Subir al Barrio Alto de Sanlúcar de Barrameda es hacerlo, literalmente, hacia el origen. La pendiente de la Cuesta de Belén marca una transición física, pero también histórica. Arriba quedó la ciudad primitiva, la medieval, protegida por murallas entre los siglos XIII y XV, donde se concentraron palacios, iglesias, conventos y casas de comerciantes cuando Sanlúcar fue enclave estratégico en el comercio con las Indias.
La ruta monumental del Barrio Alto propone doce paradas ordenadas que permiten entender esa evolución. No siempre es sencillo enlazarlas todas —los horarios de visita varían en algunos de los puntos, pero merece la pena organizarse para disfrutarlos—, aunque el itinerario marcado por el propio ayuntamiento tiene coherencia.
A lo largo del paseo se mezclan vecinos que cruzan el patio de su casa con naturalidad, grupos con guía que desgranan fechas y estilos, visitantes llegados desde distintos puntos de España y algunos extranjeros que descubren una dimensión menos conocida de la provincia. El itinerario arranca en Las Covachas y asciende sin brusquedad hacia el corazón del antiguo perímetro amurallado.
De mercado medieval a residencia ducal
Las Covachas, punto número uno, son uno de los símbolos del Barrio Alto. Construidas en el siglo XV en estilo tardogótico, forman una galería de arcos apuntados adosada a la muralla medieval, coronada por un friso de dragones esculpidos en piedra. Pertenecieron al conjunto del Palacio Ducal de Medina Sidonia.
"Es un poco un enigma todavía en Sanlúcar", explica Silvia López. "Las mandó construir el segundo duque de Medina Sidonia, pero no tenemos documentación suficiente para saber exactamente qué eran en su origen". Sí se sabe que funcionaron como mercado de abastos en plena época del comercio con América. "Los barcos paraban aquí antes de seguir hacia Sevilla. Esto se convirtió en un mercado y la zona de alrededor también".

Hoy el espacio acoge el Centro de Interpretación de la Manzanilla. "Queríamos dar visibilidad a un vino que solo se puede hacer aquí", señala López, que es la ecargada del lugar. La entrada de la visita cuesta un euro —gratuita para locales y niños— y conecta el pasado mercantil con la identidad vinícola actual.
El segundo punto, el Auditorio de La Merced, ahora Auditorio Manolo Sanlúcar, recuerda la intensa presencia conventual del siglo XVII. Antiguo convento de Merdearios con un marcado estilo protobarroco, formó parte de los numerosos conventos vinculados a la evangelización del Nuevo Mundo. El Barrio Alto no fue solo centro político; también fue espacio de irradiación religiosa.

Actualmente, es un espacio donde se celebran todo tipo de eventos, aunque su interior presume de una riqueza patrimonial que deja embobado a todo aquel que se fije en los detalles. También por las distintas exposiciones artísticas, es una parada obligatoria para los amantes de la cultura.
Un ayuntamiento entre arte e historia
El tercer alto en el camino es el Palacio de Orleáns Borbón, actual ayuntamiento de la ciudad. Construido en el siglo XIX como residencia de verano de los duques de Montpensier, responde a un estilo neomudéjar y conserva jardines de traza inglesa abiertos al público.
Beatriz Cantarero, visitante llegada desde Mijas, pasea por el patio sin saber que aquel edificio fue palacio, aunque no tarda en veriguarlo al leer su historia en los distintos carteles. "Me está gustando mucho el casco antiguo y pensar en todo lo que ha sido esto. Es importante que se le dé uso público. En cada rincón hay historia". Su impresión resume una constante: la sorpresa ante la reutilización patrimonial.

Entre estos puntos, calles como Caballeros o Caridad completan el relato. Las casas señoriales de los siglos XVII al XIX y las antiguas viviendas de los comerciantes evocan la prosperidad vinculada al comercio atlántico.
Entre iglesias y murallas
La Basílica de Nuestra Señora de la Caridad, cuarto punto, introduce la dimensión devocional. Construida en el siglo XVII en estilo manierista, alberga a la patrona de la ciudad. Fue mandada edificar por el VII duque de Medina Sidonia, Capitán de la Armada Invencible, que descansa a los pies del altar mayor.

La Puerta de Rota, quinto punto, recuerda el antiguo perímetro amurallado levantado entre los siglos XIII y XV. Aunque rehecha en el siglo XX, mantiene su valor simbólico como uno de los accesos principales a la ciudad medieval. Muy cerca, la Iglesia de San Miguel, barroca y del siglo XVII, destaca por su espadaña junto a la desaparecida Puerta de Jerez. Al estar situada en la ciudad, su acceso es libre. Y, aunque no sea especialmente grande, la historia que le rodea obliga al visitante a querer pararse a observarla de frente y por detrás.

Siguiendo en el orden principal, el siguiente punto es la Parroquia de Nuestra Señora de la O, que devuelve al visitante al siglo XIV. Su portada mudéjar y el artesonado interior conviven con un retablo mayor y capillas laterales de notable valor artístico. La exposición de arte sacro amplía la experiencia, aunque para visitarla hay que encontrarla abierta o ir a una de las misas que se celebran durante la semana.

