Los servicios esenciales como gasolineras, abocados a la ruina: sin clientes y sin poder cerrar

El negocio de José Luis es una gasolinera que apenas factura una quinta parte de lo que hacía, pero el Gobierno le obliga a abrir. Asume ya que perderá "20.000 ó 30.000 euros"

José Luis Casaleiro, frente a su gasolinera en Cuatro Caminos. FOTO: MANU GARCÍA
José Luis Casaleiro, frente a su gasolinera en Cuatro Caminos. FOTO: MANU GARCÍA

José Luis Casaleiro tiene un negocio de esos que, uno podría pensar, es rentable porque durante esta pandemia y consiguiente confinamiento puede abrir sus puertas. Nada más lejos. Para este gestor de una gasolinera Repsol, ubicada en el cruce de Cuatro Caminos de Jerez, está siendo una condena. Ahora, está obligado por la administración a mantener el servicio y, además, al ser uno considerado esencial, lo tiene "muy complicado" para plantear un ERTE.

Las razones son claras. Cifra una pérdida de facturación de entre el 70 y 80% en las dos semanas desde el encierro de la población. "No tenemos negocio, la gente no coge apenas el coche". Una de las exenciones permitidas por el decreto-ley es ir a las gasolineras. En la de José Luis se puede llenar el depósito y comprar bombonas de butano y propano, pero ni siquiera esta línea de negocio le permite salir a flote. "A una familia le dura una bombona casi un mes, no viene". Ni siquiera da un alivio la tienda interior. "Es algo nulo, la gente no entra, atendemos a los clientes por la ventanilla nocturna por cuestiones de salud".

Su pelea ya se centra en llamar la atención de las administraciones, que son las que, de varias formas, podrían permitirle sacar adelante su gasolinera. Ahora mismo, tiene tres personas contratadas. No es propietario de la estación de servicio, sino que tiene una "especie de franquicia". Con Repsol no tendría problema. Casi todos los gastos fijos provienen de la energía del establecimiento y de los contratos de los trabajadores.

Señala que ha hablado con otras personas en su misma situación, que también están abocado a pérdidas. "Lo idóneo para todo el gremio es que pongan servicios mínimos". La normativa le obliga a tener abiertas las horas preestablecidas y los mismos días de la semana. Para modificar eso, tiene que tener el permiso de Repsol, pero lo difícil de conseguir sería el permiso de la Delegación del Gobierno, es decir, la voz del Gobierno de la Nación en Andalucía.

Actualmente, de lunes a domingo, apenas entran clientes. Por su ubicación, ni siquiera los transportistas, que son los que mantienen vivas las carreteras españolas. Su negocio siempre han sido turismos de trabajadores, que ya apenas se ven. "El ERTE que he solicitado, ya me han avisado, vendrá posiblemente denegado por ser un servicio de primera necesidad". Otras estaciones de servicio, señala, se van reorganizando con vacaciones al personal, todo ello intentando siempre prestar el servicio encomendado.

La intención, en todo caso, es mantener la totalidad de puestos de trabajo, "pero tenemos que poder respirar estos meses en los que vamos a pasarlo mal todos". La clave está en la idea de ser o no primera necesidad. "Comer sí es primera necesidad, y dar un servicio mínimo en una gasolinera también, pero la gente come todos los días", mientras, en cambio, con los movimientos de ciudadanía restringidos legalmente, y sin casi poder ir ni a trabajar, el combustible no se consume.

"Lo poco que hace la gente es ir a comprar a la farmacia y al supermercado, y va a lo mejor dos veces a la semana, y siempre al de al lado de casa, son cinco kilómetros a lo mejor, porque desde Jerez tampoco vas a ir a comprar al Carrefour de El Puerto, tienes que ir cerca", indica.

Calcula unas pérdidas en dos meses de entre 20 y 30.000 euros. "Vamos a mantener los puestos", reincide, pero no se plantearía más que él junto a su familia, que son también autónomos, los que hicieran todo el trabajo de unos servicios mínimos que por ahora no se vislumbran. El cierre de la gasolinera tampoco lo plantea. Pero sí necesita una solución a corto plazo para no quedarse en la estacada. Es solo una pequeña muestra de que no viene una crisis económica paralela a la pandemia, sino que está ya aquí.

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