Torpedos y roscos de Villamartín en la confitería que usó la crema pastelera por primera vez en Cádiz

En sus 133 años de historia la Pastelería Juan Moreno no ha dejado de innovar manteniendo siempre la receta tradicional de sus dulces. Ahora, la cuarta generación de la saga familiar regenta este negocio conocido en toda la provincia

Santiago Moreno, parte de la cuarta generación de la familia que regenta la confitería Juan Moreno en Villamartín.
Santiago Moreno, parte de la cuarta generación de la familia que regenta la confitería Juan Moreno en Villamartín. MANU GARCÍA

133 años contemplan la gran obra de la familia Moreno. Allá por 1890, Juan Moreno abrió en pequeño obrador en su Villamartín natal y comenzó a elaborar y vender dulces entre sus vecinos. En aquella época los pasteles eran más rudimentarios pero, como recuerda Santiago Moreno, perteneciente a la cuarta generación de la familia y actual dueño del negocio junto a dos de sus hermanos, la casualidad quiso que ocurriera un suceso que cambiaría para siempre su destino.

Y es que en 1925, "cuando no había ni tele ni cine" llegó a Villamartín una compañía de teatro que quedó afincada en el pueblo durante un largo tiempo. Una de las actrices tenía un novio en Madrid que, casualidades de la vida, era pastelero en la capital y decidió venir a ver a su pareja.

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Santiago Moreno, uno de los dueños de la confitería.  MANU GARCÍA
Por aquel entonces en la provincia de Cádiz se elaboraban dulces muy básicos como pastas, galletas o bizcochos y Juan aprovechó la oportunidad para aprender una repostería más fina de la mano de este chico. Fue así como obtuvo la receta de la crema pastelera que les ha hecho enórmemente conocidos y que llevan la mayor parte de sus pasteles.

"Fue una revolución, nos marcó para siempre", cuenta Santiago. Para él, "mi bisabuelo estuvo en el lugar idóneo en el momento oportuno" y gracias a eso hoy pueden presumir de ser tan conocidos y demandados desde la sierra hasta la costa.

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Roscos blancos de Villamartín.  MANU GARCÍA

El rosco blanco es su dulce por excelencia y uno de los primeros que hicieron con crema pastelera. En 2027 cumplirá 100 años y en todo este tiempo no ha cambiado ni un ápice la forma de elaborarse. Se trata de un producto que se ha ganado el cariño de los vecinos de Villamartín hasta el punto de que era el presente más entregado a familiares, amigos, enfermos hospitalizados... Eso sí, a pesar de las innovaciones y los nuevos sabores que están entrando al mercado el artesano aclara que "la receta del rosco blanco es innegociable, podemos experimentar con otros dulces pero con este ni se plantea".

Se trata del rey de una amplísima variedad de dulces. Los fines de semana suelen preparar hasta 55 o 60 dulces diferentes. El petisú, el pionono, la cordobesa o el cuerno estarían también presentes en el Olimpo de pasteles de este negocio, si bien "no hay uno solo que no se venda en condiciones".

El torpedo, de la luna al estómago

Si la historia de la crema pastelera es curiosa y llamativa la del torpedo no se queda atrás. Corría el año 1955 y la carrera espacial entre Estados Unidos y la URSS comenzaba a copar titulares en los medios. En Villamartín empezó a rumorearse que los americanos iban a enviar un cohete a la luna pero, como suele ocurrir, de una boca a otra la información puede sufrir ligeros cambios.

En este caso la variación consistía en que en vez de un cohete iban a lanzar un torpedo al espacio, una confusión que el padre y el tío de Santiago -la tercera generación de pasteleros- con ingenio y mucha guasa aprovecharon para conmemorar este acontecimiento creando un bollo relleno de crema con este nombre.

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Envoltorio del torpedo.  MANU GARCÍA
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Aspecto del torpedo.  MANU GARCÍA

"Celebramos los 50 años de la primera vez que el hombre pisó la luna vendiendo torpedos a tutiplén, a la gente le encantan y lo consumen que da gusto", comenta el artesano de 55 años. Al torpedo no le falta un detalle, ya que incluso cuenta con su envoltorio personalizado y una tarjeta explicativa con una imagen que parodia la mítica escena de la película Viaje a la luna dirigida por George Meliès en la que se ve a este satélite con un cohete clavado en el ojo. Huelga decir que en este caso en lugar de un cohete aparece un torpedo.

Junto al rosco blanco este es el dulce más conocido y uno de los más vendidos de este negocio. Santiago destaca su "simpleza" pero valora que, de nuevo, estuvieron atentos para beneficiarse de un nuevo filón y crear un producto que ha encantado a varias generaciones.

Lógicamente la cuarta generación de la familia Moreno también se ha visto envuelta en algunas anécdotas curiosas y emotivas. Una de ellas tiene como protagonista un cartel que cuelga en el patio donde puede leerse la receta para ser feliz y una dedicatoria a su autora, Sor Remedios, una monja que la había escrito en un libro. En 2015, cuando la confitería cumplió 125 años, pusieron por primera vez el museo en el que exponen artículos antiguos y recibieron gran cantidad de visitas. Entre ellas una vecina de Villamartín que quedó sorprendida al leer aquel pequeño texto. Resulta que Sor Remedios era su tía y hacía tan solo 5 meses que había fallecido. "Se hizo una foto con el cartel como recuerdo", añade el pastelero local.

