El renacer de Casa Flores, alimentando a rostros famosos desde 1975

Álvaro Flores, de 39 años, recupera el mítico Casa Flores de El Puerto con una estética adaptada a los tiempos pero con la misma esencia del local que floreció en los 70 de la mano de su padre, Paco Flores

Álvaro Flores en una de las paredes del restaurante Casa Flores.
Álvaro Flores en una de las paredes del restaurante Casa Flores. Autor: Manu García

A pocos metros del río Guadalete, hace 45 años un joven portuense inauguró una cervecería frente al Parque Calderón. A sus 31 años, el hostelero Paco Flores le dio vida al que se convirtió en uno de los restaurantes más prestigiosos de El Puerto. Del mítico Casa Flores, que echó a andar en 1975, ahora solo queda la barra y una chimenea, pero mantiene la identidad de aquellos años en los que las mesas rebosaban de famosos con platos alardeando la Bahía de Cádiz.

“Él empezó de lo más bajo, desde chico, se quedó sin padres, tenía a sus hermanos a cargo y desde muy joven ha estado trabajando en los bares fregando vasos”, comenta Álvaro Flores, hijo del fundador orgulloso de su padre. “Empezó siendo de lo más pobre y humilde y llegó a montar un imperio, con su inquietud fue creciendo poco a poco y teniendo una reputación hasta llegar a lo que es”, dice sentado en uno de los dos reservados del establecimiento con 875 metros cuadrados.

“Empezó siendo de lo más pobre y humilde y llegó a montar un imperio"

Sus ojos han presenciado los pasos de su padre, cómo agrandaba cada vez más el local y hacía sentir a gusto a generaciones de familias. Desde siempre lo admiró. “Yo quería seguir con los pasos de mi padre, para mí era mi superhéroe, ojalá llegue yo a la mitad de lo que fue él, con eso me conformaría”, expresa Álvaro recordando al que le despertó su pasión por la gastronomía y el negocio. Con 17 años, el responsable del restaurante fue a la escuela de hostelería de Cádiz, aunque él, por aquel entonces, ya estaba empapado de consejos sobre cómo llevar un bar para adelante y entendía las labores de la cocina.

El dueño del restaurante durante la entrevista.
El dueño del restaurante durante la entrevista. Manu García

“Yo esto lo he mamado desde pequeño”, sostiene Álvaro con la mente en el siglo pasado cuando su padre aún merodeaba por los pasillos del emblemático restaurante. “Aquí había unas buenas cavas de puros y yo recuerdo de chico el ambiente ese de oler a puro cuando se podía fumar en los salones, el olor ese me recuerda mucho a cuando estaba por aquí”, dice el enamorado del vino que veía al fundador trinchar.

En febrero de 2014, todo lo que había creado se desmoronó dejando huérfano aquel rincón del que habían disfrutado tanto personalidades de todo el mundo como familias que todavía se emocionan al pasar por la puerta. “Se perdió todo, nos embargaron, cuando se cierra esto yo tenía tanta pena…”, lamenta el hostelero que decidió marcharse de la ciudad para seguir su trayectoria.

“Yo esto lo he mamado desde pequeño”

Desde entonces, trabajó en restaurantes de lujo y hoteles en Chiclana, Sevilla, Lanzarote, Soria hasta acabar en Toledo donde la vida le brindó la oportunidad de recuperar Casa Flores, revivirlo. “En una cena estaba sirviendo a mi jefe y a sus amigos y uno de ellos me preguntó: -Oye, tú no eres de la zona, y le dije: -Soy de El Puerto, y me dice: -Yo tengo una casa allí, y le digo:-¿Conoces Casa Flores? Y me dice: -Hombre, a mí me encanta yo iba mucho a comer que pena que esté cerrado. Y cuando le dije que era mío se levantó y me dio un abrazo”, explica Álvaro que relata como al día siguiente su jefe le comunicó su intención de comprar el restaurante. “Para mí fue, los pelos de punta, ilusionado y muy contento”, reconoce.

El restaurante mantiene la barra de sus inicios en los 70.
El restaurante mantiene la barra de sus inicios en los 70. Manu García

Así, volvió a su ciudad natal y se puso manos a la obra. Sin embargo, a los 10 días de empezar la reconstrucción llegó la pandemia. Todo se paralizó durante un mes hasta que el 17 de julio de este año abrió sus puertas con aires renovados. Álvaro ha procurado que todo esté como antes, en cuanto a las especialidades de la casa se refiere, después de seis años clausurado. “La acogida fue brutal, no me lo esperaba así, todos los días llenos”, comenta el que optó por incorporar el servicio a domicilio porque clientes antiguos le llamaban pidiéndole disculpas por no ir al darle miedo la pandemia.

