"Hemos venido aquí porque nuestros países están realmente devastados"

La mesa organizada en el I.E.S. Seritium con la colaboración de CEAIN y el AMPA de este centro por el Día de la Paz. FOTO: MANU GARCÍA.
La mesa organizada en el I.E.S. Seritium con la colaboración de CEAIN y el AMPA de este centro por el Día de la Paz. FOTO: MANU GARCÍA.

Decenas de alumnos del Instituto de Enseñanza Secundaria Seritium de Jerez observan atentamente a cada uno de los ponentes. Se trata de celebrar el Día de la Paz y la No Violencia de una forma diferente, poniendo la mirada en las personas que han tenido que salir de sus países para buscar otros horizontes. Cuatro historias de vida que hablan de superación, de sufrimiento y también de ilusión, esperanza y oportunidades, las que les ha brindado la ciudad de Jerez.

Una actividad que se enmarca dentro del proyecto Una vida, un viaje que elabora en el mismo centro educativo Lola Sarazá y desde el que participa la activista Geli Sánchez, presidenta de la Flampa y del AMPA de este centro. Una mesa de experiencias que busca acabar con los bulos, rechazar la xenofobia y contribuir con la convivencia y la diversidad, y que está organizada por el AMPA del centro, el Plan de Igualdad, que coordina Juan Carlos González García, y CEAIN, con Yolanda Rosado, que hace una declaración de intenciones sobre la jornada. "Que este encuentro sea un espejo en el que mirar al otro y mirarnos a nosotros mismos, porque si echamos la vista atrás todos somos migrantes".

"Es una falacia que los inmigrantes lo tengan más fácil que el resto"

Habiba lleva 25 años viviendo en el exilio. "Os preguntaréis por qué, no sé si alguno lo sabéis pero el Sáhara es una colonia española ocupada por Marruecos y sigue siéndolo. Seguro que os lo han contado detalladamente en alguna clase de historia", sostiene la joven saharaui que gracias al programa Vacaciones en paz pudo venir a Andalucía con una familia de acogida. "Tengo un doble exilio. No me quedé porque quisiera, sino porque me diagnosticaron un problema de oído, tenían que operarme y mi padre de acogida decidió que me quedara para estudiar aquí".

Un momento del encuentro en el I.E.S. Seritium. FOTO: MANU GARCÍA

A Habiba no solo no le fue mal sino que se quedó en Andalucía hasta día de hoy, que estudia Química en la Universidad de Cádiz y vive en Jerez. Sobre esa circunstancia hace hincapié en la fortuna y que los inmigrantes no lo tienen fácil para establecerse en el país. "Mi padre tuvo la suerte de poder formarse como auxiliar de enfermería en un centro gestionado por españoles en época colonial y tras una estancia en Cuba pudo venir aquí, y ahora los tengo cerca", añade.

En esa línea, se siente afortunada porque cuando vino a Andalucía descubrió que existía otro mundo, que no tenía nada que ver con lo que había visto toda su vida: un desierto y jaimas por todos lados, en el campo de refugiados saharui en Argelia donde ella y su familia se encontraban. "El hecho de tener playa, piscina, comida o el poder salir a la calle a pasear por diferentes sitios me parecía una experiencia pero también echaba de menos aquello". Entre semana, Habiba pasa el tiempo con su familia biológica y los fines de semana hace lo propio con la de acogida, aunque las considera una sola porque se conocen y tienen buena relación.

Tras 16 años viviendo en Andalucía, 6 de ellos en Jerez, se sincera: "Ya no da tanto miedo decir ¿por qué están aquí los inmigrantes? Que se vayan a su país que aquí nosotros tenemos ya lo nuestro. Para abriros los ojos, los inmigrantes si tuvieran posibilidades de estar bien en su país no vendrían aquí para esta mal", explica. "Los inmigrantes no están aquí genial, tienen las mismas posibilidades de conseguir ayudas que el resto de los jerezanos, y de hecho los jerezanos lo tienen más fácil que ellos porque un inmigrante sin papeles no tiene derecho ni al trabajo, ni a la vivienda, ni a ayudas ", comenta. "Es una falacia total y mi idea no es venir aquí para vivir mejor, sino formarme para poder volver a mi tierra, a estudiar y a difundir la causa del pueblo saharaui que aquí con Aspo llevamos haciendo mucho tiempo". Y en ese ámbito reconoce estar agradecida al pueblo andaluz. "Andalucía es una de las comunidades que más ayuda al pueblo saharaui".

