Impresionante reserva natural a solo 20 minutos del centro de Jerez: una ruta ideal para ir con niños

Un espacio protegido accesible, llano y lleno de fauna convierte esta laguna en uno de los paseos familiares más recomendables de la campiña gaditana

Vista del mirador en la Laguna de Medina, reserva natural en la campiña de Jerez.
Vista del mirador en la Laguna de Medina, reserva natural en la campiña de Jerez.
17 de febrero de 2026 a las 11:54h

A apenas veinte minutos de la Plaza del Arenal en pleno centro de Jerez, el paisaje urbano desaparece casi de golpe. La carretera, ya despejada de temporales, se abre a la campiña y, tras un último tramo rural, surge uno de los enclaves naturales más sorprendentes de la provincia: la Laguna de Medina. Este humedal protegido se ha convertido en una de las escapadas familiares más buscadas para quienes quieren naturaleza sin hacer excesivos kilómetros.

La reserva natural ofrece un recorrido cómodo y prácticamente llano, lo que la hace especialmente adecuada para caminar con menores. El sendero perimetral permite bordear buena parte del agua sin desniveles exigentes ni dificultad técnica. Precisamente esa accesibilidad explica su popularidad entre familias, colegios y visitantes ocasionales que buscan un plan al aire libre sencillo.

El entorno cambia según la época del año. En invierno el agua se expande y el paisaje adquiere un carácter más salvaje; en primavera la vegetación se densifica y aparecen aves con mayor frecuencia. La zona funciona como refugio de fauna y punto de observación habitual para quienes se inician en el turismo de naturaleza. Sin necesidad de prismáticos profesionales, es posible ver movimiento constante sobre la lámina de agua y en las orillas.

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Paisaje en la ruta de la Laguna de Medina.   LAVOZDELSUR.ES
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Sendero en la Laguna de Medina.

El terreno compacto facilita llevar carrito infantil o bicicleta pequeña

La ruta permite adaptar la distancia. Algunas familias optan por paseos cortos desde los miradores, mientras otras completan tramos más largos del sendero. El terreno compacto facilita llevar carrito infantil o bicicleta pequeña, algo poco habitual en espacios naturales protegidos.

Además del interés ambiental, la cercanía al núcleo urbano influye en su éxito. La laguna se plantea como alternativa rápida al ocio comercial: en menos de media hora se pasa del tráfico a un silencio solo interrumpido por aves y viento. Ese contraste explica su creciente presencia en recomendaciones locales y redes sociales.

Mucho más que aves

A pocos kilómetros de la ciudad, la Laguna de Medina funciona como un pequeño santuario natural en mitad del paisaje agrícola. Este espacio protegido no solo destaca por su tamaño —es la mayor laguna natural de la provincia— sino por la enorme variedad de vida que concentra en torno al agua, especialmente aves acuáticas.

El protagonismo lo tienen las especies ligadas al humedal. Entre las más singulares aparece la malvasía cabeciblanca, un ave amenazada que encuentra aquí uno de sus refugios andaluces más importantes. Junto a ella conviven ánades reales, patos cuchara, cercetas, fochas y zampullines chicos, visibles durante gran parte del año. A ras de orilla se mueven cigüeñuelas y avocetas, mientras que garzas y garcetas recorren la lámina de agua en busca de alimento.

El cielo tampoco permanece vacío. Sobre los carrizos suele planear el aguilucho lagunero, una de las rapaces más características del humedal, acompañado en determinadas épocas por milanos negros o cernícalos procedentes del entorno agrícola. Durante el invierno la laguna incrementa su actividad, ya que actúa como zona de descanso para aves migratorias, mientras que en primavera predominan los comportamientos de cría.

Aunque la observación ornitológica es su principal atractivo, el ecosistema es más complejo. En las zonas encharcadas habitan anfibios como la rana común, el sapo corredor o el gallipato, mientras que entre la vegetación acuática aparece el galápago leproso y la culebra viperina. En el entorno terrestre sobreviven mamíferos discretos —conejo, zorro o erizo— y al caer la tarde emergen murciélagos insectívoros.

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F. Jiménez

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