Manuela, la quiosquera que triunfa en 'Tik Tok' desde una playa de El Puerto: “Lo hice por el ‘chufleo’”

A sus 75 años, la portuense, del barrio alto, arrasa con su arte en esta red social donde acumula más de 14.000 seguidores desde el puesto que montó hace 22 años en Vistahermosa

La portuense Manuela en su quiosco situado en la playa de El Buzo, en El Puerto.
La portuense Manuela en su quiosco situado en la playa de El Buzo, en El Puerto. MANU GARCÍA

Hace un calor de justicia en la playa de El Buzo a primera hora de la tarde. “Niña, ¿qué helaito quieres?, venga, toma”. En un quiosco de madera ubicado junto al Club social de Vistahermosa, Manuela Marroquín Otero vende una bolsita de chuches a unos niños. Al final de la rampa que da acceso al litoral, esta quiosquera que rebosa arte por los poros saca una sonrisa a todo el que pasa por su puesto. “El agua fresquita la tengo para todo el mundo”, dice con desparpajo.

La alegría de Manuela es contagiosa. La portuense nacida el 25 de julio de 1946 en el número 55 de la calle Cruces, en el barrio alto, desprende una vitalidad que ya quisieran muchos tener cuando lleguen a su edad. “Fíjate tú que, a mis 75 años yo haga esto”, dice. Coge el móvil con soltura y muestra uno de los vídeos en los que aparece cantando, bailando o enseñando el quiosco.

Su naturalidad y gracia la han convertido en un fenómeno viral de Tik Tok. “Después de 22 años aquí, quién me iba a decir a mí que yo iba a ser tan famosa”, expresa la portuense a la que le ha sorprendido el furor que ha causado en la red social. En apenas 18 días ha logrado cautivar a más de 14.000 seguidores.

Manuela durante la entrevista con lavozdelsur.es.
Manuela durante la entrevista con lavozdelsur.es. MANU GARCÍA

A Manuela le brillan los ojos azules y no para quieta ni un segundo. Es un manojo de nervios. Personalidad que ha tenido desde que era pequeña en unos tiempos muy distintos a los que hoy se viven.  “Mi infancia, lo más perro del mundo, tengo un libro de petete para hartarte”, cuenta mientras no quita ojo a los chiquillos que se acercan.

Su madre, viuda, crio a los nueve hermanos con esmero. “Trabajaba como en aquel entonces, las mujeres en el ladrillo. Se iba todas las mañanas a lavar y no venía hasta por la noche”, recuerda echando la vista atrás. Cuando volvía ponía el potaje de garbanzos y se acostaban cuatro en una cama.

“Siempre he sido una niña muy activa”

Como Manuela era “una niña muy activa” y “no me daba vergüenza de nada”, se las apañaba para no estar parada. “Cogía el jarrito de leche condensada, de estos de los que hacían los del Penal y me iba a los bares a pedir el asiento del café”, dice la vecina que iba de un lado para otro.

Con 15 años empezó a trabajar como interna en una casa y, con 22, entró en un local de la Base de Rota como limpiadora. “Los americanos me pagaban 50 pesetas”. Al cabo de los años acabó sacándole brillo a las instalaciones de la histórica bodega 501 situada en la calle Valdés. Fue su último empleo antes de casarse en 1975. “Mi marido no quería que trabajase, cobré mi paro y tuve dos hijos”, explica.

La portuense rodeada de patatas y golosinas.
La quiosquera rodeada de patatas y golosinas. MANU GARCÍA

Manuela repasa su historia con detalle mientras su sobrina Rocío, que la ayuda con el quiosco escucha atentamente. Tras pasar una década en Córdoba por motivos laborales de su marido, la portuense regresó a su tierra natal y en 1999 no tuvo más remedio que buscarse las papas. Cuando el paro llamó a su puerta, se le ocurrió montar un quiosco frente al mar. Solicitó los permisos y se instaló unos metros más lejos de su ubicación actual. “Luego me puse aquí, a la vera del botiquín, aunque ahora no hay servicio”, lamenta.

Desde su rinconcito, observaba lo que acontecía a su alrededor, los veraneantes pegándose un chapuzón, las familias comiendo bajo la sombrilla y los vendedores ambulantes. “Un día me encontré aquí metidos a cinco negritos, todos acostados, pobrecitos, no habían vendido nada. Como yo me traigo embutidos les puse unos bocadillos”. La portuense tiene anécdotas para dar y regalar, pero en todas refleja que es una persona servicial, siempre dispuesta a ayudar a los demás.

“Ahora toda la gente me dice: -Manuela, te vas a montar en el dólar”

No es de extrañar que Manuela sea querida en la zona después de no faltar ni un verano. Según cuenta a los cuatro vientos, su quiosco es “de categoría” porque tiene chucherías “de todas las clases”. Con sus guantes en las manos, repasa las estanterías que ya se sabe de memoria. “Mira estos, para mí que eran momias y son niños haciendo pipí”, ríe sujetando una gomita. Después, saca una bolsa y suelta unas carcajadas. “Mira una churrita, de todos los colores. Está gordita o está floja”.

La portuense enseña la golosina que presenta una forma divertida.
La portuense enseña la golosina que presenta una forma divertida.  MANU GARCÍA

Imposible aburrirse con esta quiosquera que, como ella dice, “nunca he vendido nada malo, ni tabaco, ni litrona”. Por allí pasa mucha gente de Jerez, “tela marinera”, y hasta de Santander, para comprar las provisiones de cara a un día de sol. Sus clientes, a los que llama “mis niños”, suelen adquirir regalices, refrescos o helados, pero hace unas dos semanas una adolescente le pidió una cosa que jamás había escuchado: un Tik Tok, un “tin ton” o lo que fuera eso.

“La niña con el chufleo me dijo: -Vamos a hacer un Tik Tok, y digo: -Venga, vamos a hacerlo”. Elvira, que así se llama la culpable de que todo el mundo conozca a Manuela, la grabó presentando su quiosco y, de la noche a la mañana, el vídeo fue un boom. Tanta repercusión tuvo que hasta las hermanas Cala, flamencas de la ciudad, quisieron saludarla. “Ahora toda la gente me dice: -Manuela, te vas a montar en el dólar. Pero yo no he visto un duro”, dice con energía.

Manuela bailando con las hermanas Cala.
Manuela con su mascarilla personalizada.
Manuela con su mascarilla personalizada. MANU GARCÍA

La quiosquera está encantada y muestra otros de los vídeos subidos por la joven a la cuenta de la red social. Ella sigue las coreografías y baila cada vez que alguien se lo pide. “Aquí hay mucha gente buena”, comenta recordando el día de su cumpleaños, fecha en la que le llevaron una tarta y una mascarilla con su nombre que solo se quita para hacerse las fotos.

La pandemia no impidió que siguiera en la playa. “El año pasado estuve sola, con el calor, y con dos mamparas”, explica. Y sigue bien equipada con sus botes de desinfectante y su lejía. “No me falta de nada”. Manuela tiene ganas de seguir entreteniendo a sus fans. Dice que Paz Padilla y Los Morancos “van a venir a por mí”. Desde luego, la portuense tiene palique para rato.

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