La portuense segunda mejor maestra de infantil de España: “No soy nada tradicional, siempre intento revolucionar”

Ana González Herrera, de 45 años, profesora en el CEIP Maestro Eduardo Lobillo de Rota, se alza con el segundo puesto en los premios Educa Abanca 2020 gracias a su afán de “inventar y darle vueltas a las cosas”

Ana González, la portuense reconocida como segunda mejor maestra de infantil de España.
Ana González, la portuense reconocida como segunda mejor maestra de infantil de España.

Ganas de salirse de lo común y no caer en lo de siempre. Este es el lema de Ana González Herrera, portuense de 45 años que cuando quedó finalista en 2019 en los premios Educa Abanca al mejor docente de España, que otorga la Fundación Educa, no dudó en compartir la estatuilla con sus pequeños. Una imagen vale más que mil palabras y la que introduce su blog personal Compartir es vivir transmite la unión de esta maestra de educación infantil con sus alumnos del CEIP Maestro Eduardo Lobillo de Rota.

Finalista de los premios Abanca en 2019.
Obsequio como finalista en los premios Educa Abanca 2019.

Este año, los padres y madres roteños volvieron a proponer a la docente en la lista de aspirantes a llevarse el galardón por segunda vez consecutiva. Y el gesto dio sus frutos. Ana fue reconocida como la segunda mejor profesora de infantil del país. Era un domingo gélido en el que disfrutaba de la familia cuando le llegó la noticia. “Yo no estaba muy pendiente, no tenía ninguna esperanza de nada porque hay gente maravillosa en esa lista, y la verdad es que al final me llevé una sorpresa muy muy grata”, comenta Ana, que ya lleva 24 años trabajando en la educación y tiene a sus espaldas una gran trayectoria.

Con 21 años aprobó las oposiciones y comenzó su aventura en un colegio de Villamartín. En 2007 fue la primera mujer directora del CEIP José Luis Sánchez en San Martín del Tesorillo, cargo en el que ejerció durante nueve años. Finalmente, hace cuatro años se incorporó a la plantilla del colegio de Rota y volvió a residir en su ciudad natal. “Desde chiquitita me gustaba el mundo de la escuela, tuve la suerte de estudiar en un colegio que me mostró una manera diferente de educar, no tradicional, y siempre tuve claro que quería ser maestra, o periodista porque me gusta mucho escribir”, explica la que obtuvo el Premio Extraordinario al Expediente Académico en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Cádiz.

"Tuve la suerte de estudiar en un colegio que me mostró una manera diferente de educar"

Pero no son estos méritos los que impulsaron a los padres y madres a rellenar su candidatura a los Goya de la educación. Fue su trato con los niños, su complicidad y su manera diferente de ver la infancia lo que les animó a ello. “No soy nada tradicional, intento siempre revolucionar, me gusta inventar, siempre estoy dándole la vuelta a las cosas, e implicar a los padres y madres, ahora con la pandemia no se puede, pero para mí es importantísimo”, dice la que da clase a un grupo de 22 pequeños con no más de tres años.

Su método educativo va más allá de la clásica lección de números y letras. Ella procura “transformar el aprendizaje” y que los niños sean los protagonistas a base de creatividad. Ana se empeña en que sus clases sean mágicas. “Y que no se aburran, en el momento en que alguien se aburre aprendiendo, tenemos un problema, y eso es lo que yo no quiero, mi clase es alegría, griterío y felicidad”, añade la que acaba de mantener un encuentro con la concejala de cultura del Ayuntamiento de El Puerto, Lola Campos, por la distinción.

La portuense se arriesga con sus ideas y apuesta por darle otra visión a las cosas. Según la maestra, “es algo que también me ha creado muchos problemas porque a veces he sido poco entendida, y había personas que no entendían mi manera de educar”.

"En el momento en que alguien se aburre aprendiendo, tenemos un problema"

Cada mañana, Ana convierte en recursos educativos los utensilios caseros y todo aquello que rodea a las personas. Por ejemplo, poner una lavadora en casa. “Es algo que te puede parecer cotidiano y que sin embargo es una actividad completísima. Trabajan la identificación de los símbolos, que es lengua, trabajan las cantidades que tiene que echar, que es matemáticas, o a la hora de tender la ropa, sin darse cuenta, están trabajando la psicomotricidad”, detalla.

Ana González, disfrazada de árbol de Navidad.
Ana González, disfrazada de árbol de Navidad.

Además, esta actividad rutinaria ayuda a los pequeños a entender la responsabilidad que implica para la familia. “Ellos se piensan que van al armario y se encuentran allí la ropa, y no, eso tiene un proceso que implica aprendizaje, hay que saber leer, conocer los números, las cantidades, hay que saber qué programa poner, hay que doblar y clasificar por colores”, explica Ana, que también usa gomas del pelo, cucharas, tenedores o calcetines para enseñar a sus alumnos a sumar o restar.

“No hay que escudarse en el virus que tenemos para no hacer"

Cuando toda la comunidad educativa se echó a temblar frente al confinamiento de marzo, ella continuó con su dinámica. “No hay que escudarse en el virus que tenemos para no hacer. Quizá ahora es el momento de cambiar y de revolucionar todo y la vida nos está dando la oportunidad de mirar de otra manera”. Por eso, la docente creó un grupo de WhatsApp para hablar con los niños, con los que ya llevaba tres años y tenía una buena relación con las familias. Cada día proponía retos que ella misma hacía e involucraba a los padres.

“Una de las cosas más bonitas que me pasó fue que los padres me decían que gracias a las actividades que yo proponía se les olvidaba la situación que estábamos viviendo”, expone la profesora que, pese a todo, se las ingenió para que grandes y pequeños se lo pasaran en grande.

Para Ana, la vuelta a las clases presenciales tras las navidades no ha supuesto un suplicio a pesar de la ola de frío y de la incidencia de la pandemia. “La verdad que hemos vuelto a la rutina con bastante tranquilidad, con bastante respeto y cumpliendo las normas. Al menos en mi clase, todo bien. Los niños y niñas nos dan un ejemplo diario, son un ejemplo de vida para mí”, asegura.

Pasión por la escritura

Ana González compagina la educación con su amor por las letras. Escribe cuentos infantiles, textos de investigación y artículos de opinión en medios locales. Además, colaboró en la sección de mujeres impulsoras del cambio en la sociedad andaluza en ABC de Sevilla.

Entre sus títulos destacan Trilogía cavernícola, sobre la prehistoria, y Un virus llamado amor, que lo ha lanzado en pandemia y ya va por su segunda edición. “Ahí cuento la otra versión del virus, ese amor que todos necesitamos y que empezamos a darnos cuenta en esos momentos que estábamos encerrados en casa”, dice la portuense.

También ha participado en Escuela y familia. Misión Imposible, un manual en el que 27 maestros y maestras explican cómo involucrar a las familias en clase, y ha redactado Manual de posiciones vitales.

 

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