"Nadie elige meter su vida en una maleta de 23 kilos"

Neo, casado y con hijos, tiene estudios técnicos superiores y dos carreras universitarias pero recalca que en España es como si hubiera empezado de cero. Su historia, primero de exilio desde Venezuela hacia la isla caribeña de Aruba, está llena de desavenencias que ha tenido que esquivar para poder decir hoy orgulloso que tiene a sus hijas formándose y trabajando. "La vida no es como la pintan, no es una película de Walt Disney, y no todo es bonito", cuenta a los alumnos del instituto. "Una vez yo fui como vosotros, y llegué a ser líder estudiantil, reivindicando que no cerraran escuelas, porque la educación es lo más importante que se tiene".

Neo, de Venezuela, contando su historia. FOTO: MANU GARCÍA.

El venezolano, que declara que "no viene a hablar de política" no puede evitar sentirse expulsado del país. "Soy técnico superior en educación y tratamiento penitenciarios, soy educador de adultos y he trabajado con niños especiales, además soy topógrafo, y fui funcionario policial durante 23 años para un cuerpo del Estado", apunta. "Conozco que hay en mi país y su historia desde abajo, y sé de donde venimos, lo que somos y lo que no vamos a ser más nunca por tomar malas decisiones", se sincera. "Todo por seguir a personas y no a ideales, ideales que beneficien a un colectivo. Es el error que cometimos los venezolanos después de ser la nación más rica de toda Sudamérica", añade, al tiempo que narra cómo entregó sus armas al Estado al ver que su función iba a ser "la represión al ver cómo el pueblo se manifestaba contra el Gobierno por tomar malas decisiones".

Una circunstancia por la que se vio obligado a emigrar a Aruba pensando que la situación de Venezuela cambiaría para "dejar de ser persona non grata". Allí, donde sus hijas no podían ni ir al colegio, se buscó la forma de conseguirlo, llegando a hablar hasta con el propio ministro de Educación. "Me dijo que tenía que aprender holandés y conseguir 2.500 euros. No sé cómo lo hice, pero lo hice a pesar de ser ilegal y habiendo estado dos años trabajando en negro". Todo, reconoce, por sus tres hijas, que hoy residen entre España, dos de ellas, y Chile.

Geli Sánchez, presidenta del AMPA del I.E.S. Seritium y dela Flampa, durante el encuentro. FOTO: MANU GARCÍA.

Y de Aruba a España, donde tuvo la oportunidad llegar para establecerse hace unos años tras superar muchas "circunstancias", de lo que considera que están hechas las vidas de la personas. "Cuando escucho a la gente decir que los inmigrantes vienen a quitarnos nuestro trabajo digo: ¿acaso alguien elige tener que meter su vida en una maleta de 23 kilos que es lo que te dejan llevar en una avión? Es muy injusto, la gente no tiene ni idea de todo lo que pasa un inmigrante", dice indignado "Tú llegas a un país y no tienes la misma cultura. Es una vil mentira que los inmigrantes tienen todo. ¿Qué ocurre? Que hay personas que tienen visión de futuro y otras no. Por eso hay que tener un proyecto de vida".

En ese aspecto, el venezolano recuerda que muchos españoles viajaron cuando España tuvo una dictadura a su país y que los venezolanos los recibieron con los brazos abiertos. "Venezuela es un país que ha abierto las puertas a todo el mundo. Hoy soy yo y mañana pueden ser ustedes. Nosotros hemos venido aquí porque nuestros países están realmente devastados". Es precisamente por eso que cuando escucha hablar de la crisis no puede sino rechazar el concepto. "Esto no es crisis, es lo que nos quieren meter en la cabeza. Yo salgo a la calle y veo a la gente desayunando tranquilamente. En Venezuela el Cartel de los Soles y el narcotráfico controla el ejército, y los grupos militares".

