Nueva Jarilla se repone de un masivo brote: "Me pongo malo si veo por ahí gente sin mascarilla, esto es muy serio"

Los pocos vecinos que quedan por las calles de esta pedanía jerezana cuentan que le tienen respeto al virus, pero no miedo. "Cuando se vaya la pandemia, tenéis que venir a la romería, eso sí que será una fiesta buena"

Un vecino pasa con su patinete por la plaza principal de Nueva Jarilla.
Un vecino pasa con su patinete por la plaza principal de Nueva Jarilla. JUAN CARLOS TORO

Nueva Jarilla es una de esas entidades locales autónomas (ELA) de Jerez que bien podría pasar por localidades propias, pero depende del Ayuntamiento jerezano. Nueva Jarilla es, además, una localidad construida en los periodos de colonización del Franquismo, con una nota especial: sus habitantes procedían principalmente de las tierras expropiadas para construir la Base de Rota. De los primeros barracones no queda sino su consecuencia, unas construcciones adosadas ganadas tras muchos esfuerzos. Hoy es una población donde aún quedan algunos de aquellas tierras de Rota, personas ya mayores que superan los 70 años, aunque sobre todo, sus hijos. El principal motor económico de Nueva Jarilla es el campo, pero, desgraciadamente, también lo es marcharse fuera. Poca fábrica en el mundo rural andaluz, poca fábrica en Andalucía, está a un paso de Jerez como núcleo urbano. 

Cada año, muchas familias se comían las uvas en un espacio municipal a modo de cine. Nueva Jarilla vive mucho en comunidad, esa familia amplia de las localidades de un millar de habitantes. Tiene su plaza del pueblo, que como es habitual en las del entorno rural jerezano, es la de La Artesanía. Y, desgraciadamente, en esta pandemia ya ha perdido a un vecino. La mala suerte de la Navidad ha mandado al hospital a algunos vecinos. Algunos, la mayoría, se recuperan bien. Otros, no. Es un pueblo con el susto en el cuerpo. Apenas se ve gente por las calles, igual que ocurría en el maltrecho El Torno, otra localidad rural jerezana que ha sufrido muchísimo la tercera ola. El único lugar al que apostar algo es al bar. Ejemplar, con mascarillas solo retiradas para pegar un trago, y con distancia -y algo más que la de las sillas, porque algunos echan el cuerpo atrás como alejando la cabeza de la mesa, relajados- charlan sobre la situación que vive Nueva Jarilla

Joaquín y Manuel, en un bar de Nueva Jarilla, esta semana.
Joaquín y Manuel, en un bar de Nueva Jarilla, esta semana. AUTOR: JUAN CARLOS TORO

Antonio nació en Rota, y este año apenas ha ido a su casa, la que tiene allí junto a la playa. "Mi hija sí ha ido algo más a dar una vueltecita, pero desde que empezó esto, nada. No queríamos juntarnos con más gente". Los brotes actualmente siguen en activo y muchas personas, explican en la tertulia, están encerradas en casa a la espera del ok médico para volver a la vida. Joaquín, recién jubilado, cuenta que vive en la misma casa de sus hijos, y que ahí sí que no puede mantener la mascarilla, pero que otros años se juntaban 30 ó 40. No este año. "Miedo no, preocupación", explican de esta pandemia. "Esto cuando se quite el covid, tenéis que venir a la romería de Nueva Jarilla, que habrá una fiesta buena. Este año, nada". Ni quien se monte la romería por su cuenta. "Hacíamos muchas fiestecitas, pero eso se terminó. Tenemos patios grandes, nos juntábamos diez o doce parejas, pero nada. Yo voy a casa de mi hermana, mi suegra, pero porque es como si viviéramos juntos", señala Antonio. Y con cuidado. 

Es la realidad de los pueblos. Mucha gente es familia entre sí y, por más que se reduzca el contacto, y por más precauciones que haya, el hecho de haber hecho durante tantos años tanta vida juntos, y que en todas las familias, digamos, haya un cuñado, un primo, comunica todas las viviendas. "Las asociaciones hemos dejado de hacer actividades, yo soy de la asociación de cazadores y hemos hecho algo de caza menor, pero muy poco, que es en el campo y con distancia, y sin convivencia, nada de que vengan de Madrid, como otros años", señala Manuel. Lo mejor que saca de esta crisis los pueblos es que haya tantos voluntarios haciendo por el bien. "Un agricultor deja el pueblo limpito, voluntario, además de trabajadores del Ayuntamiento, desinfectando todo". 

