Una trabajadora de 28 años del Instituto de Investigación Antiplagas de Irkutsk, en Siberia, ha fallecido tras desarrollar una neumonía fulminante. Las primeras informaciones apuntaban a una posible infección por peste neumónica después de un accidente de laboratorio, pero el patógeno responsable no está confirmado.
Tampoco se conoce si su muerte está relacionada con el trabajo. Según el texto del catedrático de Genética de la Universidad de Jaén Antonio José Caruz Arcos, publicado en The Conversation, los empleados del centro han sido aislados y los contactos están sometidos a vigilancia. La OMS ha pedido explicaciones al Kremlin por el segundo caso de peste registrado en la federación rusa.
El instituto estudia microorganismos peligrosos, entre ellos Yersinia pestis, la bacteria causante de la peste. El caso plantea cómo se protege a quienes los manipulan y qué sucede cuando fallan las medidas de seguridad.
Cuatro niveles de protección, pero ningún riesgo cero
Los laboratorios biológicos se clasifican en cuatro niveles de bioseguridad, desde el BSL-1, correspondiente al riesgo más bajo, hasta el BSL-4, que exige las máximas barreras de aislamiento y protección.
Caruz explica que la seguridad depende de varios factores: el microorganismo, el experimento, las instalaciones y la persona que trabaja con él. Las barreras deben actuar de forma sucesiva para contener un accidente cuando alguna falle.
La historia ofrece ejemplos. En 2009, Malcolm Casadaban, científico de la Universidad de Chicago, murió tras infectarse con una cepa atenuada de la bacteria de la peste. Padecía hemocromatosis, una enfermedad que provoca acumulación de hierro, circunstancia que probablemente favoreció la infección. Nunca se determinó la vía exacta de contagio.
Los accidentes también pueden ocurrir fuera del laboratorio
En 2012, un investigador de 25 años falleció en California tras trabajar con la bacteria causante de la meningitis. Las pesquisas detectaron deficiencias de seguridad, incluida la manipulación de cultivos sobre una mesa abierta.
Fuera del laboratorio, el zoólogo Eric York murió en 2007 después de realizar una necropsia a un puma sin guantes ni protección respiratoria. Los análisis identificaron la misma cepa de Yersinia pestis en ambos.
En Irkutsk, la investigación deberá esclarecer qué ocurrió y si existió una relación entre el fallecimiento y la actividad profesional de la joven.
Una trabajadora de 28 años del Instituto de Investigación Antiplagas de Irkutsk, en Siberia, ha fallecido tras desarrollar una neumonía fulminante. Las primeras informaciones apuntaban a una posible infección por peste neumónica después de un accidente de laboratorio, pero el patógeno responsable no está confirmado.
Tampoco se conoce si su muerte está relacionada con el trabajo. Según el texto del catedrático de Genética de la Universidad de Jaén Antonio José Caruz Arcos, publicado en The Conversation, los empleados del centro han sido aislados y los contactos están sometidos a vigilancia. La OMS ha pedido explicaciones al Kremlin por el segundo caso de peste registrado en la federación rusa.
El instituto estudia microorganismos peligrosos, entre ellos Yersinia pestis, la bacteria causante de la peste. El caso plantea cómo se protege a quienes los manipulan y qué sucede cuando fallan las medidas de seguridad.
Cuatro niveles de protección, pero ningún riesgo cero
Los laboratorios biológicos se clasifican en cuatro niveles de bioseguridad, desde el BSL-1, correspondiente al riesgo más bajo, hasta el BSL-4, que exige las máximas barreras de aislamiento y protección.
Caruz explica que la seguridad depende de varios factores: el microorganismo, el experimento, las instalaciones y la persona que trabaja con él. Las barreras deben actuar de forma sucesiva para contener un accidente cuando alguna falle.
La historia ofrece ejemplos. En 2009, Malcolm Casadaban, científico de la Universidad de Chicago, murió tras infectarse con una cepa atenuada de la bacteria de la peste. Padecía hemocromatosis, una enfermedad que provoca acumulación de hierro, circunstancia que probablemente favoreció la infección. Nunca se determinó la vía exacta de contagio.
Los accidentes también pueden ocurrir fuera del laboratorio
En 2012, un investigador de 25 años falleció en California tras trabajar con la bacteria causante de la meningitis. Las pesquisas detectaron deficiencias de seguridad, incluida la manipulación de cultivos sobre una mesa abierta.
Fuera del laboratorio, el zoólogo Eric York murió en 2007 después de realizar una necropsia a un puma sin guantes ni protección respiratoria. Los análisis identificaron la misma cepa de Yersinia pestis en ambos.
En Irkutsk, la investigación deberá esclarecer qué ocurrió y si existió una relación entre el fallecimiento y la actividad profesional de la joven.
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