Desayunos del mundo, 'brunch' y cócteles en TK3, el chiringuito más 'hippie' y de moda en la Bahía

El local con terraza cumple 15 años en la playa de El Manantial de la mano de los Montoya, una familia de Utrera que lo mismo sirve en su local mimosas y 'Bloody Mary' que huevos benedictinos

Desayunos del mundo, 'brunch' y cócteles en TK3, el chiringuito más 'hippie' y de moda en la Bahía

María Montoya durante la entrevista. FOTO: MANU GARCÍA
María Montoya durante la entrevista. FOTO: MANU GARCÍA
Desayunos. FOTO MANU GARCÍA
Desayunos. FOTO MANU GARCÍA

En un recoveco de la playa del Manantial de El Puerto, los rayos de sol del verano aún se cuelan por las cristaleras coloridas del bar TK3, un local con aires marineros que abrió sus puertas hace 15 años. “Mi padre, Ricardo Montoya, llegó aquí hace 25 años y montó la discoteca El niño perdido, después vio la oportunidad de abrir este negocio en este local, que estaba cerrado, y se montó con muchas ganas en 2005”, explica su hija María, que junto a sus otros tres hermanos regentan varios establecimientos de ocio nocturno en la localidad portuense.

La familia, natural de Utrera, “aunque ya somos portuenses”, sacó adelante este bar de copas al que Ricardo decidió bautizar con el nombre de TK3, dos letras y un número, que “realmente no tiene ningún significado”, según aclara. María, sentada en una de las mesas del local, comenta que su padre “conoció a una chica argentina que era publicista y fue ella quien se lo inventó todo, tanto el logo, como el nombre”.

Aunque en las playas de El Puerto ya se distinguían los típicos chiringuitos, este aterrizó en la costa gaditana convirtiéndose en la novedad. "La verdad que por aquí había muy pocos que fueran un edificio con una terraza en la playa”, dice María recordando los inicios de TK3, ahora a cargo de su hermana Marta.

Interior de TK3 en El Puerto. FOTO: MANU GARCÍA

Los Montoya reformaron el local, que “estaba fatal”, dándole una “estética diferente y hippie” que encandila a cualquiera que entre en su interior. Madera, peces de colores que cuelgan del techo, sirenas y caracolas son los motivos que adornan este rincón que se mantiene tal y como se preparó, salvo “algunos cuadros que se deterioraron por el mar”.

La decoración, a gusto de la tía de los hermanos, que es diseñadora de interiores, está confeccionada artesanalmente con un toque “bohemio” y marino porque “mi padre siempre ha sido un hombre muy enamorado del mar”. Destacan las “lámparas de nácar hechas por un chico portugués, que antes no se veían mucho, o los cuadros de una chica de Vejer que también pinta en tela, intentamos cuidar mucho esos detalles”, afirma María repasando con sus ojos cada elemento de la sala.

Pese al encanto de TK3, donde se cuida hasta la iluminación según el momento del día, la sevillana reconoce que “el primer año que abrimos no venía nadie, pero nadie, porque a esta playa venía poca gente”. Sin embargo, el empeño de la familia hizo que se convirtiera en uno de los bares de copas de referencia en la ciudad.

Decoración relacionada con el mar. FOTO: MANU GARCÍA

“Nosotros fuimos casi de los primeros que metió la coctelería como una innovación para que la gente, en vez de tomarse un gintonic o una cerveza, se tomara un coctel”, comenta María con desparpajo. Desde el principio, fue el ron collit el cóctel que cautivó a la clientela. “Es muy nuestro, lo inventó un barman noruego que trabajó con nosotros el primer verano y durante muchos años ha sido el más vendido”, dice a la que le parece “muy apetecible, dulce y con poco alcohol” porque lleva lima, azúcar moreno, zumo de naranja y ron miel.

En su carta de cocteles también predominan los daiquiris, las piñas coladas, los mojitos o las margaritas, así como otras opciones más singulares como la Banana mamá, que se elabora mezclando plátano, crema de coco, ron blanco, granadina y un poco de leche en la batidora.

Además de la coctelería y los smoothies, hace tres años TK3 añadió una carta de desayunos, para seguir “reinventándonos”. Así, sumaron una oferta de platos combinados propios del brunch que comenzó, solo los fines de semana, y al tener “mucha aceptación” continuó también todos los días de 9:30 a 15:00 horas.

Según comenta María, la idea de ofrecer huevos benedictinos, tostas de aguacate con huevo escalfado o tortitas de avena vino “de mi hermana Marta, ella ha viajado mucho y cuando estuvo en Nueva Zelanda y en Australia vio que el tema brunch se trabajaba mucho, y lo llevamos a cabo”.

Entre los platos más demandados resaltan English breakfast, con huevos revueltos o a la plancha con bacon y longanizas o Spanish breakfast, con huevos a la plancha con jamón ibérico, patatas de la casa, tomate asado y pan. Los comensales también suelen probar el TK3 Royal, un timbal de salmón con huevos revueltos, aguacates y salsa holandesa.

'English Breakfast' con huevos revueltos o a la plancha con bacon y longanizas. FOTO:MANU GARCÍA

Alrededor de María, los clientes se zampan sus desayunos mientras se acompañan de smoothies naturales de frutas hechos en el momento o la mimosa, cava con zumo de naranja “que sale muchísimo por la mañana junto a los Bloody Mary”. Según ella, “en esta zona no había nadie que tuviera brunch y tampoco queríamos trabajar el tipo de comida que hay aquí”.

La apuesta por la gastronomía ha supuesto un respiro para TK3 en tiempos de pandemia que “nos ha afectado mucho a la noche, al contrario que con el brunch, que hemos tenido incluso más reservas que el año pasado”.

Al principio los Montoya pensaron en poner en la segunda planta del local el restaurante y “dejar abajo como estaba, pero no hemos podido, no nos lo permitieron por licencia”. Por tanto, las propuestas de TK3 salen recién hechas de un mostrador paralelo a la barra del bar por excelencia.

A su vez, el establecimiento cuenta con una terraza de madera con sombrillas y bombillas de colores para ambientar la noche, desde la que se puede contemplar el ocaso. “La teníamos a la altura del local, pero desde la crisis del 2008 nos dejaron de rellenar la arena de la playa y tuvimos que poner una escalerita que permitiera el acceso”, comenta María, mientras su hermana atiende las mesas.

Los cócteles y las copas de este sitio clave de la Bahía también se hicieron un hueco en el centro histórico hace un año y medio, cuando los hermanos vieron la posibilidad de extender el negocio a la calle Misericordia, con la misma esencia, pero más reducido. Ahora, tienen por delante un futuro incierto, pero esperan “seguir aquí muchos años más porque estamos muy contentos”.

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