El poder de los Guzmanes y la vida entre muros
La octava parada marca uno de los momentos centrales del recorrido: el Palacio de Medina Sidonia. Construido en el siglo XV sobre un antiguo alcázar árabe, es hoy sede de la Fundación Casa Medina Sidonia y custodia el archivo histórico de la Casa Ducal.
"Aquí se visita el palacio, el patrimonio mobiliario y pictórico y, sobre todo, el archivo histórico", explica Liliane Dahlmann, directora conservadora y presidenta de la fundación. "Es uno de los más importantes de Europa". La casa sorprende al visitante, por ser uno de los secretos más espectaculares en cuanto a visitas. "Por fuera es austera, pero cuando entras descubres obras de Juan de Roelas, del Divino Morales, tapices, mobiliario desde el siglo XV al XVIII. Es una casa museo".

La entrada general cuesta diez euros, gratuita para menores y personas con discapacidad. "El público es mayoritariamente español, mucha gente de Madrid y del norte. En septiembre y octubre vienen más extranjeros", señala Dahlmann, que lleva 44 años vinculada al lugar. "Es un trabajo gratificante, pero exige responsabilidad. Conservamos un patrimonio que nos fue legado".

Un convento reconvertido en viviendas
El antiguo convento de los Jesuitas, noveno punto, muestra la transformación del patrimonio. Tras la desamortización tuvo usos diversos —escuela, cuartel de la Guardia Civil, bodegas— y hoy es una casa de vecinos gestionada por la Junta de Andalucía.
"Fue convento, luego cuartel y ahora es patio de vecinos", resume Regla Ramón Macías, una de las vecinas del lugar que se encuentra regando sus plantas tras la visita de un grupo de turistas. "Vienen muchos turistas con guía y les cuentan su historia. Todo el mundo que viene se enamora del Barrio Alto". Reconoce que el mantenimiento es complicado, pero valora el entorno.

Mila Caputo, que lleva más de veinte años viviendo allí, destaca la convivencia. "Aquí he criado a mis hijos. Jugaban en el patio con sus bicicletas y patines. Ha sido una infancia muy bonita". El espacio conserva el espíritu de los antiguos patios andaluces, conservando dos de ellos con una gran convivencia vecinal, donde la historia monumental convive con la vida cotidiana.

Los restos de la muralla medieval, décimo punto, visibles a lo lejos entre el caserío, recuerdan la arquitectura defensiva que definió la ciudad durante siglos. Puede ser el punto de la ruta con menos interés entre los visitantes, pues apenas se ve bien. En sus alrededores, el CEIP Albaicín acapara todos sus alrededores, y por la calle paralela solo se ven los edificios.

El Castillo de Santiago, símbolo de linaje y poder
El penúltimo punto, el Castillo de Santiago, concentra buena parte del peso histórico del Barrio Alto. Levantado entre 1477 y 1478 por D. Enrique Pérez de Guzmán, II duque de Medina Sidonia, responde más a una pugna aristocrática que a una necesidad estrictamente militar frente al reino nazarí.
El castillo no se diseñó para controlar la desembocadura del Guadalquivir ni para combatir a los nazaríes en la fase final de la guerra de Granada. Su construcción fue, sobre todo, un símbolo de poder en el contexto de la rivalidad entre los Guzmán y Rodrigo Ponce de León.

Arquitectónicamente, presenta uhna planta cuadrangular con patio de armas central, torreones en los ángulos y cubos semicilíndricos en las cortinas. La Torre del Homenaje, de planta hexagonal, alcanza los 30 metros de altura. Subir a ella es obligatorio para disfrutar, como muchísimos visitantes tan diversos, de la panorámica sanluqueña más espectacular. Eso sí, con una botella de agua en la mano y predisposición a subir sus tantas ecaleras.

Desde su construcción hasta 1645 funcionó como fortaleza ducal. Por Sanlúcar pasaron figuras como Isabel la Católica, Cristóbal Colón, Fernando de Magallanes o Juan Sebastián Elcano, en tránsito hacia Sevilla, donde se encontraba la Casa de la Contratación.
"Es el castillo más grande de la provincia de Cádiz, con más de 5.000 metros cuadrados en planta y 30 metros de altura en su torre principal", se explica durante la visita. "Es un enclave único donde no solo se disfruta de la historia y la cultura, sino también del entorno que rodea Sanlúcar".
En 1853 fue cuartel de la escolta del duque de Montpensier. Después pasó al Ministerio de la Guerra y más tarde al Ayuntamiento, que lo utilizó como hospital y comedores. El abandono provocó su deterioro hasta que en 2003 Álvaro Taboada de Zúñiga asumió su gestión y rehabilitación con fondos privados. El proceso culminó en 2015, poniendo fin a décadas de degradación.

El último punto de la ruta es la Iglesia de San Diego, antiguo convento de monjes dieguinos del siglo XVII, que cierra el itinerario reforzando la presencia conventual que marcó el Barrio Alto.
Al descender hacia la parte baja, queda la sensación de haber recorrido una estructura urbana que mantiene coherencia histórica. El Barrio Alto no es un decorado aislado: es la raíz de Sanlúcar de Barrameda, un espacio donde murallas, palacios, conventos y viviendas siguen formando parte de la vida diaria. Subirlo es entender de dónde viene la ciudad. Bajarlo, mirarla con otra perspectiva.



