Malú ha hablado con inusual franqueza sobre la crianza de su hija, fruto de su relación con Albert Rivera, y ha revelado una norma que rige en su casa desde que la niña era un bebé: "La palabra 'gordo' no existe". La cantante lo explicó en el podcast Poco se Habla, donde detalló cómo intenta alejar a la pequeña de los estereotipos corporales y del vocabulario que asocia el peso a algo positivo o negativo.
"Una de las cosas con mi niña que tengo, además, es que me crispo cuando pasa a mi alrededor... En casa no existe gordo, ni flaco, delgada bien, gordo mal, no existe", explicó la artista. La cantante puso ejemplos concretos de las frases que ha desterrado de su entorno familiar: "Lo del 'ay, no vayas a comer eso que al final te vas a poner muy gorda', o 'mira qué culo'". Y añadió: "Eso es algo que yo llevo, de verdad, machacando desde que la niña es un bebé. Que no sepa ni que existe eso, que somos todo el mundo lo mismo, unas personas tienen un cuerpo y otras tienen otro".
Malú reconoció tener "obsesión con eso" por el miedo a que su hija llegue a preocuparse por ese tipo de cuestiones. "Porque al final es, desde muy pequeña, diciendo 'no puedo comer, esto no' y el día que comes te comes todo, con una ansiedad horrible. Sales que no puedes ni andar, ya te sientes fatal y ahora otra vez a no comer", describió durante la conversación.
Una preocupación que nace de su propia experiencia
El origen de esa insistencia no es casual. La sobrina de Paco de Lucía contó hace casi dos años en el podcast de Vicky Martín Berrocal que en el pasado sufrió un trastorno de la conducta alimentaria, enfrentándose a la anorexia tras obsesionarse con la delgadez cuando era más joven. A juzgar por sus declaraciones actuales, la artista parece haber convertido esa experiencia personal en una guía educativa: proteger a su hija haciéndola consciente desde pequeña de que existen muchos tipos de cuerpos y de que ninguno es mejor que otro.
Se trata de un enfoque que coincide con lo que recomiendan numerosos especialistas en prevención de trastornos alimentarios, que insisten en la importancia de evitar en el entorno familiar los comentarios sobre el cuerpo, la clasificación de los alimentos entre "buenos" y "malos" y la asociación del peso con el valor personal, especialmente durante la infancia.
Una crianza compartida y protegida de los focos
Malú y Albert Rivera fueron padres en junio de 2020. Durante los tres primeros años de la niña, la pareja permaneció unida y mantuvo una política estricta de protección de su imagen: nunca publicaron su rostro en redes sociales ni permitieron que la prensa la fotografiase, una decisión poco habitual entre parejas de tanta exposición mediática.
A mediados de 2023 la relación llegó a su fin y ambos pasaron a compartir la custodia. Según ha trascendido, alcanzaron un acuerdo por el que se turnan el cuidado de la pequeña, organizándose entre ellos y repartiendo el tiempo que pasa con cada uno. Las decisiones sobre cómo educarla se toman también de forma conjunta, con la particularidad añadida de que ambos progenitores son figuras públicas conocidas.
Precisamente esa notoriedad empieza a ser perceptible para la niña, que ya tiene seis años. En declaraciones recogidas por la revista ¡Hola!, la cantante explicaba que su hija "ahora empieza a entender un poco que hay cosas raras, que hay cosas diferentes que a otras madres no les pasa". Ahí reside el reto que Malú afronta como madre y celebridad: gestionar situaciones cotidianas como que le pidan una foto por la calle o que la pequeña pueda verla en televisión, buscando que su hija lleve una vida lo más normal posible pese al foco mediático que rodea a sus dos progenitores.
Malú ha hablado con inusual franqueza sobre la crianza de su hija, fruto de su relación con Albert Rivera, y ha revelado una norma que rige en su casa desde que la niña era un bebé: "La palabra 'gordo' no existe". La cantante lo explicó en el podcast Poco se Habla, donde detalló cómo intenta alejar a la pequeña de los estereotipos corporales y del vocabulario que asocia el peso a algo positivo o negativo.
"Una de las cosas con mi niña que tengo, además, es que me crispo cuando pasa a mi alrededor... En casa no existe gordo, ni flaco, delgada bien, gordo mal, no existe", explicó la artista. La cantante puso ejemplos concretos de las frases que ha desterrado de su entorno familiar: "Lo del 'ay, no vayas a comer eso que al final te vas a poner muy gorda', o 'mira qué culo'". Y añadió: "Eso es algo que yo llevo, de verdad, machacando desde que la niña es un bebé. Que no sepa ni que existe eso, que somos todo el mundo lo mismo, unas personas tienen un cuerpo y otras tienen otro".
Malú reconoció tener "obsesión con eso" por el miedo a que su hija llegue a preocuparse por ese tipo de cuestiones. "Porque al final es, desde muy pequeña, diciendo 'no puedo comer, esto no' y el día que comes te comes todo, con una ansiedad horrible. Sales que no puedes ni andar, ya te sientes fatal y ahora otra vez a no comer", describió durante la conversación.
Una preocupación que nace de su propia experiencia
El origen de esa insistencia no es casual. La sobrina de Paco de Lucía contó hace casi dos años en el podcast de Vicky Martín Berrocal que en el pasado sufrió un trastorno de la conducta alimentaria, enfrentándose a la anorexia tras obsesionarse con la delgadez cuando era más joven. A juzgar por sus declaraciones actuales, la artista parece haber convertido esa experiencia personal en una guía educativa: proteger a su hija haciéndola consciente desde pequeña de que existen muchos tipos de cuerpos y de que ninguno es mejor que otro.
Se trata de un enfoque que coincide con lo que recomiendan numerosos especialistas en prevención de trastornos alimentarios, que insisten en la importancia de evitar en el entorno familiar los comentarios sobre el cuerpo, la clasificación de los alimentos entre "buenos" y "malos" y la asociación del peso con el valor personal, especialmente durante la infancia.
Una crianza compartida y protegida de los focos
Malú y Albert Rivera fueron padres en junio de 2020. Durante los tres primeros años de la niña, la pareja permaneció unida y mantuvo una política estricta de protección de su imagen: nunca publicaron su rostro en redes sociales ni permitieron que la prensa la fotografiase, una decisión poco habitual entre parejas de tanta exposición mediática.
A mediados de 2023 la relación llegó a su fin y ambos pasaron a compartir la custodia. Según ha trascendido, alcanzaron un acuerdo por el que se turnan el cuidado de la pequeña, organizándose entre ellos y repartiendo el tiempo que pasa con cada uno. Las decisiones sobre cómo educarla se toman también de forma conjunta, con la particularidad añadida de que ambos progenitores son figuras públicas conocidas.
Precisamente esa notoriedad empieza a ser perceptible para la niña, que ya tiene seis años. En declaraciones recogidas por la revista ¡Hola!, la cantante explicaba que su hija "ahora empieza a entender un poco que hay cosas raras, que hay cosas diferentes que a otras madres no les pasa". Ahí reside el reto que Malú afronta como madre y celebridad: gestionar situaciones cotidianas como que le pidan una foto por la calle o que la pequeña pueda verla en televisión, buscando que su hija lleve una vida lo más normal posible pese al foco mediático que rodea a sus dos progenitores.
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