El burro Caramelo lleva años protagonizando espectáculos allá donde lo reclaman. Su dueño, el sevillano Carlos Román, ha conseguido que desarrolle ejercicios de la doma clásica propia de los caballos, algo que no es nada común en un equino de su especie. El burro, que tiene ahora más de diez años, llegó a casa de Carlos como un regalo, se lo cedieron a cambio de domar los caballos del anterior propietario de Caramelo. "Me gustó el pelo. Es andaluz porque ha nacido en El Coronil (Sevilla) pero no es puro porque el autóctono es tordo y tiene los huesos y las rodillas más anchas. Este es un burro cunero”, dice Román en Horse Press.

Lo que comenzó como un reto se ha convertido en un verdadero hito. Caramelo recorre ferias y actos exhibiendo su arte bailando. Cuando termina sus actuaciones, las personas mayores "se echan las manos a la cabeza y se comen a besos al burro porque no se pueden creer que un animal tan bruto haga estos ejercicios", relata su dueño en El Mundo, que asegura que el burro "no se vende". En una ocasión ya le ofrecieron vehículo de alta gama, pero Carlos apunta: "Un regalo no se vende ni se cambia. Este burro no se mueve de mi casa".

“Yo sé lo que son los burros, son testarudos, y haber llegado hasta donde ha llegado él… Mira cómo se hace el muerto, eso es un gesto de sumisión, lo máximo que se puede conseguir. En los carteles de las ferias lo dejan para el final para que el público no se vaya. La gente llora cuando lo ve”, dice el jinete de Caramelo en Horse Press. "Los espectáculos en libertad se pagan mejor que los montados pero en Andalucía la temporada es corta, unos cinco meses, y tampoco da para vivir, por eso también doy clases de equitación y estoy estudiando con mi mujer para poder hacer terapias ecuestres. En otros países de Europa podría vivir de esto pero aquí es difícil, por eso puede que tenga que vender a Bombón”, explica Román.

El hijo de Caramelo, Bombón, ya sigue sus pasos. Tiene seis años y ya apunta maneras. Carlos, dice, sueña con tener un espectáculo lleno de burros que obedecen sus órdenes y bailan al son de la música. Cada vez le falta menos para ver cumplido su deseo.

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