En memoria de Paquita Manzanero: cuatro casos (poco comunes) de cáncer de mama

De izquierda a derecha: Eva Ruiz, Vanesa García, Raquel Aranda y Silvia Menacho. FOTO: MANU GARCÍA.
De izquierda a derecha: Eva Ruiz, Vanesa García, Raquel Aranda y Silvia Menacho. FOTO: MANU GARCÍA.

"El cáncer me ha cambiado la vida. Existe un antes y un después", dice Eva Ruiz (Cádiz, 1967). Palabras que provocan que sus amigas asientan con la cabeza al unísono. "Sí, eres más positiva aunque siempre te pasen cosas negativas", continúa Vanesa García (Cádiz, 1981) entre risas. "Yo ahora me veo al espejo y..., me veo yo", incide Raquel Aranda (Huelva, 1976). "Pero cuando te ves sin pelo, con una mastectomía..., se te caen las pestañas, las cejas, las piel seca, las uñas se te van... Te miras al espejo y te dices: ¿Dónde está mi yo?", añade con voz queda.

Las tres mantienen revisiones periódicas, pero la cuarta de este grupo de amigas, Silvia Menacho, natural de Cuenca y residente en Jerez desde hace décadas, ha sufrido una recaída. "He vuelto a tener cáncer de mama en el mismo pecho que me extirparon. Me la reconstruí y sin embargo... Solo hay un 1% de probabilidades de que suceda eso, frente a un 99%. Y ese ha sido mi caso", murmura. "Siempre está ese miedo...", enlaza otra de ellas desde la terraza de un bar.

Es otoño y el tiempo es cambiante, vulnerable. Hace un par de horas no paraba de llover, pero ahora, entre zumos, cafés y el alboroto de las hijas de Vanesa y Raquel, el cielo ha dado un poco de tregua. En menos de 24 horas un grupo de amigas —que se conocieron en el primer desfile de la Pasarela Rompiendo Barreras celebrado en Jerez en el año 2013—, se han podido reunir en un bar de la barriada de La Granja para contar sus historias, para explicar su "antes" y su "después", para el Día Mundial Contra el Cáncer de Mama (19 de octubre).

Si llego a esperar al Hospital de Jerez, me quitan los dos pechos

Hace cinco años que la enfermedad las unió. Pero cada una padece y se enfrenta al cáncer, a su manera. "Yo me considero una guerrera", indica Vanesa. "¡Ay! Pues yo no, a mí eso de luchar no me gusta, yo creo que cada una tenemos nuestro camino marcado y que son circunstancias para que aprendamos a valorar la vida", replica Silvia. En el cáncer de mama, la recaída no es muy común, pero como ellas mismas expresan, "no todos los cánceres son iguales". "Hay algunos en que es un accidente, como el mío", dice la cuencana. "Yo no cumplía ningún requisito: no he parido nunca, no he tenido accidentes, ni antecedentes… Es por cómo funciona tu organismo y el mío no funciona muy bien", lamenta. "En mi caso, yo tenía antecedentes, pero no lo sabía", destaca Eva.

Eva no puede contar su historia sin su madre. La gaditana no solo vivió la enfermedad junto a ella, sino que la compartieron. "Cuando a mí me ocurrió todo, mi madre ya estaba con un cáncer de mama peor que el mío. Pero se calló la boca, no dijo nada. No sé si fue por amor o por miedo", relata con nostalgia y orgullo. Su madre, Paquita Manzanero, estuvo sufriendo el cáncer de mama en silencio durante cinco años, hasta que al año y medio de contárselo a sus hijos, falleció a los 76 años de edad. Eva, al recordarla, no puede remediar sonreír, con la mirada perdida.

"Ella, que el tumor le había comido ya el pecho, se metía hombreras en el sujetador para que no se le notara, incluso se metía una estampita del Papa Francisco en la teta mala", ríe. "Es que mi madre era mortal. Cantaba en el coro La Perla de Cádiz, bailaba, tocaba las castañuelas... Mi madre era todoterreno". Presumida, pura e inquieta, Paquita acompañaba a su hija a todas las marchas rosas contra el cáncer de mama, a todas las revisiones... Y jamás contó lo que padecía "porque el cáncer no duele", decía ella. "Si ella hubiese hablado quizá hoy estaba también aquí, pero ella, con la mentalidad de entonces, siempre decía: Me voy a ir cuando me tenga que ir", cuenta su hija.

Eva besando a Silvia, después de que esta se emocione al recordar a Paquita Manzanero. FOTO: MANU GARCÍA.

Silvia, al escuchar cómo su amiga habla de su madre, se derrumba. Todas la conocían y la recuerdan con mucho cariño. "Ella era tan fuerte...", apunta Vanesa. Si bien Eva padeció el cáncer por antecedentes familiares, la causa de sus amigas es totalmente distinta. "Mi madre tuvo cáncer de ovarios, y un año y medio antes de detectarme lo mío, falleció por cáncer de ovarios. Pensé que podía ser genético, pero no", cuenta Raquel. "Y yo creí que lo heredé de mi tía, pero no", sigue Vanesa.

