La resistencia del comercio tradicional: "Luchamos cada día por mantener la calidad y el nivel"

Desde negocios como La Panacea, que sobreviven multiplicando los envíos a domicilio, hasta Ulloa Óptico, que abre "de milagro, en servicios mínimos", así capean el tsunami social y económico del coronavirus algunas de las 300 familias que tienen sus ingresos en el corazón comercial de Jerez

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El comercio tradicional del centro de Jerez, que venía herido de muerte por el imperio de las grandes superficies, resiste como puede el inesperado chaparrón de la pandemia de coronavirus, una alerta sanitaria de terrible dimensión humana, pero también con devastadores efectos sociales y económicos. Toca reinventarse en medio de la catástrofe y de un centro desierto después de más de tres semanas de estado de alarma. Apenas un puñado de negocios de proximidad, esenciales, resisten con sus puertas abiertas, con menos personal en su mayoría, con horarios continuos o reducidos, y con un volumen de ventas muy enfocado al servicio a domicilio, "en torno al 80% del negocio que tenemos ahora", aseguran la mayoría de comerciantes consultados por lavozdelsur.es.

De las alrededor de 300 familias que viven del comercio tradicional en el centro de Jerez, son muy pocas las que en estos momentos tienen ingresos. El 90% de los establecimientos ha dado cerrojazo forzoso. "Esta situación de crisis actual es un añadido a la que ya venía soportando el pequeño comercio en los últimos meses. Cierre de locales en la zona centro, quiebra de empresas, reducción del flujo peatonal en sus calles, emigración a grandes centros comerciales en la periferia y, por tanto, menos público potencial", lamenta Nela García Jarillo, presidenta de Acoje, la asociación que engloba a estos comerciantes.

Una de las pocas ópticas que resiste abierta en el corazón de la ciudad es la mítica Ulloa Óptico, en plena calle Larga. Susana Romero, que lleva 18 años tras el mostrador, es la única de los seis empleados de este comercio sanitario que abre y cierra cada día, de lunes a sábado, de once de la mañana a una del mediodía. Un horario ultrarreducido y enfocado, sobre todo, a urgencias y servicios mínimos. "Atendemos pedidos telefónicos de peticiones de lentillas, pilas para audífonos, líquidos de mantenimiento, alguna gafa rota que tratamos de reparar... poco más. No podemos tocar ojos, hay que mantener metro y medio distancia, y no tenemos EPI suficientes como para estar graduando la vista", cuenta a este medio. "Las ventas no es que haya bajado, es que estamos abiertos de milagro, solo para servicios mínimos", añade.

Susana Romero atiende el teléfono en Ulloa Óptico, en plena cuarentena. FOTO: MANU GARCÍA

Como ella, aunque en un segmento de negocio comercial totalmente diferente, sigue como buenamente puede atendiendo su establecimiento Francisco García, otro clásico del centro desde la Carnicería Carlos de la Corredera. De los tres empleados habituales, ahora hay dos. La jornada se reparte entre las atenciones por la mañana y un reparto a domicilio por la tarde que "llega a veces hasta las nueve o las diez de la noche".

"El trabajo es muy intenso porque esta infraestructura de servir a domicilio no estaba completa", explica este veterano carnicero del centro de Jerez, quien asegura que "las ventas han bajado a la mitad, no se mantienen". Con el agravante, además, de que la planificación es imposible. "Es una venta loca, de falta de criterio, sin previsión, sin organización, un día no se vende y otro, se vende mucho. La gente suele comprar para dos semanas para no moverse mucho, pero hay descenso de clientes, claro". Por ser positivos, Paco, que ha establecido un pedido mínimo a domicilio de 25 euros, pero que también prepara encargos para recoger, mantiene que "esta experiencia está sirviendo para que la gente vea también el lado humano del comercio de su barrio, que luchamos cada día por mantener la calidad y el nivel". 

