Furor por el mundo 'reborn': los bebés hiperrealistas de Cristina que "impresionan" en Jerez

Esta jerezana de 41 años disfruta plasmando todo lujo de detalles en recién nacidos de vinilo sobre los que pinta rojeces, venas y hasta angiomas

La jerezana Cristina Recio es una artista Reborn que crea bebés hiperrealistas que "impresionan".
La jerezana Cristina Recio es una artista Reborn que crea bebés hiperrealistas que "impresionan". MANU GARCÍA

Un bebé dormido, otro riéndose y otro observando con curiosidad a su alrededor. Sus pestañas, labios, las venas del cuerpo, las arrugas, las rojeces, una marca de nacimiento, angiomas y hasta la prueba del talón. No es la descripción de un recién nacido real sino los infinitos detalles de los muñecos hiperrealistas de Cristina Recio, una jerezana de 41 años que convive con más de 20 bebés que ella misma ha creado.

Tranquilidad. Son piezas de artesanía que no lloran ni necesitan pañales. Pero están tan conseguidos que impresionan, incluso por la distribución de su peso. “El objetivo es que sea lo más real posible”, dice la artista que se sumergió en el mundo Reborn por casualidad. Hace cinco años, su hija pidió a los Reyes Magos un bebé de estas características, su deseo fue concedido y, desde que su madre lo vio, se quedó prendada de sus encantos.

Cristina enseña los detalles de los bebés.
Cristina enseña los detalles de los bebés.   MANU GARCÍA

“Mi mente solo iba a descubrir cómo se creaba”, recuerda la jerezana, que comenzó a investigar y acabó realizando muchos cursos especializados para trabajar técnicas de pintura. Desde el salón de su casa, cuenta a lavozdelsur.es sus comienzos en un sector que supuso un boom para muchos incomprensible. “Me llamó la atención desde el minuto uno que lo vi”, dice.

"Cuando pinto me olvido de todo"

Para ella, amante de las manualidades, es una forma de expresarse y de dar rienda suelta a la imaginación. “Cuando me pongo a pintar me olvido de todo”, comenta frente a una estantería repleta de obras de novela negra. Los bebés y los libros son “mis dos vicios”, y aunque lo de pintar muñecos es un hobby, ha participado en una exposición en el Salón de los Espejos junto a otras compañeras que se dedican a ello.

Cristina acaricia el brazo de uno de los bebés con delicadeza. Como si fuera a estallar su llanto si realiza un movimiento brusco. Para ella es “arte” y, cuando adquiere la cabeza y las extremidades, las toma como “un lienzo en blanco donde poder plasmar lo que veo en este bebé, en cada uno veo algo diferente”.

Kit de vinilo que utiliza la jerezana.
Kit de vinilo que utiliza la jerezana.   MANU GARCÍA
Un bebé risueño en la mesa del salón de la artesana.
Un bebé risueño en la mesa del salón de la artesana.    MANU GARCÍA

Ya ha perdido la cuenta de los bebés de vinilo con cuerpos rellenos de tela que ha realizado. En su mente guarda cuánto ha disfrutado en cada creación, que sigue unos pasos concretos -”todo manual”- para que los bebés parezcan de verdad. “Ahora cuando veo un recién nacido lo miro diferente, me pongo a buscarle los detalles para después plasmarlos”, comenta.

En un rincón de la cocina, a Cristina se le pasan las horas volando cuando coge los pinceles de distintos tipos mientras algunas piernas se secan. Pero antes de pintar, es necesario neutralizar la pieza, es decir, añadir “infinidad” de capas para quitar el blanco y darle color a la piel. Según explica, “cada vez que pongo una capa, meto la pieza en el horno de aire para que se selle en el vinilo”.

Para el aspecto de la piel, la jerezana utiliza esponjas que rasga en función de la textura que desee conseguir. A continuación, destaca la sien, las fontanelas, o el mapeado de la cabeza a base de capilares o coronillas. Una vez acabado el trabajo, cuelga las partes para que se sequen antes de introducirlas en el horno.

Cristina durante el proceso de creación de una de las piezas.
Cristina durante el proceso de creación de una de las piezas.   MANU GARCÍA
Detalle de la prueba del talón.
Detalle de la prueba del talón.   MANU GARCÍA

En total, suele emplear una media de 15 días para acabar al bebé. “Requiere de mucha paciencia y muchas horas, pero es una satisfacción cuando lo ves terminado”, añade mientras pinta con precisión una arruga de la rodilla.

"Requiere de mucha paciencia"

Cada recién nacido es único, no hay iguales pese a que los kits sí lo sean. Ella se encarga de plasmar rasgos diferentes, detalles que le dan personalidad. En este mundo existen ediciones limitadas, más exclusivas que tienen su propio certificado, kits con síndrome de Down o realborn, que están basados en bebés reales. “La escultura se modela en barro a partir de una foto de alguien real”, destaca la jerezana, que mantiene en su regazo a Miranda.

Sabe cómo se llama no porque ella la haya bautizado así sino porque cada kit incluye su nombre. La mira con una sonrisa en su rostro. “Es una preciosidad”, expresa sin quitarle ojo, embelesada por una cara tierna que ella misma ha dibujado.

La jerezana sujeta a una muñeca.
La jerezana sujeta a una muñeca con síndrome de Down.   MANU GARCÍA
Bebé hiperrealista dormido.
Bebé hiperrealista dormida.   MANU GARCÍA

“Parece que tienes en brazos a un bebé, con solo cogerlo ya se te despierta un instinto, no te sale levantarlo por un brazo como un juguete más, sino arroparla”, sostiene Cristina. A lo largo de estos años observa que cada vez más personas muestran interés por el Reborn, tanto niños y niñas como adultos. Y aunque esté “bastante extendido” reconoce que hay cierto desconocimiento y “hay gente que no lo entiende”.

Para gustos, los colores. El Reborn es un trabajo artesanal que no solo se queda en lo estético sino que va más allá ya que se ha usado en numerosas ocasiones con fines terapéuticos. “Mi abuela tiene Alzheimer y ella tiene una, le habla, le arropa”, comenta la artista. Además, es ideal para terapias con niños y niñas con autismo y en muchos casos ayudan a padres que han sufrido la pérdida de su hijo.

También hay personas que los guardan como objetos de colección casi de carne y hueso. Un realismo que abruma tanto que, a veces, provoca confusión en la calle. Cristina recuerda aquella vez en la que su hija se llevó a uno de sus bebés a una terraza y, cuando se lo fue a dar. “Una mujer pegó un grito porque pensaba que era de verdad. Se lo tuvimos que dejar para que lo cogiera, se llevó una impresión”, ríe.

Sobre el autor:

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Patricia Merello

Titulada en Doble Grado en Periodismo y Comunicación audiovisual por la Universidad de Sevilla y máster en Periodismo Multimedia por la Universidad Complutense de Madrid. Mis primeras idas y venidas a la redacción comenzaron como becaria en el Diario de Cádiz. En Sevilla, fui redactora de la revista digital de la Fundación Audiovisual de Andalucía y en el blog de la ONGD Tetoca Actuar, mientras que en Madrid aprendí en el departamento de televisión de la Agencia EFE. Al regresar, hice piezas para Onda Cádiz, estuve en la Agencia EFE de Sevilla y elaboré algún que otro informativo en Radio Puerto. He publicado el libro de investigación 'La huella del esperanto en los medios periodísticos', tema que también he plasmado en una revista académica, en un reportaje multimedia y en un blog. 

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