Las hermanas Soto: "Hemos sido criadas con la mentalidad de que podemos hacer cualquier cosa"

De izquierda a derecha: Isabel, Luisa, Pepi y Rocío Soto, frente a un autobús urbano de Comujesa. FOTO: MANU GARCÍA.
De izquierda a derecha: Isabel, Luisa, Pepi y Rocío Soto, frente a un autobús urbano de Comujesa. FOTO: MANU GARCÍA.

"Ojalá todos fueran como las Soto", se suele escuchar entre los asientos de los autobuses urbanos de Jerez. Juntarlas a las cuatro en una misma mesa es como ver pasar un cometa. No es porque no se quieran. Todo lo contrario. Se debe a las jornadas maratonianas de 12 horas; a la crianza de sus hijos y la falta de conciliación laboral y familiar; a las clases extraescolares de sus niños; al trabajo que conlleva la casa, preparar la comida; a los estudios; a los desplazamientos hacia el trabajo... Y también, a la lucha por reivindicar sus derechos laborales. Una de ellas llega tarde, pero no falta a la entrevista. Se baja del coche, abre el maletero, saca dos bolsas de basura y las echa al contenedor. Se sacude las manos y se presenta.

lavozdelsur.es ha estado tras las hermanas Soto más de cuatro meses. La espera lo merece, y coincide en que, por suerte, las cuatro y su madre Isabel Morón (Jerez, 1940), han podido reunirse en la tarde del lunes 4 de marzo, cuando arranca la semana del Día de la Mujer, el histórico #8M. ¿Por qué la historia de las hermanas Soto? Porque ver a cuatro mujeres de una misma familia conduciendo un autobús urbano en el Sur de Andalucía es un hito. No lo saben, pero son un emblema de la lucha feminista, de la conquista de espacios puramente masculinos. Ellas lo desconocen y eso también las honra. Por todo ello, y mucho más, merecen un reconocimiento y que su historia se conozca.

"Mi padre me decía: Van a entrar mujeres en los autobuses; sácate el carné. Pero hasta que no entró la primera, María José, hace ya más de 20 años, no había mujeres conduciendo autobuses. Cuando vi que era verdad lo que decía mi padre, fue cuando nos apuntamos todas y nos sacamos las oposiciones", empieza a narrar Luisa Soto Morón (Jerez, 1971), la mayor de las hermanas Soto, la primera de ellas en entrar a formar parte de la plantilla de Comujesa —antes Cojetusa—, sobre el 2000, y la única que a día de hoy está fija desde hace tan solo dos años.

Luisa Soto durante la entrevista. FOTO: MANU GARCÍA.

Luisa pudo beneficiarse del convenio por herencia que entonces existía en la empresa. Pero dice que no lo hizo hasta que cambió el sistema de contratación porque no tenía normalizado que una mujer pudiese conducir un autobús. Que se sentía incapaz de poder llevar un vehículo tan grande. ¿Mi padre se cree que yo voy a poder coger un autobús?, se preguntaba. "Yo no me veía", insiste. "Hasta que no vi que una mujer entró, no me lo creí". Su imaginario cambió cuando una mujer partió los moldes y entró en una empresa que había sido 100% masculina. No obstante, la realidad no ha cambiado mucho desde entonces, ya que en la actualidad en Comujesa tan solo hay diez autobuseras —tres de ellas fijas— frente a los más de 150 chóferes de autobús.

A Luisa le enseñó a conducir un autobús su padre Joaquín Soto (Jerez, 1943), quien entró en el sector en 1975 gracias a su cuñado en los autobuses urbanos de Barcelona. Pero en el caso de sus hermanas Pepi Soto (Barcelona, 1975) e Isabel Soto (Cádiz, 1979), se lanzaron a probar lo que es estar por primera vez al volante de un vehículo de tan grandes dimensiones en temporada alta, durante una Feria del Caballo. Ambas se sacaron las oposiciones tres años más tarde, en 2003. Y confiesan que lo hicieron tras comprobar que su hermana pudo hacerlo, además de por la ilusión que le hacía al pápa.

Sin embargo, ambas hermanas entraron antes a trabajar en una gasolinera. "Nosotras siempre hemos estrado en trabajos de hombres", destaca Isabel. "Yo fui una de las primeras mujeres en entrar a trabajar en una gasolinera, en la Estación de Servicio Montealto, en 1994", comparte Pepi. ¿Cómo accedió al mismo? Dice que su madre jugo un papel importante, ya que fue ella misma quien le consiguió el puesto de trabajo. "Hablé con un muchachito que había allí y le dije que mi Pepi tenía 19 años, que a ver si le conseguía un trabajito", rememora Isabel Morón. "Mi madre, que es muy independiente, súper moderna y de mente abierta, siempre ha querido que no dependamos de ningún hombre. Ella veía que nosotras podíamos servir para todo", enlaza su hija Pepi, con orgullo y ternura. 

Pepi Soto junto a su madre, Isabel Morón. FOTO: MANU GARCÍA.

Su padre Joaquín tampoco se queda atrás. Siempre quiso tener a un varón, pero no hizo distinción ni amilanó las oportunidades de sus hijas por ser hembras. "Hemos sido criadas con la mentalidad de que podemos hacer cualquier cosa, y que no podemos depender de un hombre para nada. Valemos para absolutamente todo. Para pintar, para arreglar cualquier cosa de la casa...", asegura Pepi. "Hasta para levantar posetillas de hierro, montarnos en un camión, quedarte sola de noche en la gasolinera...", enlaza Isabel. "Yo he estado trabajando en gasolinera de un parque empresarial en Chipiona, trabajando hasta las once de la noche. Cerraba la caja y todo el establecimiento yo sola", continúa.

