Pedro Sánchez pone fin a su controvertida visita a China, una visita que ha coincidido en el tiempo tanto con el conflicto de Oriente Medio como con la imputación, finalmente, de su esposa, Begoña Gómez, que iba de acompañante del presidente (de hecho, parte de la visita fue de carácter privado). "Hemos elevado la interlocución política con China al mayor nivel de los últimos 53 años", han sido las primeras valoraciones del viaje que ha efectuado Sánchez.
Oficialmente, la idea de este viaje –el cuarto de carácter oficial que lleva a cabo el presidente al gigante asiático– era estrechar los lazos económicos entre ambos países, desde la perspectiva de que la balanza comercial está muy desequilibrada a favor de China. Números redondos, las exportaciones de España a China son ligeramente superiores a los 8.000 millones de euros, mientras que la gran potencia asiática exporta a nuestro país por valor de 50.000 millones de euros. Sánchez aboga por una relación económica "más estrecha, mucho más sana y mucho más equilibrada", en sus propias palabras. Pese a ese desfase, el propio Sánchez estima que en 2025 las exportaciones españolas crecieron en torno a un 7%, en buena medida, entiende, debido a la profundización de las relaciones bilaterales.
En encuentros con empresarios chinos, España ha mostrado su interés en recibir inversiones relacionadas principalmente con sectores de tecnología punta, como vehículos eléctricos, energía eólica e Inteligencia Artificial. Son inversiones que, además de empleo, "deben transferir conocimiento y además reforzar nuestras cadenas de valor", en palabras del propio presidente.
En la misión de Sánchez no han faltado los empresarios, pero la componente política, de cara a la opinión pública, ha pesado por encima de la económica a la hora de dar titulares. Resultó especialmente curioso la coincidencia de Pedro Sánchez y del presidente chino, Xi Jinping, del uso del término "el lado correcto de la historia" en sus respectivos discursos tras su encuentro, una muletilla con la que ambos países han querido justificar, mirando de reojo, su posición respecto a la crisis de Oriente Medio, en la que España le ha negado a Estados Unidos el uso de las bases de Rota y Morón, y China, que es uno de los principales compradores de petróleo de Irán, está manteniendo una actitud moderada ante los acontecimientos.
Otro tema es de las relaciones entre Unión Europea (UE) y España. Desde la Comisión hay cierto recelo respecto a estas relaciones con China, pero es cierto que, al fin y al cabo, todas las grandes potencias europeas tienen línea bilateral abierta con la potencia asiática. Digamos que esa rectitud de la UE se ha distendido un tanto a medida que las relaciones tanto de la propia UE como de la OTAN con el presidente Donald Trump se han ido deteriorando.
Trump ensalza a China
Trump precisamente ha tenido hoy miércoles unas palabras sobre el papel de China en el conflicto de Oriente Medio, al afimar que "China está muy contenta de que esté abriendo permanentemente el estrecho de Ormuz. Lo estoy haciendo por ellos también. Han acordado no enviar armas a Irán. El presidente Xi me dará un gran abrazo cuando vaya allí dentro de unas pocas semanas. ¡Estamos trabajando juntos de manera inteligente y muy bien! ¿No es eso mejor que pelear?", afirmó. Eso sí, Trump no pudo evitar alguna de sus habituales bravatas al concluir diciendo "pero recuerden, somos muy buenos peleando si tenemos que hacerlo, ¡mucho mejores que cualquier otro!".



