En el bosque comestible de Marko y Natasa, la familia serbia que transforma un vertedero de Puerto Real

Marko y Natasa Simic disponen de autosuficiencia alimentaria, en gran medida, desde que en 2022 probaran un sistema de diseño agrícola que aplica en otras fincas a través de su proyecto 'Permapattern'

Marko y Natasa Simic han transformado una parcela abandonada y llena de escombros en un bosque comestible en Puerto Real.
Marko y Natasa Simic han transformado una parcela abandonada y llena de escombros en un bosque comestible en Puerto Real. MANU GARCÍA
10 de abril de 2026 a las 19:38h

Aves migratorias se posan en un estanque y las ciruelas empiezan a verse. Los árboles han crecido y un manto verde cubre la tierra inerte que antaño estaba repleta de escombros. Marko y Natasa Simic ya no imaginan los más de 300 ejemplares que plantaron hace cuatro años. Ahora los observan y viven de ellos. Esta familia procedente de Serbia se instaló en un terreno de 5.000 metros cuadrados ubicado en el término municipal de Puerto Real. Por primera vez, cambió el frenético ritmo de la ciudad por la calma del campo y crearon un bosque comestible que está lleno de seres vivos y plantas.

Desde 2011, este matrimonio disfruta del sol de Cádiz tras haber residido en Praga, en República Checa, donde él ejercía como director de cine y ella, como técnico dental que trabajaba en una productora. En los cuatro años que pasan desde que los plantaron, sus rutinas han experimentado un giro del que no se arrepienten. Han creado las condiciones favorables para que su bosque crezca y han conseguido transformar una parcela abandonada en un lugar donde cada especie tiene una función y la naturaleza mantiene un equilibrio.

Donde antes había basura, en estos años han cultivado melones, sandías, judías o boniatos. "Nuestros amigos cada vez que vienen están más y más sorprendidos. Allí no había nada y ahora es un parquecito. No es un proceso tan largo como parece”, comentan señalando uno de los rincones de la finca. Para ellos, el mayor cambio ha recaído en sus conocimientos. Mientras veían a la fauna y la flora crecer, han aprendido sobre la permacultura. Es el término que define lo que ponen en práctica, un sistema de diseño agrícola que busca crear sistemas sostenibles y regenerativos que trabajen en armonía.

PROYECTO BOSQUE COMESTIBLE 2026  2
Vista aérea de la finca ubicada en Puerto Real.   MANU GARCÍA

Tras realizar distintos cursos, en 2024 Marko se formó con Geof Lawton, una figura muy reconocida a nivel mundial en este ámbito, y obtuvo una formación oficial. “Al estudiar, comprendí que todo ese proceso podríamos haberlo hecho mucho más rápido”, comenta. También, en este tiempo, han podido notar cómo los árboles se han llenado de pájaros y de insectos. “En estos pinos había miles de orugas procesionarias. Los pájaros han regresado y ahora no tenemos nada, ni una, y sin tratamiento”, explica Natasa.

Precisamente ese es uno de los pilares de la permacultura, cultivar todo de manera natural sin añadir ni químicos ni abono. Su única tarea es la de mejorar la tierra para que haga su trabajo sin alteraciones. La pareja destaca la recompensa: la calidad de los frutos aumenta y cada año hay más abundancia.

“No puedo decir que tengamos autosuficiencia alimentaria al 100%, pero sí, en gran parte, comemos de nuestro huerto. Cada verano tenemos por lo menos 30 variedades de tomates, de todos los tamaños, sabores y colores, maíz, judías, patatas, de todo”, explican rodeados de gatos.

PROYECTO BOSQUE COMESTIBLE 2026  15
Marko explica la evolución del bosque comestible en los últimos cuatro años.  MANU GARCÍA

Aire puro, el zumbido de una abeja y las hojas golpeadas por el viento componen la banda sonora de Marko y Natasa. Diseñar un bosque como este les ha llenado de energía positiva. “Se nos han abierto los ojos”, dicen. Desde que viven de esta forma, han notado una mejora en el estado de ánimo, en el bienestar e incluso en la salud.

“Tengo sinusitis desde adolescente y el médico me dijo que era alergia al polen. Desde que me he mudado al campo, tengo mi nariz funcionando por primera vez en mi vida. Los niños cogían muchos virus en la ciudad, y ahora nada”, comenta el serbio.

