El año desaforado de Trump en la Casa Blanca: aranceles, inmigración, Venezuela, Groenlandia...

El presidente de Estados Unidos cumple el primer aniversario de su segundo mandato en la Casa Blanca con multitud de frentes abiertos, envalentonado por el 'éxito' de su operación militar contra Maduro

Imagen de IA difundida por el propio Donald Trump, 'conquistando' Groenlandia.
20 de enero de 2026 a las 19:38h

Martes 20 de enero: un año ya de la proclamación de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos en su segundo mandato. Ha sido un año convulso, sobre todo en las últimas semanas, desde que pasó de las palabras a los hechos con la detención-secuestro de Nicolás Maduro en unas operación militar en Venezuela que dejó más de cien muertos. Días antes, el ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) disparaba en Minneapolis contra una ciudadana estadounidense por 'sospechosa' de ser inmigrante irregular, causándole la muerte.

Estos dos hechos, muy cercanos en el tiempo, no solo marcan el primer año de Trump, sino su agenda tanto en la política nacional como internacional y hacen una proyección poco halagüeña de lo que pueden ser los tres años que restan de su segundo mandato. En política nacional, el despliegue del ICE –que no es exactamente policía– está siendo contestado por numerosos gobernadores demócratas. De hecho, en los propios Estados Unidos, cada vez más medios de comunicación se refieren a este cuerpo como "parapolicial", una auténtica guardia de corps de Trump. El ICE ha pasado de tener 10.000 a 22.000 agentes –"patriotas" como le gusta decir al propio Trump– en un año, una cifra más que significativa, mientras que la 'amenaza' de pedir el despliegue de la Guardia Nacional ha pasado de ser una bravata más del repertorio de Trump a un tema relativamente menor en comparación al temor que el servicio de inmigración, por su manera de actuar, causa entre los ciudadanos de origen latino, incluso los que gozan de la nacionalidad estadounidense.

Si a mitad del mandato de Trump el tema estrella eran los aranceles que impuso a la Unión Europea (UE), China y, en menor medida, a aliados fieles como el Reino Unido, da la sensación de que el presidente de Estados Unidos ha comenzado 2026 totalmente envalentonado tras el 'éxito' de la operación militar llevada a cabo en Caracas que le da el control de Venezuela y su petróleo. El presidente norteamericano, muy reacio a cualquier intervención extranjera en su primer mandato y que tampoco llevaba nada al respecto en su programa electoral, parece haber descubierto una táctica de manual en política, como es la de que determinados 'éxitos' en el extranjero habitualmente maquillan una gestión en casa no tan exitosa (ni los datos del desempleo ni la inflación son gran cosa). El caso es que la doctrina MAGA (Make America Great Again, 'Hagamos grande de nuevo a América'), el eslogan que le llevó de nuevo a la Casa Blanca, parece haberse fundido en un solo cuerpo en el que el ejercicio del poder sin cortapisas va ganando espacio a una democracia liberal, sin que haya contrapesos, ni internos ni externos, a la vista a la megalomanía y el narcisismo de un presidente desaforado.

Al menos así se siente la UE (que esta vez tienen pensado responder con aranceles por unos 93.000 millones si Estados Unidos inicia una nueva guerra comercial) y otros aliados como Reino Unido o Canadá, hasta el punto de que el principal aliado en la OTAN comienza a percibirse abiertamente como un problema. Su papel en el conflicto de Gaza –absolutamente reprobable más allá de aquello del resort–; los aranceles; su indiferencia creciente hacia la suerte que pueda correr Ucrania; una intervención por ahora absolutamente petrolífera en Venezuela, los intentos de anexión de Groenlandia, sus palabras en términos similares hacia Canadá o México, su desprecio a Noruega por no haberle otorgado el Nobel de la Paz... todo hace indicar que los tres años de mandato que le restan van a ser muy complicados en el orden internacional.     

Sobre el autor

Carlos Piedras

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