"La formación es la llave de la vida"

Juliette ya pierde la cuenta de cuántos años lleva en España. "Fue en 1991 durante el mandato de Felipe González", recuerda con duda. "Era una de las épocas doradas de España, cuando había trabajo. Y os voy a decir una cosa que a lo mejor os sorprende: parece mentira pero los españoles no querían trabajar y cuando querían trabajar era a dos pasos de la cama", cuenta. "Yo no vine a España para buscar una vida diferente a Camerún, tenía la necesidad de viajar y de aprender, y el saber no ocupa nunca lugar".

Yolanda Rosado, de CEAIN, durante el encuentro. FOTO: MANU GARCÍA.

La camerunesa, que llegó a Barcelona, empezó trabajando en un bufete de abogados pero reconoce haber desempeñado todo tipo de labores. "Yo me fui con un visado, con un cheque de viaje y con poquito más, y cuando he tenido que limpiar culos los he limpiado sin ningún tipo de problemas, sea de niños o de adultos", reconoce. Pero como decía Neo, los títulos que tenía en su país tampoco pudo convalidarlos. De esa forma en sus años de vida laboral compaginaba trabajo con estudios en auxiliar de enfermería. "La formación es la llave de la vida".

Juliette que ya va para tres décadas en España, lleva 17 años en Jerez, ciudad a la que vino por el parentesco de un familiar de su marido, con el que formó una familia en Barcelona. Y de esa forma coincide con os compañeros de la mesa en denunciar la situación que viven los inmigrantes que vienen a buscarse la vida a España. "Nosotros no venimos a quitar el trabajo a nadie ni a vivir de la limosna del gobierno", insiste, haciendo hincapié en que ella nunca le ha pedido nada ni al Gobierno ni a nadie. Pero no solo no ha pedido ayuda si no que la da: la camerunesa es precisamente voluntaria en Cruz Roja y otros colectivos sociales de ayuda humanitaria.

"Si me devuelven a mi país volveré a cruzar el Estrecho en una tabla de surf"

Achraf no puede parar de sonreír. "Hola, buenos días, soy Achraf, soy árabe y vengo de Marruecos", dice con algo de risa nerviosa bajo la atenta mirada de los jóvenes del instituto. "Soy casi de vuestra edad", reconoce. El joven marroquí, que estuvo cinco meses en un centro de menores de La Línea antes de venir a Jerez, lleva dos años en España y está a la espera de conseguir los papeles. Entre sonrisa y sonrisa, y con la sorpresa de algunos de los presentes, cuenta cómo para ir a la escuela tenía que cruzar 10 kilómetros de ida y 10 kilómetros de vuelta fuera verano o invierno.

El salón de actos del I.E.S. Seritium. FOTO: MANU GARCÍA.

"En mi país la vida es muy dura. Si vas a Marruecos ves a gente con coches muy buenos, y es que hay ricos pero luego hay personas que no tienen nada y se mueren de hambre". Su familia formaba parte de esa mayoría que en Marruecos no tiene con qué salir adelante por lo que un día Achraf decidió hacer una auténtica locura. "Cogí una tabla de surf y me lancé al mar. Lo intenté varias veces hasta que lo conseguí", narra mientras algunos alumnos no dan crédito. "No tenía miedo a nada, porque he trabajado en el mar, pero fue duro porque pese a verse en el Estrecho todo estuve peleando con las olas", cuenta. El joven tardó siete horas en llegar a Tarifa la vez que tuvo éxito y no le pilló el Salvamento Marítimo de Marruecos.

En las costas gaditanas Salvamento de Cruz Roja le rescató. Luego pasó en el calabozo literalmente cuatro días, hasta que Voluntarios por Otro Mundo le ayudó. El joven, que es deportista y atleta, no puede competir en las competiciones andaluzas por no tener documentación, algo que pretende arreglar pronto. En el caso de no hacerlo o tener que volver a su país, de hecho, no se lo piensa dos veces. "Volvería a coger otra tabla de surf y cruzaría otra vez, yo no tengo ningún problema", asegura entre risas al tiempo que desmonta otros nuevos tópicos. "Nadie me había dicho allí lo que había aquí. Ni que existía un centro de menores, ni que había gente que ayudaba para esto", confiesa. Y como sus compañeros, recalca la realidad de los migrantes, que no entienden de fronteras cuando ponen todo su capital humano. "En todos lados hay gente mala y gente buena". Una frase que resume la realidad de un mundo que, por esa misma circunstancia, no debería entender de fronteras.

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