"Cuando una mujer sorda quiere denunciar violencia machista tiene serios problemas para comunicarse"

Ana Quirós preside la asociación Integración de Mujeres Sordas del Sur, impulsora del programa Viosor, que incluye una app que las ayuda a través del 112

Ana Quirós, presidenta de Integración de Mujeres Sordas del Sur.
Ana Quirós, presidenta de Integración de Mujeres Sordas del Sur. GERMÁN MESA

Cuando una mujer acude a denunciar porque sufre violencia de género pasa miedo. Mucho miedo. A ese sentimiento suma los de “frustración” e “impotencia” si, una vez se decide a interponer denuncia, no hay manera de que la Policía la entienda porque padece una sordera profunda. “Cuando estas mujeres van a la Policía solas, porque no tienen familia que las acompañen, tienen serios problemas para comunicar qué les pasa, porque hay muy pocos intérpretes”, cuenta Ana Quirós, presidenta de la asociación Integración de Mujeres Sordas del Sur, nacida en 2015 en San Fernando, que lleva desde entonces luchando para ayudar a estas mujeres.

Al colectivo llegó hace años una usuaria que pasó por una situación de violencia de género. Quiso denunciar y no pudo porque no hubo manera de comunicárselo a los agentes. “No tenía con quién ir y era sorda profunda, no hablaba, por lo que no se podía expresar. Ahí empezamos a pensar qué podíamos hacer para ayudar a estas mujeres”, relata Quirós. Para luchar contra la barrera extra que se encuentran las mujeres sordas que denuncian violencia de género impulsaron un proyecto que ha visto la luz este año.

Con ese objetivo en mente se ha desarrollado a lo largo de medio año el programa Viosor, que incluye formación al colectivo de mujeres sordas, a los grupos profesionales en activo o en periodo de formación que se relacionan con las personas con diversidad funcional, y que concluye con la creación de una aplicación móvil, del mismo nombre, que permite notificar casos de violencia de género directamente al 112 Andalucía.

“Es una herramienta de poder muy fuerte, y más ahora, cuando hay muchas mujeres que viven solas”, dice la presidenta de la asociación. “La mujer sorda tiene mucho miedo a la denuncia, a quedarse sola, y por eso se calla”, agrega. “Viosor es una herramienta que da poder e independencia en una situación de violencia de la que la mujer sorda, en muchos casos, no es consciente”.

Integración de Mujeres Sordas del Sur, con este proyecto, subvencionado por la dirección general de Violencia de Género, Igualdad de Trato y Diversidad de la Junta de Andalucía, y coordinado por la periodista Sonia Arnáiz, quiere seguir “mejorando la calidad de vida de las mujeres sordas”, agrega su presidenta, Ana Quirós. Viosor facilita la comunicación inmediata con el 112 en caso de violencia de género mediante un código visual sencillo que identifica distintas situaciones —violencia física grave, violencia física leve, amenazas y violencia psicológica— e incluye la posibilidad de informar sobre casos de violencia doméstica, la presencia de menores o una situación de emergencia general.

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Ana Quirós, durante la entrevista con lavozdelsur.es. GERMÁN MESA

Viosor no es sólo una app de descarga y uso gratuito. Es también un proyecto que pretende visibilizar la violencia de género en las mujeres con discapacidad auditiva o sordera y dotarlas a ellas mismas y a los colectivos profesionales de conocimientos y estrategias para abordarla con eficacia”, explican desde la asociación en la web de la aplicación móvil, que está previsto que comience a funcionar en otoño de este año.

Integración de Mujeres Sordas del Sur nació en 2015 en la localidad de San Fernando después de que Ana Quirós estuviera unos años como voluntaria en la Asociación Jerezana de Mujeres Sordas (Ajemusor). “Me interesaban las barreras de comunicación que se encuentran las mujeres sordas. Hasta en casa tienes barreras, te encuentras con que llaman al timbre y no te enteras, por lo que hay que adaptarlo, y ahora con la mascarilla imagínate…”, relata la presidenta. “Es una doble barrera y las Administraciones no hacen nada, no hay mascarillas transparentes”, critica.

“Te dicen que vayas acompañada, porque no hay intérpretes. La empatía juega un papel muy importante y la mayoría no tiene mucha. Yo también quiero enterarme de las cosas, también tengo derecho a la información”, agrega Ana Quirós, quien perdió la mayor parte de la audición tras sufrir un accidente de moto cuando apenas tenía 18 años. Por eso quiere que “la lengua de signos se difunda”, para saltar esa barrera en la medida de lo posible. “Ahora los jóvenes estudian más y van a la universidad, pero conozco a mujeres que viven en el campo, que están aisladas y que apenas han ido al colegio”, incide.

El accidente que le cambió la vida

Ana Quirós quería estudiar para ser auxiliar de Enfermería. Hasta llegó a rellenar la solicitud de inscripción, pero su vida cambió en un instante, el día que se cayó de una moto. Estuvo mes y medio en coma y al despertarse no oía nada. “Todo era muy extraño para mí. No entendía nada, me lo tenían que escribir”, recuerda.

“La vida te da un giro de 180 grados”, señala Quirós. "Yo quería estudiar pero hace 40 años no había intérpretes. Podía estudiar por mi cuenta oposiciones, y lo intenté, pero adaptarme fue muy difícil”. Hasta llegó a estudiar por su cuenta, porque quería ser independiente, pero terminó abandonando. “Un logopeda me decía que siguiera en el instituto, pero cuando el profesor se pusiera de espaldas no lo iba a entender…”, lamenta.

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Ana Quirós, sorda tras sufrir un accidente de moto con 18 años. GERMÁN MESA 

Luego llegaron las innumerables sesiones de rehabilitación. "Ahí te das cuenta de que o sigues adelante o te quedas estancada", confiesa. "Sabía que iba a ser duro pero salí adelante", agrega. Ana pasó su adolescencia entre médicos, sesiones de rehabilitación y encerrada en su casa. Estuvo dos años sin salir porque le daba miedo encontrarse a alguien por la calle y no saber comunicarse. "Me daba vergüenza", dice, "porque todavía no conocía la lengua de signos".

Pero, a pesar de todo, "la vida sigue y se puede seguir viviendo", señala Ana Quirós. "Es verdad que con un sentido menos, pero puedes vivir", gracias a la ayuda de asociaciones e incluso de internet, que facilita el acceso a la información, algo que no había en su época. "Ojalá lo hubiese habido en aquel tiempo", dice, y se acuerda de cuándo empezaron a subtitular películas en la televisión. "Qué alegría, que te podías enterar de las películas, eso fue un gran avance". ¿Qué le diría a quién se encuentre en esta situación? "Que la vida sigue, que no hay que aislarse, hay que integrarse. La vida es muy bonita y depara muchas sorpresas".

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