Juan es más crítico, piensa que la Navidad, o el verano, tenían que haber sido más restrictivos. Por eso, en un pueblo como Nueva Jarilla que vive pared con pared y que ha sufrido tantas cosas, no cala el discurso negacionista. El hermano de Joaquín tenía enfermedades previas, pero las secuelas le han hecho mucho daño. Apenas puede hablar bajo su mascarilla y durante unos instantes mira a otro lado. "Él iba mucho a la residencia. Lo cogió allí y no lo sabían. A la siguiente vez le hicieron la prueba y le dijeron que ya lo había pasado, sin darse cuenta. Pero después se le han cogido los pulmones y el estómago. Cuando veo a los niñatos sin mascarilla, me pongo malo. Deberían ver lo que está pasando".

"Yo creo que es como un resfriado o gripe, con más mala idea, sobre todo para quien no tiene patologías. Hay que tenerle mucho respeto. Aquí se lo han tenido. Tengo un hijo de 16 años que no sale de la casa... Que esa es la edad. El que dice que es un montaje... Esto es serio", insiste Manuel. "Pero aquí las fiestas grandes no se han visto, eso ha sido en pueblos grandes". Antonio lo deja claro. "Nosotros que tenemos casi 70 años, cuando perdemos un año, lo perdemos. Pero un niño de 22 o 23 tiene toda la vida por delante, un año no es nada". "Nos quedan ocho o diez años para vivir en condiciones después de trabajar", asiente el resto.

Jesús, propietario de la cafetería, señala una imagen de la Nueva Jarilla primigenia.
Jesús, propietario de la cafetería, señala una imagen de la Nueva Jarilla primigenia. AUTOR: JUAN CARLOS TORO

En otro bar cercano, Cafetería María, Jesús, propietario, ve cómo se contrae la clientela porque "la gente está muy asustada, hombre. Yo tengo mis medidas de seguridad, no se consume en barra, pongo geles, ventilación, pero la gente no sale". Un bar de paso, tapita, de tomar algo. Habla mientras los niños y niñas salen del colegio, con sus puertas a unas dos docenas de metros. "Esto era hora punta para los tres o cuatro locales que hay aquí. Tenías que estar pegado. Da pena ver esto así. Me siento después de recoger al mediodía y no pasa nadie por la calle", explica un día antes de que Jerez alcance la tasa de 1.000, que le obligará a cerrar dos semanas. "Por una parte se entendería", decía entonces, "pero por otra parte me afecta". 

Ahora, cuando ya se había decidido el confinamiento perimetral, cuando Jerez superó la tasa de 1.000, ahora Nueva Jarilla verá cerrados sus negocios no esenciales. Llega, quizás, esta medida un poco tarde, porque llega cuando el pueblo se repone de los brotes que ha sufrido. Todo, por evitar los siguientes. Una de tantas pequeñas localidades donde apenas había llegado el covid en otras olas y que en esta tercera llegó con fuerza. Lo que falta, pronto, es que llegue la vacuna. Será un 2021 parecido a 2020 en muchas cosas, como eso de llevar mascarilla. Pero Nueva Jarilla resiste. Como resistieron cuando les tocó coger el petate para que hubiera una base naval en Rota. Es la otra tierra de los llamados mayetos, las familias del campo. Ese campo es en parte hoy esta Nueva Jarilla. Con el susto en el cuerpo, pero adelante.

Un vecino pasa por una de las promociones de adosados de Nueva Jarilla.
Un vecino pasa por una de las promociones de adosados de Nueva Jarilla.​ AUTOR: JUAN CARLOS TORO

 

Sobre el autor:

Pablo Fdez. Quintanilla

Licenciado en Periodismo y Máster en Comunicación Institucional y Política por la Universidad de Sevilla. Comencé mi trayectoria periodística en cabeceras de Grupo Joly y he trabajado como responsable de contenidos y redes sociales en un departamento de marketing antes de volver a la prensa digital en lavozdelsur.es.

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