Dos emprendedoras crean Vestihio, una marca de moda con hojas de árboles de Jerez

Consuelo y Yolanda diseñan, tintan y estampan sus prendas en un taller de la calle Francos con la sostenibilidad y la botánica como protagonistas: “Todo empieza, se elabora y sale de aquí”

Consuelo y Yolanda en su taller con algunas de las telas con estampación botánica. FOTO: MANU GARCÍA.
Consuelo y Yolanda en su taller con algunas de las telas con estampación botánica. FOTO: MANU GARCÍA.

Pese a llevar sólo dos meses y medio, lo han vendido todo en su primera muestra al público en el reciente mercadillo navideño del Soho Boutique & Spa, antiguo Hotel Los Jándalos. “Llegamos a las ocho de la tarde prácticamente sin nada”, comenta Consuelo García-Pelayo, que abre las puertas de su taller, situado en una de las habitaciones superiores del palacio que alberga el café bar Damajuana. Allí, junto a su vecina, amiga y ahora socia Yolanda Ramírez, recibe a lavozdelsur.es entre pañuelos, cojines y visillos elaborados mediante la original e innovadora técnica de la estampación botánica.

“Tenemos la suerte de trabajar bien juntas”, dice Yolanda, que alaba la capacidad de gestión económica de su compañera. “Yo sería incapaz de llevar los números”, ríe. Por su parte, Consuelo, hace lo propio con ella. “Yo de costura no tengo ni idea, a mí me apasiona el mundo de los colores, de los pigmentos y de las cosas naturales”, comenta. Hace algunos años esta jerezana amante de la naturaleza era propietaria de Saltamontes, una emblemática tienda de material de deporte de montaña. Ahora y tras haber trabajado en un comercio de decoración ha decidido dar rienda suelta a sus pasiones y probar suerte en el mundo de la creación textil.

Yolanda enseña una de las creaciones de Vestihio. FOTO: MANU GARCÍA.

En una de las mesas que utilizan para realizar las labores de patronaje, Consuelo muestra uno de sus libros de referencia, con el que afirma que empezó todo. “Me enamoré de él”, dice sosteniéndolo entre sus manos. La obra, que habla de técnicas sobre tinturas y coloraciones naturales, le dio la base para investigar y realizar las “recetas” con plantas. Tras comenzar haciendo baños de tintura, descubrió la estampación. Mediante procesos de presión y de calor, “flipó” con lo que podía llegar a crear. “El libro se me quedó corto y busqué cursos; poco después monté mi tallercito y como yo no sé coser, se me ocurrió llamar a Yolanda”, explica dirigiéndose hacia ella. Un día se encontraron por la calle y le contó el proyecto. Así nació Vestihio.

“Es que vivimos al lado. Entre su casa, la mía y Damajuana hacemos una especie de triángulo de las Bermudas”, sostiene su amiga entre risas. Yolanda, que está terminando un ciclo superior en la Escuela de Artes de Jerez, es educadora social y durante años también se ha desempeñado en el ámbito de la arquitectura. Un camino profesional polifacético que le ha llevado ahora a diseñar ropa con sus conocimientos de patronaje.

Algunos de los retales de las modistas jerezanas. FOTO: MANU GARCÍA.

Fue a finales de verano cuando ambas empezaron a asistir a cursos para conseguir los conocimientos necesarios en tintes y estampados, con los que se han llevado el otoño innovando y perfeccionando la técnica. “Siempre tejidos orgánicos, que son los que se pueden tintar”, aclara Consuelo, que empezó con el algodón, continuó con la seda y ahora se quiere lanzar hacia la piel. “Ya estamos haciendo una prueba con el cuero”, añade Yolanda mientras enseña una de las piezas que tiene de muestra.

En el salón central de este apartamento convertido en taller, tienen incluso un cuadro de pared en el que exponen, a modo de obra artística, uno de los estampados botánicos. A la izquierda, una sala, donde realizan las medidas, da lugar hacia los baños; en las otras dependencias se sitúan una olla enorme y una lavadora.  Algo más al fondo, se encuentra la azotea, donde tienden sus productos. “Aquí realizamos todos los procesos, desde comprar y lavar la tela, hasta tintar, estampar y la salida del producto final”, explica Consuelo.

En un pequeño cuarto, Yolanda, tiene un ordenador y todos los útiles necesarios para el diseño de las colecciones textiles. Es su vía de escape, su mayor afición, con la que mata el tiempo libre y se evade de todo lo demás. “Todo esto abre un mundo de creatividad”, dice emocionada mientras recuerda a su familia y en especial a su abuela, que también se dedicó a la costura y al patronaje.

El proceso comienza con el lavado de las telas, que realizan con productos para quitar cualquier tipo de pesticida y de residuos a 90 grados. Tras ese proceso, tiene lugar el amordantado, con objeto de preparar la tela para poder tintar. “Lo que hacemos es abrir las fibras para que las tinturas fijen bien”, explica Consuelo. Dependiendo de si las fibras son de origen vegetal, como el algodón, o animal y proteico, como la seda, el desarrollo del amordantado es diferente. “Es un proceso que dura bastantes días y en el que hay que sumergir y secar las telas unas cuatro veces”, añade la modista. Luego, el secado y la puesta en mesa para los cortes o estampados, dependiendo del tejido.

Yolanda en el taller de Vestihio. FOTO: MANU GARCÍA.

En un armario, las artífices de Vestihio guardan las pocas prendas que todavía le quedan tras las ventas del fin de semana. No dan a basto. El proceso de la elaboración de los tejidos, totalmente artesanal y pormenorizado, es muy lento, y cada creación, al ser con un tipo de hojas determinado, es única. “Las hojas de un mismo árbol van a dar resultados diferentes, nunca van a ser iguales”, dice Consuelo, que recuerda cómo la hoja de un níspero dieron una vez un color amarillo y otra vez anaranjado. “Tenemos todas las instalaciones, todo empieza, se elabora y sale de aquí. Eso es muy importante”, recuerda su socia, que además hace hincapié en la búsqueda de materias primas locales y nacionales.

“Queremos ir más allá, no queremos decir esto funciona y nos quedamos aquí; queremos hacer un estudio de tejidos, hacer pruebas con los tintes y hacer una colección de camisas de hombre”, añade Yolanda, que ve un porvenir exitoso por las buenas sensaciones recibidas en estas últimas semanas. Su compañera, algo más cautelosa, también sonríe ilusionada. “Estamos recibiendo mucho apoyo y ya estamos pensando en trabajar en una colección primavera-verano”, explica. “¿Ves estas hojas de aquí?”, dice enseñando uno de los pañuelos que tiene reservados. “Es del árbol que talaron en la Porvera, está vivo”, espeta. Es uno de tantos que deja huellas en sus creaciones. Vestihio o hacer que el alma de los árboles de las calles de Jerez quepa en un pañuelo.

Las creaciones de Vestihio pueden encontrarse en el taller sito en el café bar Damajuana de la calle Francos o en su página de Facebook.

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