un apoyo”, relata.

Lagarder Danciu, impulsor de Okupa Casa Cádiz, durante la entrevista. FOTO: MANU GARCÍA

En el edificio también reside Casilda desde hace tres meses. Ella, procedente de Colombia, de donde huyó por la guerrilla. “Me habían desplazado de mi casa y estaba en Antioquía, pero allí estaba peor. Me vine sola, mi familia ahorró para pagarme el viaje y ahora tengo que trabajar para pagar el préstamo que me hicieron, pero sin papeles no puedo trabajar”, explica. Por eso espera con ansia que llegue marzo de 2020, cuando tiene cita para solicitar refugio en el país. “Si no fuera por Casa Cádiz estaría en la calle”, cuenta. Casilda, mientras tanto, trabaja vendiendo periódicos.

“Hay refugiados de primera y segunda, porque a los que les deniegan el refugio se convierten en inmigrantes sin papeles”, explica Lagarder Danciu, activista y uno de los impulsores de la okupación, quien es muy crítico con los ayuntamientos del cambio de Barcelona y Cádiz. “Ponían la pancarta de Welcome refugees pero a la hora de la verdad les importa un pepino los refugiados”, señala Danciu, un rumano que huyó de su país al sentirse perseguido por ser homosexual.

Danciu es Licenciado en Sociología y Trabajo Social, aunque también tiene tres másteres, en Mediación Social e Intercultural, en Intervención con la comunidad gitana y en Enseñanza y Pedagogía. Danciu explica que Okupa Casa Cádiz quiere servir como “trampolín” para que personas sin hogar y refugiadas se formen, encuentren empleo y tengan acceso a una vivienda. “Este centro visibiliza un problema y pone en evidencia que la gente sin hogar cuando se organiza es eficaz. Además, se demuestra que estos recursos no son tan costosos”, señala, al tiempo que critica “el modelo de asistencialismo y caridad” de muchos ayuntamientos.

Chantal, la recepcionista de Okupa Casa Cádiz. FOTO: MANU GARCÍA

De momento, por Okupa Casa Cádiz han pasado más de 100 personas sin hogar, de las que 37 han encontrado trabajo. Ahora hay unas 300 en lista de espera, aguardando su momento para integrarse en un proyecto que se ha ganado el cariño de los vecinos, que al principio mostraron recelos. “Es fabuloso ver tanta solidaridad por parte de los catalanes”, dice Lagarder Danciu, quien cuenta que se financian gracias a aportaciones de particulares, a las ventas de su libro Sin techo, a campañas de micromecenazgo, a la venta de calendarios, a las donaciones de la editorial anarquista Descontrol o a la venta de productos de los talleres de costura y pintura.

“Es un proyecto pionero”, dice orgulloso, convencido de que se puede extrapolar a otros territorios. “Solo queremos combatir la desigualdad y dar oportunidades a gente que lo necesita”. A la provincia ha venido una representación de Okupa Casa Cádiz, a presentar el libro de Danciu, y a conocer de cerca la realidad de iniciativas "hermanas" como la Red de Apoyo a Inmigrantes de Jerez, que "hace un trabajo espectacular", asegura.

Los miembros de Okupa Casa Cádiz están a la espera de que se resuelva el litigio que mantienen en los juzgados con el Ayuntamiento de Cádiz, copropietario del inmueble —también pertenece a una entidad privada—, que denunció la okupación por la vía penal tras un requerimiento de los Mossos d’Esquadra. El Consistorio sostenía que desatender esta petición podría suponer incurrir en prevaricación.

El Juzgado de Instrucción número 25 de Barcelona ha aceptado a trámite el recurso de forma presentado por el Ayuntamiento gaditano. “Pensé que sería más fácil normalizar la situación, pero nos hemos encontrado con muchas dificultades”, lamenta Danciu, quien asegura que los políticos “cuando entran en las instituciones se olvidan por completo de las necesidades diarias de la gente más vulnerable”.

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