Con dos festivos en esta semana de Pasión, Acoje no entiende la maniobra de la Junta de Andalucía de dar vía libre a las aperturas en Jueves y Viernes Santo, algo que daña aún más a los supervivientes del comercio tradicional. "Aquí no nos vale la excusa de que al abrir en festivos se crea empleo, o que el abrir en festivos se facilita a los que trabajan el resto de la semana que puedan realizar sus compras. La primera excusa ya nadie se la cree y la segunda en estado de alarma pierde validez", aseguran desde la asociación que engloba a comercios como La Panacea, dedicada a los productos naturales y ecológicos desde 1987, y que capea por ahora con cierta holgura el tsunami de la Covid-19.

Miguel Monge y uno de los empleados de Licores Corredera, en días pasados. FOTO: MANU GARCÍA

Tras el mostrador, muy cerca del solitario Teatro Villamarta, está Carlos Rodríguez, quien reconoce que el trabajo se ha multiplicado como consecuencia del aumento de los pedidos a domicilio y por el hecho de que clientes habituales ahora aprovechan el envío para pedir productos que antes compraban en grandes superficies. En La Panacea abren cada día en horario continuo, de nueve y treinta a cinco de la tarde, "para no movernos mucho", y mantienen su empleo nueve de diez trabajadores y trabajadoras. "En torno al 75% de los pedidos son a distancia, pero hay clientes que siguen viniendo a tienda". Muy cerca de allí, en una de las ópticas de toda la vida en la ciudad, la situación es bastante más preocupante. Susana Romero confiesa que, "o hay apoyo de los gobiernos, o va a ser muy difícil remontar".

En esta empresa han hecho un ERTE, aunque al ser servicio esencial, no han aceptado que sea por fuerza mayor. ¿Conclusión? Un negocio sin negocio tiene que hacer frente a unos costes inasumibles en la coyuntura actual. "Esto va a generar unos gastos que habrá empresas que no puedan asumir, igual los podólogos, dentistas..., nos han dejado a todos un poco en la estacada por así decirte, van a caer muchas ópticas, estas profesiones lo van a pasar muy mal porque esto es insostenible", augura al otro lado del teléfono.

Francisco García, en su carnicería-charcutería, en una imagen de archivo. FOTO: MANU GARCÍA

Desde Acoje, igualmente, lanzan un SOS para sus asociados proponiendo medidas a las diferentes administraciones públicas que van desde exenciones, compensaciones y bonificaciones en tributos locales como IBI, veladores, recogida de basura... hasta ayudas directas a comercios en situación de extrema necesidad, campañas de concienciación y exención de las cuotas de autónomos. No en vano, la mayoría de estos comerciantes tendrán que seguir pagando su autónomo aunque los ingresos estén en rojo durante el tiempo que dure la alerta sanitaria.

Miguel Monge y Ana Conde son los propietarios de Licores Corredera, otro de los negocios del centro de Jerez a los que el decreto permite estos días abrir sus puertas. Allí, lógicamente, también hay inquietud y, obviamente, el "80-85% del negocio lo hacemos con envíos y pedidos a domicilio". Aun así, "hay un bajón brutal en las ventas. Ten en cuenta que nos alimentamos mucho del turismo y eso estos días se ha perdido, más todo el que iba a venir con las motos o con la Feria, que ya tampoco vendrá", lamenta Carlos, quien no oculta que "vivimos con muchísima incertidumbre, con muchas preguntas en el aire. Por el epígrafe que tenemos podemos seguir abiertos, pero tampoco sabemos cuánto se puede aguantar así".

La hostelería ha caído un 100% y muchos de los distribuidores de bebidas están cerrados. Eso les plantea problemas a corto y medio plazo porque "cada vez hay más cosas que cuesta más trabajo encontrar". Entretanto, siguen abiertos de diez a dos y media de la tarde, de lunes a sábado, y se mantienen los tres que trabajan despachando vinos, cervezas y licores desde hace ya unos años en la céntrica vía comercial de la ciudad. "Aunque no tengamos mucho público, seguimos resistiendo", defiende uno de sus propietarios. No queda otra. Resistir es vencer.

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