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Fuego y Sal es una empresa que distribuye productos andaluces a toda España y el resto de Europa.

“Los centros comerciales no dejan dinero en la ciudad. Antes nos invadían los vikingos y ahora el vikingo monta un Ikea. Hay que luchar por deshacernos de esos vikingos”. Saulo Ruiz tenía clara la filosofía que tenía que tener su empresa. Este ingeniero químico y su compañero Pablo Oliva, biólogo, llevaban tiempo dándole vueltas a una idea que se materializó hace casi tres años. Querían fomentar el consumo de los productos andaluces y se les ocurrió crear Fuego y Sal, que es “un homenaje a ese sol que germina la tierra y al mar que la envuelve con sus influjos”.

Fuego y Sal es ni más ni menos que una empresa que nace de la necesidad de dar salida al género de pequeños productores de la comunidad. Partían de una base: “No gusta comer, y siempre decíamos, pues ahora me tomaría un vino de tal zona… Pero era muy difícil encontrarlo”, explica Pablo. Y entonces se pusieron manos a la obra. Venden de todo: “Para comer” y “para beber”, como especifican en su web. Pero sobre todo vino. De Jerez y de las provincias de alrededor. “Hay vinos que se hacen a 200 kilómetros de aquí y no hay forma de encontrarlos”, se queja Saulo. Y pone un ejemplo: “El Botani, de Málaga, se sirve en la gala de los Premios Nobel y la gente no lo conoce. Es algo que no se entiende”.

Aunque esto también pasa con vinos de Jerez, los de bodegas pequeñas sobre todo. Blanca Reyes, Maestro Sierra, Álvaro Domecq… O especialidades como el Samaruco de Bodegas Luis Pérez. O el Garum, cuya crianza submarina ­–en Sancti Petri– lo hace más especial todavía. “Reivindicamos que aquí se hacen productos de calidad, a precio competitivo, pero son víctimas de una mala gestión y una noción equivocada de marketing”, sostiene Pablo. Su compañero Saulo tampoco lo entiende: “Cádiz es un ejemplo claro de colonización dentro de Europa, con lo rica que es y la precarización que tiene…”

Ellos intentan, aportando su granito de arena, que esto cambie. Todos los productos que distribuyen son andaluces. “El 100% del dinero lo movemos en Andalucía”, explica Saulo. Tienen 50 proveedores y más de 300 referencias. Aunque exigen un mínimo. Tienen que ser productos responsables con el entorno, ecológicos. “Que fomenten el empleo rural”, dice Pablo. La diferencia de precio, comparándolo con otros productos en masa que se encuentran en los supermercados, es mínima. “Un kilo de miel ecológica vale 7,80 euros, casi igual que otras que no lo son”, sostiene Saulo.

Ahora, en Navidad, tienen el repunte más alto en las ventas. Cada vez les piden más lotes de productos. “Muchos vienen buscando cosas diferentes para sorprender”, comentan. Venden en toda España, gracias a su tienda online, y desde unos meses para acá, al resto de Europa. “Hace poco mandamos dos cajas de vino a Finlandia”, comenta Saulo. La magia de internet. De Jerez al mundo. “Nuestra tienda online puede competir con una que haya en Madrid. Estamos abiertos 24 horas, 365 días al año”. Que los encuentren en los buscadores es clave, algo en lo que han invertido mucho esfuerzo y recursos. “Trabajando bien el posicionamiento tienes una tienda en calle Larga, haciéndolo mal, en la calle Justicia”, dice gráficamente Saulo.

Entre los dos hacen de todo. Buzonear, preparar pedidos, repartirlos… Ellos y José María, que trabaja con ellos, el único que “vive de esto”, dicen. Saulo y Pablo tienen otros negocios y le dedican mucho esfuerzo y dinero al proyecto para que, más pronto que tarde, sea rentable. Este proyecto –que ellos definen como “una filosofía de vida”–, pretende ofrecer una “vivencia cultural” más que “un mero bien de consumo”. En ello andan.

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