El juicio por el caso de la Kitchen entra en su recta final. Hoy jueves ha sido un día grande, con las esperadas declaraciones del expresidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y de la exsecretaria general del PP, María Dolores de Cospedal.
En su tono, digamos, habitual, Rajoy dijo en la vista de la Audiencia Nacional que 'M. Rajoy' –tal y como aparece en algunos apuntes de los llamados papeles de Bárcenas– es él, va a ser él, pero aunque durante la media hora de declaración en calidad de testigo pareciera que no iba a profundizar en nada más, en realidad sí lo hizo: en su línea de defensa preventiva.
Si hasta ahora el 'caso kitchen' giraba más bien en torno al espionaje de Luis Bárcenas como gerente del PP en la fecha a la que se remiten los hechos y la implicación en dicha trama de las cloacas del Estado o la policía patriótica (a elegir el nombre) y en dilucidar la responsabilidad última de dicho encargo, si era cosa de Génova o del Gobierno y, dentro del Gobierno, si se quedaba en el Ministerio del Interior (el exministro Jorge Fernández Díaz) o el tema alcanzaba a la Moncloa –a Rajoy, en definitiva–, el expresidente abrió con su testificación otra línea: para él, lo que pretendía la operación policial era establecer la procedencia y los posibles testaferros de los 48 millones de euros de Bárcenas en Suiza.
En realidad, con estas declaraciones, Rajoy abre una nueva línea pero solo tangencial, ya que deja claro que, desde su punto de vista, en ningún caso hubo nunca lo que podríamos definir como una investigación política, sino únicamente policial y acorde a la legalidad, por lo que defendió las actuaciones de la cúpula del Ministerio de Interior durante su Gobierno. Rajoy también aclaró que, en ningún momento destruyó u ordenó destruir pruebas de la existencia de una caja B del PP, tal y como ha declarado en todo momento –tanto en la instrucción como en la propia vista– Luis Bárcenas. Claro, todo esto es en lo que se refiere a la declaración 'proactiva' de Rajoy, que cuando llegó el momento no dudó en cerrar filas –sobre sí mismo– y decir que no recordaba haber cruzado mensajes de móvil en aquella época con Luis Bárcenas, cuando es sabido que algunos de esos mensajes salieron a relucir y circularon libremente por aquel entonces, con el mítico "sé fuerte, Luis". Eso sí, hay que tener en cuenta que el expresidente declaró en calidad de testigo y que muy difícilmente cambiará su condición a la de imputado.
De hecho, la otra (muy esperada) comparecencia del día, la de la secretaria del partido María Dolores de Cospedal, hace meses que consiguió dicho cambio en su calificación... pero a la inversa: de imputada pasó a testigo. Hay que recordar que la acusación que ejerce el PSOE intentó en la previa del juicio, en modo efectista, que la calificación de Cospedal volviera a cambiar y de nuevo pasara a ser imputada, algo que el tribunal ni siquiera tuvo en cuenta. Bien... Cospedal reconoció sus conversaciones con el inefable comisario Villarejo, conversaciones que, en ningún caso, según su testimonio, habrían girado en torno a "parar" los papales de Bárcenas o al menos ella dice no recordarlo. "Eso de la libretita sería mejor poderlo parar", dijo en su momento Cospedal, está grabado, pero ella ya no lo recuerda...
Pues a la espera de ver qué dice exministro de Interior, Jorge Fernández, si mantiene su lealtad –como todo indica– o matiza y tira para arriba (a ver, indistintamente de quien diera las órdenes, es imposible pensar que la cúpula tanto del Gobierno como del partido no estaban al cabo de la calle), este juicio parece que ha llegado a su techo por lo que se refiere a sus implicaciones políticas...