Si bien han podido con todo lo que se han propuesto, en muchas ocasiones se han tenido que enfrentar a compañeros que las creían inferiores, incapaces de ejercer su trabajo, o a clientes que al ver que había una mujer al volante, han preferido esperar a que llegara otro autobús. Rocío Soto (Jerez, 1981), la pequeña de las hermanas, recuerda cuando una vez se presentó a unos puestos vacantes para chófer de autobús en Rota. Aprobó las oposiciones, pero no la llamaron. Cuando fue a reclamar, le hicieron un examen práctico y el compañero que la examinó le preguntó: ¿Quieres que te saque yo el autobús? A lo que ella le contestó: "¿Pero quien se examina, tú o yo?". Dice que todo el viaje fue infierno, el hombre no paraba de prevenirla, por la desconfianza que le provocaba que condujera ella, una mujer. "Todo el rato: ten cuidado, ten cuidado, ten cuidado... ¿Ten cuidado de qué? Nunca me llamaron, ni me dijeron que sí, ni no. Más bien no me dieron una oportunidad".

Rocío Soto escuchando a una de sus hermanas, durante la entrevista concedida a lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA.

"El machismo no se ha ido", denuncia Pepi. "Bueno, pero ya no se ve lo de antes", replica Luisa, a lo que su hermana le devuelve: "Pero es como las cucarachas, siempre queda alguno". Pepi fue despedida hace dos años por "ser mujer", no había otra explicación. La despidieron porque no quisieron hacerla indefinida tras más de 15 años trabajando para la empresa. Según cuentan, Cojetusa estaba llevando a cabo un fraude de ley y cuando el Ayuntamiento municipalizó la empresa, como Comujesa, cambiaron este sistema laboral por: un año de trabajo y seis meses en el paro. Es por ello que a día de hoy Pepi, que se sacó la titulación de técnico en farmacia y en enfermería mientras trabajaba como autobusera, ahora trabaja en el Hospital de Algeciras. "Como no era seguro lo del autobús, decidí estudiar... Y menos mal", incide.

"Hemos perdido muchas oportunidades laborales a cuenta del autobús", critican. Y es que  si alguna vez rechazaban cubrir alguna vacante, "te quitaban de la lista". "El machismo no se vea a simple vista, pero existe en esta empresa. Había una lista siempre de hombres, el examen lo hace un comité de hombres, donde no puede entrar ninguna mujer. Esta empresa está fabricada por hombres", denuncia Pepi, la voz más reivindicativa de las Soto. "No existe la mujer en esta empresa, no está preparada para las mujeres. No ha evolucionado nada. Aquí hay un baño de hombres y duchas para hombres, taquillas para hombres. Si quieres venir aquí y ducharte o cambiarte, no puedes hacerlo. No hay nada adaptado para las mujeres, no tenemos voz ni voto, ni nadie que nos represente", prosigue. Además de enfrentarse a insultos al volante, o al desdén de algunos pasajeros, tampoco reciben un trato igualitario dentro de la empresa. Un ejemplo de ello es su uniforme: ropa de hombre.

El caso de Rocío también es reseñable: "Yo no trabajo en el autobús desde hace ya más de una década porque no me dan la posibilidad de tener un horario flexible". "Recuerdo cómo ella hizo el curso para poder trabajar en el autobús amamantando a sus hijos", cuanto una de sus hermanas. "Los horarios no son factibles, ni de noche. Están pensado para los hombres y no para las mujeres", lamenta. Según cuentan, todavía existen localidades donde la presencia de la mujer en el sector del autobús es inexistente, como es el caso de Rota o Sanlúcar. "Una vez fui a Sanlúcar a trabajar durante la Feria, cerca de 11 horas seguidas trabajando. Y allí no hay ninguna autobusera, así que imagínate todos los sanluqueños tocándome las palmas y yo cogiendo el autobús por calles muy estrechas... No voy más", bromea Isabel, quien dice que le quedan "dos telediarios" en el autobús, porque "ahora me cumple el año y me dejan seis meses parada".

Isabel hablando con su madre durante la entrevista. FOTO: MANU GARCÍA.

En la actualidad, solo Luisa es fija dentro de la empresa. Isabel trabaja de eventual. Pepi hace dos años que no ha vuelto a formar parte de Comujesa y Rocío hace más de diez años que no se pone al volante de un autobús. Pero todo habitual de este transporte en Jerez conoce a las hermanas Soto. Y si bien reciben improperios, cada vez son los menos. "Ahora me dicen todo lo contrario: Ay qué alegría, me alegro de que vaya una mujer al volanteY me felicitan cada vez que se bajan: Un 10, cómo conduce, muchos quisieran conducir como conduces tú". Las cuatro dicen que se lo deben todo a sus padres: "Siempre nos hemos dejado llevar por nuestros padres y siempre nos hemos seguido un poco. Si ellos nos hubieran dicho que fuésemos policías, lo hubiésemos sido", declara Pepi. "Mi padre no se esperaba que entráramos las cuatro, pero siempre nos dio confianza para tirar para adelante", concluyen.

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