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Con el choco frito, los tomates aliñados, las acedías y las gambas fritas no te equivocas.

El OVNI bético no está al final de la sevillana avenida de la Palmera. Está en Sanlúcar de Barrameda. Concretamente, en el número 24 del Callejón de Guía, justo a la espalda del privilegiado balcón a la desembocadura del Guadalquivir. En segunda línea de la milla de oro del langostino y de la acedía.

Allí, en su Rincón Bético, Carlos Juez presume, y con razón, de tener la boutique del pescao frito. En mi opinión, lo de boutique, además de poco apropiado por demasiado afrancesado, le queda pequeño para la excelente calidad del género que despacha en los apenas 80 metros cuadrados que ocupa el local, excluyendo la cocina, donde Carlos harina y fríe pescados y gambas con gran maestría.

Aunque hacía tiempo que lo tenía apuntado en la agenda, me ha conducido a él Juan Alfonso Romero, compañero de aventuras gastronómicas desde tiempo inmemorial. Cuando con apenas 18 años ganábamos nuestros primeros dineros, nos lo gastábamos en todas las ventas y ventorrillos situados a menos de 50 kilómetros a la redonda. Si la vieja furgoneta de aceite Wynn´s hablara…

Ninguno de los dos hemos sido de mucho de privar y sí de buen yantar, por lo que el hablar un mismo idioma nos llevó a convertirnos con la práctica en verdaderos especialistas en la cata de menudo, venado y sus derivados.

Es miércoles de embarque en Bajo Guía. Como cada año, Juan Alfonso Romero y un servidor hemos quedado emplazados en Casa Bigote para la emisión de un programa especial de Radio Jerez con motivo del paso de las hermandades del Rocío de Sanlúcar y Jerez al Parque Natural de Doñana. Después del trabajo, los 25 años de complicidad hace que con sólo mirarnos nos entendamos. Vueltecita de reconocimiento y “¿nos tomamos un choquito en el Rincón Bético?”.

Acepto sin dudarlo. Él invita y doy por bueno el paseo de quince minutos a pleno sol, consciente de que hoy también me va a costar hacer dieta.
El Rincón Bético Amigos de Carlos Juez es un local de batalleo. Está dividido por un tabique lleno de loas y alusiones al Betis y al beticismo. A un lado, la barra que atienden con arte y con temple Carmelo y Manolo. Delante, media docena de mesas. Al otro lado del tabique, una especie de comedor con otras cinco o seis mesitas y una especia de barra americana. Como es miércoles de embarque, una reunión rociera se encarga de darle ambiente al mediodía con sus sevillanas.

Hemos tratado infructuosamente de reservar mesa. Intentamos hacernos un hueco en la barra, pero tampoco está fácil a pesar de que voy con enchufe. Como Juan Alfonso es cliente VIP, le hacen indicaciones de que tenemos un hueco disponible en la barra americana.

Ir a comer con Juan Alfonso tiene su ritual. Después de unos prolegómenos de guasa sana y de “ange” con los camareros, pide la comanda. Él manda.

El caso es que las caras de los responsables del Rincón me son familiares. Al rato caigo en que coincidí con ellos en una comida que Juan Alfonso, presidente del Centro Cultural Flamenco Don Antonio Chacón, celebró en la peña allá por otoño. El propio Carlos Juez fue el artífice del menú, compuesto por albures de estero de las marismas, huevos de choco, lechugas de la colonia, papas aliñás y guiso de arroz con palomas.

Entre los comensales, personalidades de paladar notable, como Fernando de la Morena y Domingo y Tomás Rubichi; Juan Mojones y su hijo, Óscar del Águila, etc…

Esta vez juegan en casa. Acertar no tiene mucha ciencia. Con el choco frito, los tomates aliñados, las acedías y las gambas fritas no te equivocas.
Carlos se percata de nuestra presencia y sale a saludarnos, pero aparece y desaparece porque el tiempo de fritura del pescado no admite el menor despiste. Juan Alfonso le busca las cosquillas pidiéndole limón. Si quieren saber la respuesta, prueben a incurrir en esta mala costumbre y verán, verán…

De primero salen unos langostinos que están a la altura de los del mejor restaurante de Sanlúcar. Medianos y perfectamente cocidos, tienen todo el sabor característico de la zona, con la cola tornasolada y sus duros bigotes.

Le sigue el choco. Un choco hermoso y completo, perfectamente limpio por dentro, y frito al punto. Maravilloso plato que se vende como rosquillas en el Rincón y que no había visto antes presentado así en otro lugar. Acompañado de los tomates rojos y carnosos forman un bocado único.

Lo del “ovni” se lo puso Juan Alfonso, por su aspecto aparatoso y suculento a partes iguales.

Las acedías son un homenaje a otro de los manjares gastronómicos de Sanlúcar de Barrameda. Pequeñitas y frescas, no me resisto a comerlas con las manos ante la ausencia de tenedor y pala. Mejor así. Qué espectáculo.

Estoy perdiendo mi batalla contra la fritanga. Pero es que hay fritos y fritos. Llegan las gambas fritas, otra especialidad de la casa. Inconmensurables. Como pipas, vamos.

Saldada mi deuda con el Rincón Bético, me reafirmo en lo de siempre. Que es muy complicado no comer bien en Sanlúcar, máxime encontrando el producto y tratándolo con el cariño y la delicadeza de Carlos Juez.

¡Béticos del mundo!, ¡Ríndanse ante el Rafael Gordillo del pescao frito!

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