Junto a este cartel se encuentra un gran mural en el que repasan mediante fotos la amplia historia del negocio, desde los inicios y la visita del pastelero madrileño hasta momentos más cercanos a la actualidad en los que ya aparecen todos los bisnietos de Juan.

"Seguimos elaborando los dulces como antaño"

Mucho ha cambiado el panorama en más de 130 años. La confitería Juan Moreno mantiene su fama gracias a sus productos clásicos pero también mediante un proceso de innovación constante. "No podemos quedarnos parados y vivir de lo que en su momento se hizo, nosotros también tenemos que proponer cosas", dice Santiago Moreno.

Aunque los dulces más sonados son el rosco y el torpedo él y sus hermanos Laura Y Daniel son "culpables" de haber creado el mes del chocolate que tendrá lugar en febrero, la fiesta del roscón que está cerca de cumplir 30 años o las tartas del quinto centenario con las que celebraron los 500 años de la fundación de Villamartín. 

También han añadido a su oferta dulces de temporada como los de colores vivos y alegres que surgen como las flores en primavera, las tartas heladas para refrescar los calurosos días de verano o los pasteles temáticos en honor a la virgen de Las Montañas a quien rinden homenaje con una romería en septiembre.

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Algunos de los dulces que elabora.  MANU GARCÍA

Este espíritu innovador es algo que los clientes agradecen porque "si siempre ofreces lo mismo por buenos que estén la gente se va a cansar de esos dulces, hay que intentar cambiar alguna cosa y manteniendo una oferta cambiante".

Antes, por ejemplo, la materia prima la podían conseguir mediante el trato directo con otros vecinos. "Si alguien del campo tenía miel podía darnos una cantidad para hacer los dulces, ahora eso se acabó porque los controles de sanidad son mucho más rigurosos", explica.

Por supuesto, la introducción de las nuevas tecnologías también supuso un cambio radical en la forma de elaborar los productos. Para recordar esta vertiginosa transformación en el patio interior que conecta la nueva confitería -abierta hace apenas un año- y el obrador guardan varios artilugios que se utilizaban décadas atrás para llevar a cabo las distintas elaboraciones como la piedra donde molían a mano las almendras y el azúcar, los peroles, la máquina de hacer caramelos que data de 1930... Por desgracia no han tenido tiempo de recolocar todo como les gustaría y lo tienen todo tapado en un rincón por lo que no se pueden ver en condiciones.

"Cuanto más se va innovando más va creciendo la producción, esa es la principal diferencia porque a la hora de hacer los dulces seguimos los mismos pasos que antaño", explica Santiago. Algunos de los procesos más importantes son también los más básicos, por ejemplo el de untar el merengue. "No hay ninguna máquina que lo haga, es a mano y seguirá siendo a mano", añade.

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Cuentan con artículos muy antiguos pero en perfecto funcionamiento.  MANU GARCÍA

El obrador está situado tras el despacho donde venden los dulces. Se trata de un espacio de tamaño medio en el que diariamente trabajan unas siete personas de 06:30 horas a 14:00 horas, sin contar el trabajo extra que tiene que afrontar Santiago casi todas las tardes. "El nombre pesa. Es mucha responsabilidad porque tenemos que mantener el legado que nos dejaron e incluso intentar mejorarlo", indica.

Este espacio está perfectamente acondicionado para llevar a cabo esta labor y cuenta con aparatos modernos que se alternan con otros con mucha solera pero que, gracias al buen cuidado que se les ha dado, todavía son aptos para utilizarlos durante el trabajo. "Algunas están aquí y no en el museo porque todavía a veces nos sirven para trabajar. Si las cosas se cuidan pueden durar muchísimo. Aún conservamos una amasadora que tuvimos que dejar de utilizar porque el fabricante no hacía más piezas y nos dijo que podíamos jubilarla ya", cuenta entre risas.

Todos juntos contra la crisis

La crisis ha afectado con fuerza a este negocio al igual que a otros tantos del gremio. La subida de precios en las materias primas ha provocado importantes quebraderos de cabeza a sus propietarios, que agradecen la comprensión de los clientes porque "están enfadados, normal, pero saben que la culpa de la subida de precios no es nuestra. Estamos intentando remar en el mismo sentido".

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Parte del mural donde recogen fotos históricas del negocio.  MANU GARCÍA

Azúcar, aceite, harina, huevos han llegado a duplicar su precio. Lo mismo o peor ha ocurrido con la gasolina que ha subido tanto que les ha obligado a cancelar los repartos a domicilio. Se trata de una situación muy complicada que confían en poder capear como buenamente puedan con dedicación, trabajo y colaboración por parte de los vecinos.

Aún así, y pese a que "a veces te entran ganas de mandarlo todo a tomar viento", Santiago y sus hermanos siguen con ganas de que el negocio continúe sumando años y evolucionando a la par que mantiene las tradiciones que les han hecho grandes. Aunque la quinta generación familiar "parece que tiene la mira puesta en otros objetivos" de momento prefieren no centrarse en eso sino en el día a día, en mantener bien alto el nombre y la historia de la primera confitería de la provincia que aplicó la alta pastelería a sus deliciosos pasteles.

Sobre el autor:

Pablo Mata

Pablo Mata

Periodista, graduado en la Facultad de comunicación de Sevilla en el año 2020. Miembro de la Asociación de Prensa de Jerez. He hecho prácticas y colaborado en varios medios para ganar experiencia. También escribo en mi propio blog sobre mi pasión, el deporte, y ahora tengo la oportunidad de aportar mi granito de arena en lavozdelsur.es.

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