La experiencia les ha servido para transformar sus perspectivas. “Hemos descubierto qué es lo que significa de verdad estar conectado con la naturaleza, que no es ir al bosque y abrazar árboles. Ahora comprendemos qué significa vivir dentro de un ecosistema, ser parte de este que, al final, nos cuida a nosotros también”, reflexionan.

Diseñador de bosques comestibles, una nueva profesión

Por ello, más que vender los productos que da su bosque, tienen ganas de compartir lo que han vivido con más personas y ayudarlas a diseñar sus propios bosques comestibles. Así, hace un año nació Permapattern, un proyecto que ofrece asesoramiento en permacultura para transformar fincas en sistemas sostenibles, productivos y regenerativos.

PROYECTO BOSQUE COMESTIBLE 2026  19
Natasa y Marko pasean por el terreno repleto de especies.   MANU GARCÍA

La clave es crear un diseño que se adapte al lugar y las personas que lo habitan. “La permacultura está despertando interés para regresar al campo”, dice Marko, que considera que es un entorno que ofrece “mucho más que la ciudad” y que se ha despojado de los prejuicios como el trabajo duro o la falta de oportunidades.

También apuesta por dar impulso al diseñador de bosques como un nuevo perfil profesional aún por exprimir. Como un arquitecto de casas, pero de terrenos agrícolas. Él está convencido que muchas personas desconocen estas técnicas y que no las llevan a cabo por falta de conocimientos. En la provincia de Cádiz, ellos no encontraron a nadie especializado que pudiera guiarles. Actualmente, Marko es el único de la zona que cuenta con una cualificación oficial para poder trabajar. “No hay gente formada en esto. En España hay centros de formación, pero creo que es necesario abrir mercado”, explica.

En este último año, son varias las personas que se han interesado por estas técnicas y han acudido al serbio para llevar a cabo sus proyectos. Así, ha trabajado en fincas familiares, azoteas, patios urbanos, jardines comunitarios o incluso colegios como el CEI El Viento del Sur de Puerto Real o el CEIP Arquitecto Leoz de San Fernando. Allí ha creado ecosistemas cerrados que los más pequeños pueden mantener sin dificultad y que les permite aprender.

PROYECTO BOSQUE COMESTIBLE 2026  27
La familia dispone de cierta autosuficiencia alimentaria.   MANU GARCÍA

También ha transformado parcelas en lugares ricos en biodiversidad o acompañado a vecinos y amigos en la creación de huertos comunitarios y familiares. “Se habla mucho de que el ser humano está dañando los ecosistemas. En mayoría de los casos lo hacemos, pero tenemos posibilidad de ser un elemento más benéfico dentro de todo el mundo animal. Nadie habla de que teniendo un terreno de este tamaño, puedes captar en un año tanto CO2 como producen tres coches diésel si dan vuelta al mundo”, expresan.

Un libro para los más pequeños

Marko y Natasa señalan que la divulgación juega un papel fundamental para concienciar a la población. Para ellos, lo importante es comprender las capacidades. “¿Qué es lo que podemos hacer? No solo hay que poner el foco en dónde tenemos que limitarnos. La gente no es consciente del impacto positivo que podemos tener”, dicen. Además, en su página web Permapattern dan a conocer conceptos como la agroforestería sintrópica, alternativa para producir alimentos intensivamente.

PROYECTO BOSQUE COMESTIBLE 2026  17
Marko se dedica a diseñar espacios y divulgar los beneficios de esta forma de vida.   MANU GARCÍA

Ellos ya aportan su granito de arena en un espacio lleno de beneficios con el que les gustaría inspirar a otros vecinos y vecinas. Sobre todo, desean transmitir ese amor por la naturaleza a las nuevas generaciones. Para ello, Marko ha sacado su vena creativa como director audiovisual y ha escrito un libro educativo para niños y niñas. Alicia en el bosque comestible está en proceso.

“Quería hacer un manual donde comprendan cómo funciona la naturaleza y cuál es nuestro rol. Quiero transmitir que estamos diseñados para ser guardianes de la tierra y no destructores”, explica.

La idea surgió el día en el que su hijo llegó a casa nervioso diciendo que se iba a acabar el mundo y que se iba a quedar sin agua. Un discurso alarmante que impera y que, según esta familia, debe ir acompañado de educación. “Los niños son más conscientes de la ecología, pero tenemos que explicarles qué podemos hacer para recuperar la tierra”, comentan.

Sobre el autor

profile_picture

Patricia Merello

Ver biografía

Lo más leído