Ave María purísima… Soy más de salados que de dulces, pero en estas fechas a nadie amarga un polvorón. Y menos aún si son del convento de Santa María de Gracia, de Jerez.

Estrené escolaridad con dos años en la guardería que las religiosas de Santa Rita tenían hasta los 80 en la plaza Melgarejo. Justo en la puerta de la esquina, donde hoy las monjas y novicias, la mayor parte procedentes de Kenia, tienen su taller de bordados y costura.

Guardo un recuerdo entrañable de sor Paz, sor Fátima, sor Mercedes y de la Madre Campoy. De aquel patio con un enorme limonero en el centro, las pequeñas y modestas aulas, las obras teatrales, los villancicos, del Ay del chiquirritín, del Belén viviente en el altar de la iglesia… A mediados de los 70 las monjitas hacían su “agosto” en las vísperas de las Pascuas. En el torno se formaban verdaderas colas. La ingente demanda de polvorones y pestiños por parte de los jerezanos se despachaba sobradamente entre la media docena de obradores de conventos y las pastelerías de toda la vida.

La llegada paulatina de grandes superficies y supermercados, con las ofertas al por mayor nada más entrar el otoño, hizo menguar la producción y la venta de repostería navideña de clausura. En el caso de las de Gracia se encontraron además con la despoblación del casco histórico y la creciente dificultad para acceder en coche a la calle Juana de Dios Lacoste.

Sin embargo, en los últimos años se está notando una lenta pero evidente recuperación de las tradiciones y el interés por lo auténtico vuelve a estar de moda y a tener su público. Además, el ambientazo que se vive en Jerez desde que las Zambombas han alcanzado su momento álgido ha vuelto a convertir por unas semanas el torno de Santa Rita en sitio de paso para cientos de personas.

Ya digo que soy más de salado, pero de Santa Rita me quedo con toda la repostería de un recetario que parece haberse detenido un siglo atrás: alpisteras, milindricos, bollos de leche, tocinos de cielo, pastas, tartas por encargo… Todos a un precio muy razonable y con el sabor de siempre.

Ahora, en Navidad, mis preferencias son los mazapanes (los mejores que conozco), los polvorones de canela y las tartas de polvorón de chocolate. A poco más de tres euros la docena de cada. Es meterme un trozo en la boca, cerrar los ojos y reencontrarme de inmediato con los mismos olores y sabores de mi infancia. La manteca de cerdo, la almendra, la harina de trigo, la vainilla, el azúcar, la canela o el chocolate, la cocción justa…

Este sábado volví a la puerta de la Gloria. En cuanto acabe vuelvo a por más.

…Sin Pecado Concebida.

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