Álvaro recorre el espacio con entusiasmo deteniéndose en cada rincón. En la entrada principal Antonio Herrera, primo del fundador y encargado de la sala prepara los alimentos. “Estuve trabajando con el gran jefe en el hotel playa de la Luz de Rota cuando tenía 13 años”, añade el que acompañó a Paco en su aventura y todavía no ha salido de ella. “De aquí me tienen que echar con agua hirviendo”, expresa con alegría de volver a su casa.

Antonio Herrera, primo del fundador y metre.
Antonio Herrera, primo del fundador y metre. Manu García

En la cocina de Casa Flores no falta la materia prima de la Bahía de Cádiz. Los pescados y el marisco son su fuerte, aunque no descuidan las carnes y les dan cabida a las gambas de Huelva, a los percebes o a las ostras gallegas. “Robamos lo mejor que hay en cada punto de España para tenerlo aquí”, comenta Álvaro que destaca la ensaladilla. “Aquí es una locura, patatas, mayonesa y gambas y la gente alucina, la hacemos de una manera distinta y me llena de orgullo cuando la gente me dice que es igual que la que había antes”, afirma mientras da una vuelta por el local que cuenta con una decoración nueva. Según él, “lo que hemos hecho es Casa flores 2.0, es una evolución sin cambiar el producto, nos hemos actualizado a los tiempos”.

Álvaro realiza un tour por cada recoveco de Casa Flores, que reluce con un toque marinero y mucha personalidad. Cada sala lleva el nombre de aquellos que han hecho posible su reapertura y otros amigos de la casa. Los socios Alejandro Ayala y los hermanos Resustas, Humberto Parra, pintor de escenas taurinas que ha realizado los cuadros de lugares de El Puerto que cuelgan de las paredes, y el compositor Manuel Alejandro dan nombre a los dos reservados, la tapería y el salón.

Álvaro enseña el salón principal de Casa Flores.
Álvaro enseña el salón principal de Casa Flores. Manu García
Un cangrejo en la vitrina.
Un cangrejo en la vitrina.​ 

El dueño se dirige al salón principal pintado de blanco imitando a los pueblos marineros. Se distingue un guiño a las luces de los barcos y otro a los remaches y a la cubierta de los yates con listones negros. Detalles marineros que continúan en la zona de tapería donde se observa una especia de altar a su padre con un retrato de Humberto Parra rodeado de recuerdos. La figura de Paco está muy presente. “A la terraza le hemos puesto Paco Flores en memoria de mi padre”, cuenta Álvaro asomándose al antiguo patio de vecinos que mantiene el restaurante y pisando un suelo rescatado de un palacio de Córdoba del siglo XIV.

La pared de la tapería desvela que por Casa Flores han pasado políticos, deportistas y artistas de todo tipo. En verano se acercaron Alejandro Amenábar y el actor Karra Elejalde pero en las décadas de los 70, 80 y 90 Curro Romero, Enrique Ponce, Julio Iglesias o el actor de Hollywood Adrien Brody degustaron sus platos. “Todos los pilotos de fórmula 1 o de moto gp de la época y también futbolistas del Sevilla del Betis”. Álvaro enumera una lista de rostros conocidos que forjaron la identidad del local que nadie quería dejar de visitar.

Recuerdos de Paco Flores con artistas en la zona de tapería.
Recuerdos de Paco Flores con artistas en la zona de tapería. Manu García

Los recuerdos reviven en la mente del portuense. “Aquí venían diplomáticos y políticos de la OTAN cuando se reunían en la base de Rota, siempre que entraba alguien en el aseo iba un guardaespaldas para ver si había dejado algún tipo de bomba y se metía en la cocina por si echaban veneno a la comida”, comenta.

En el año de la pandemia Casa Flores se sumerge en una nueva etapa con ilusión. El hostelero quiere seguir llevando el nombre a lo más alto, continuar con un local que ha resonado a nivel nacional e internacional en boca de clientes satisfechos. Ahora, Álvaro se reinventa y sigue dándole a la cabeza. “El año que viene vamos a comprar el local de al lado y vamos a hacer una bodega, en la cual la persona pueda acercarse y elegir la botella”, cuenta el portuense que también ha incorporado un servicio de catering para eventos. “Lo tendremos en cuando la ley y el virus este nos deje tranquilos”, añade. El resurgir de Casa Flores, la vuelta a las andadas y la emoción se respira en el interior donde se refleja el homenaje a su padre, “no quiero estar en otro sitio que no sea aquí”.

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