Las cuatro son casos poco comunes. Padecieron la enfermedad a temprana edad, ya que los programas de prevención se llevan a cabo en mujeres de más de 50 años de edad. Pero en los casos de Raquel y Vanesa, ambas sufrieron las carencias del SAS: "Si llego a esperar al Hospital de Jerez, me quitan los dos pechos", confiesa Vanesa.

En España el cáncer sigue siendo la principal causa de mortalidad, de acuerdo con los datos del INE, en 2016, un 27,5 % de las muertes se debieron a tumores, siendo el cáncer de mama el tumor con mayor incidencia en mujeres (26.370 casos en 2017), según el último informe de Sociedad Española de Oncología Médica de este año. "En solo dos meses, el tumor, de medir 16 milímetros me creció a 4,7 centímetros. De 22 ganglios, tenía cinco afectados, con metástasis", señala la gaditana que lleva ya nueve operaciones. Las cuatro se han visto obligadas a pasar por quirófano. Todas se han hecho mastectomías, pero tan solo Eva pudo salir de su operación con el tumor extirpado y la reconstrucción de su mama (con el expansor) en el mismo día.

Todas denuncian el colapso de las listas de espera del SAS en oncología. Raquel, que se operó en mayo de 2012, no pudo hacerse la reconstrucción hasta dos años después. “A ti se te hizo eterno, llorabas…”, le dice Eva a su amiga. "Físicamente y, sobre todo, psicológicamente verte sin pecho, es duro. Es verte sana", continúa. Y es que Raquel no culminó la reconstrucción de su mama hasta los dos años siguientes, es decir, hasta 2016.

1 de cada 8 mujeres tiene cáncer de mama, y si a mí me ha tocado dos veces, yo he librado 16 batallas

"¿Tú estás operada?", fue la pregunta por la cual se conocieron estas cuatro mujeres en el backstage del primer desfile de la Pasarela Rompiendo Barreras organizado por Rocío Sánchez, propietaria de Ortopedia Cuatro Caminos, en Jerez. Una vez que vieron que todas estaban en la misma situación, además de en bragas y sujetador, con o sin peluca, con o sin prótesis, se sintieron cómodas y reflejadas en sus compañeras de pasarela. "Recuerdo que la primera vez que desfilamos nos cogíamos de la mano, protegiéndonos entre nosotras, cuidándonos", comparte Silvia.

La sororidad que hay entre ellas es mágica. Y es que como dice Eva: "El cáncer me ha cambiado la vida: mi matrimonio, perdí a mi madre..., muchos cambios en los cuales tienes que aprender a vivir. Ves la vida de otra manera e intentamos vivir el aquí y el ahora". De las cuatro, Silvia es la que está sufriendo más dificultades para afrontar el cáncer debido a la recaída: "1 de cada 8 mujeres tiene cáncer de mama, y si a mí me ha tocado dos veces, yo he librado 16 batallas". Además, ha sido la última de ellas en recibir la incapacidad permanente absoluta. Noticia que acaba de dar a sus amigas. "¿Sí? ¡Por fin!", celebran entre aplausos.

"Me he sentido discriminada por el Tribunal Médico. También tuve cáncer de colon y me tuvieron que extirpar 60 centímetros de tripa, y el Tribunal, al año, me mandó a trabajar, porque según ellos podía seguir trabajando de comercial", denuncia Silvia. "A mí me llegaron a decir que era muy joven, que lo mejor que podía hacer era seguir trabajando y hacer vida normal. Pero luego me dieron la absoluta", añade Vanesa.

Raquel y Vanesa (derex.) durante la entrevista. FOTO: MANU GARCÍA.

Dos de ellas, Raquel y Vanesa, han recibido quimioterapia, Eva y Silvia no. Las dos primeras vieron cómo, a la 15ª sesión se les caían manojos de pelos, mientras las otras fueron tratadas con radioterapia y cirugía. "Yo recuerdo que la primera vez vi a Vane con su peluca, a Raquel con su pelito cortito, y nosotras dos con nuestras melenas", dice Eva. "Yo siempre he sido de pelo largo y mi familia abrió una cuenta común para comprarme una de pelo natural que costó 1.800 euros. Bueno, mi familia es lo más. El día que me rapé había unas 15 personas en mi casa, y algunas quisieron raparse también. Mírate, que te pareces a la Mari de Chambao, que estás monísima, me decían”, narra Vanesa.

Las cuatro tienen historias diferentes. Son de su padre y de su madre, de su abuela, de su tía... Padecen y afrontan el cáncer a su manera. Algunas tienen atención psicológica por parte de la Asociación Española Contra el Cáncer (Aecc), de la seguridad social o ese apoyo familiar. No obstante, cuando se juntan se reparten —y construyen— fuerzas para seguir adelante. Porque una vez que se supera el cáncer de mama no significa que este vaya a desaparecer al 100%. De ahí que como dijo Raquel al principio: "Siempre está ese miedo...". Por ello, cada vez que se despiertan dicen: "Otro día más".

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