La economía mundial, esta vez sí, han ‘comprado’ las declaraciones efectuadas por Donald Trump el martes por la tarde-noche (hora española) en las que decía que el conflicto de Oriente Medio terminará en dos o tres semanas (se entiende que se refería exclusivamente a los Estados Unidos, otra cosa será lo que siga haciendo Israel en el Líbano).
En el momento de escribir estas líneas, el Ibex 35 sube el 3%, en línea con el resto de grandes bolsas europeas, mientras que el barril de petróleo Brent, que el martes llegó a la alcanzar los 118 dólares, se situaba en 102, aunque estuvo buena parte de la mañana por debajo de los 100 dólares.
Durante el mes largo que ha transcurrido desde que comenzaron los bombardeos sobre Irán, el presidente de EEUU ha hecho distintas declaraciones en este sentido, que sería un conflicto corto, pero las continuas contradicciones en su discurso –lo mismo decía que las conversaciones iban "muy bien" que amenazaba minutos después con tomar la estratégica isla de Jark, por ejemplo– y la sensación generalizada entre la opinión pública y los inversores de que los ataques comenzaron sin unos objetivos claramente definidos, hacían que sus palabras se tomaran como referencias meramente coyunturales, para el día, por decirlo de alguna manera.
En este caso no, en este caso todo indica que Trump va en serio cuando dice las operaciones militares durarán dos o tres semanas, entre otras razones porque los observadores ven coherencia en la letra pequeña. De entrada, su afirmación de que no necesita llegar a ningún tipo de acuerdo si estima que los objetivos militares se han cumplido tiene sentido. Otra cosa es pensar en el cumplimiento de objetivos políticos, si es que había alguno. Es evidente que el régimen iraní sigue fuerte en el plano político y que la muerte de buena parte de la cúpula del mismo a consecuencia de los bombardeos, empezando por el líder supremo, Alí Jamenei, no ha supuesto, en absoluto, su descomposición.
Consecuencias para Europa
Dejar a los aliados que solucionen el tema del estrecho de Ormuz, no necesariamente hablando en términos militares, también tiene sentido. Francia y Reino Unido, países a los que Trump ha citado expresamente para que cumplan esta función, son las antiguas potencias coloniales de la zona. De hecho, pensar que estos dos países, junto a los que más se han implicado en la apertura de negociaciones entre las partes, caso de Egipto, Pakistán, Turquía y Arabia Saudí, probablemente tengan mayor ascendencia sobre Irán para que abra el estrecho de Ormuz, también tiene pleno sentido, una vez que se renuncia tácitamente a llegar a un acuerdo bilateral.
No cabe duda de que la escasa, por no decir nula, implicación de los aliados de EEUU en la OTAN durante este conflicto –ilegal y para el que ni siquiera fueron consultados, todo hay que decirlo– va a tener importantes consecuencias en las relaciones políticas y militares de EEUU y Europa. Más allá de España, que ha hecho bandera de ello con la recuperación del 'No a la guerra', tanto Francia como Reino Unido e Italia han puesto distintos 'peros' al uso tanto de bases como de espacio aéreo en relación con esta guerra. En ese contexto, Trump ya ha dejado caer que próximamente su país llevará a cabo un profundo análisis sobre estas relaciones y el presidente no descarta que su país pudiera incluso decidir abandonar la OTAN, algo que puede que suene a política ficción pero a lo que difícilmente nadie diría abiertamente, hoy por hoy, que es imposible...



