Adeli, el bar en el que Urdangarín probó los chicharrones y que Lola Flores usó como 'vestidor'

Juan dice que es el camarero con más 'guasa' de la calle, pero no le faltan los clientes. FOTO: MANU GARCÍA.
Juan dice que es el camarero con más 'guasa' de la calle, pero no le faltan los clientes. FOTO: MANU GARCÍA.

Ya no es el Adeli, pero como si lo fuera. Así le siguen llamando los clientes de toda la vida y hasta los más nuevos, que deberían conocerlo por Barragán, el apellido de Juan el de la Adeli, al que el bar le viene de familia, como reza hasta su apellido. “Bar... ragán. Pon una R grande que valga por dos”, comenta. “Me lo diseñó un amigote mío”, dice en referencia al rótulo. “En mi familia vienen todos de la hostelería, mi padre, mi hermano y yo”.

Sin embargo, es de su suegro, familia política, de quien hereda este emblemático bar en pleno centro de Jerez. “Enrique Castelao, que tenía una cantina en la plaza de Abastos y un bar, Vitoria, en la plaza Plateros”, indica. Adeli por Adela, su cuñada, es decir, la hija de su suegro, que empezó en 1959 en esta esquina de la calle Latorre con Consistorio. “Y desde entonces tomando yo café”, comenta un cliente que se cuela en la explicación. “Anda que no hace años... me venía y ya tenía el cafelito preparao”, dice con una sonrisa. Antonio, uno de los habituales del Adeli —a partir de ahora se omite hablar de Barragán—, no está solo. La clientela del negocio que regenta Juan Barragán Fernández junto a su hijo y su socio Antonio, es fiel y no le importó tener que “cruzar la acera” cuando hace cuatro años, tras 55 en el mismo lugar, tuvo que abandonar el mítico rincón donde se encontraba. Eso ocurrió el 31 de diciembre de 2014, aunque tres años antes ya se había hecho con la renta del local que hoy ocupa y que llevaba durante ese tiempo el hijo de Juan, que hoy trabaja con él.

El antiguo Adeli, hoy cerrado, entre Consistorio y Latorre. FOTO: MANU GARCÍA.

El Adeli fue uno de los negocios afectados por el fin de la renta antigua tras una moratoria de 20 años —concluyó el 1 de enero de 2014— que se fijó en la Ley de Arrendamientos Urbanos de 1994, ley que mantenía sin variación alguna el precio de los alquileres antiguos, a excepción de la subida anual del IPC. “Yo no me fui, a mí me echaron porque era de renta antigua”, confiesa Juan, que lo regenta desde 1982 y que tiene la misma edad que años tiene la historia del bar. "En aquella época en desayunos nada más que estaba yo, porque la Cruz Blanca lo que había era papas con aceitunas y en Los Caracoles... papas y aceitunas", recalca de una época en la que el Ayuntamiento de Jerez se instaló en el edificio actual. Mucho ha cambiado la ciudad desde entonces y algunos de los personajes que se pasearon por la barra del Adeli o ya no están o no son lo que eran.

“Vino con su escolta y se tomó no una tapa, sino dos”, comenta. “Le gustaron, le gustaron los chicharrones al señor Urdangarín”, dice entre risas el regente. “Los chicharrones... y el chorizo, seguro que el chorizo”, bromea otro cliente. “Él estuvo aquí cuando a la infanta le dieron un premio de algo del caballo, que no recuerdo bien”, señala Juan. "Le dieron el Caballo de Oro o algo así”, hace una pausa mientras habla con otro de los habituales. “A la mujer de Undargarín no, a la hermana", aclara.

Al actual Barragán se le sigue llamando Adeli por los jerezanos. FOTO: MANU GARCÍA.

Pero más dio de sí el episodio de Lola Flores, quien al rodar un vídeo en el Señor de la Puerta Real —justo delante del antiguo Adeli— tuvo que cambiarse como pudo en la trastienda del bar. “Se tenía que cambiar un traje de lunares, un traje de flamenca y le dije: ¿Ahí se va a cambiar usted, Lola? Y me dice, ahí mismo, ahí mismo. Con una vestidora y un ayudante se desvistió y se cambió entera”, cuenta, al mismo tiempo que insiste en el reducido tamaño tanto del local como de los baños. “Hicieron el reportaje, que luego salió en Televisión Española, volvieron y se tomaron dos botellas de Tío Pepe”.

“¿Y toreros, Juan? ¿Toreros no han pasado?”, le preguntan. “Uno que iba empezando”, responde. “Luego también otros como el ex marido de Norma Duval, Marc Ostarcevic”, que recuerda montó una discoteca en la calle Zaragoza, o los jugadores del Xerez, cuando su presidente, Pepe Gutiérrez, regentaba también Viajes Ecuador, justo donde se ubica ahora el bar.

Pero, ¿por qué el Adeli? El establecimiento que hoy se llama Barragán y que hereda su legado es un clásico entre los jerezanos, y especialmente entre los políticos y los empleados del Ayuntamiento. “Fuimos los primeros que estábamos aquí y además enfrente estaba Hacienda, antes de que se lo llevaran a la plaza de las Marinas”, recuerda. El ajetreo era constante y todos los políticos de la Corporación se tomaban su café o su copita en el Adeli. “Pacheco venía muchas veces, pero nosotros no somos de ninguno, aquí había de todo”, recalca al tiempo que indica que los tiempos han cambiado. “Ahora vienen pocos, es un bar normalito. Hay sitios con categoría aquí al lado, esto es para los trabajadores”, comenta con burla. “Los señores concejales... ya sabes... Hola, buenos días. Hola, buenas tardes. Hay algunos que saludan y otros que se lo van creyendo”, bromea.

Algunos detalles de una de las paredes del Barragán, antiguo Adeli. FOTO: MANU GARCÍA.

"La pena que tengo es que no tengo cocina”, se lamenta, mientras señala el poco espacio del que dispone.  “Estoy intentando a ver si me dan permiso para poner un aparato que hay nuevo, una campana de extracción que te convierte el humo en aire nuevo”. El bar, que ofrece chacinas de León, de Salamanca, de Jabugo, así como quesos y conservas, es muy frecuentado por sus desayunos y por el excelente café que sirve, aunque a su dueño le gustaría tener una planchita y una freidora para tener “pescaíto frito de la plaza”.

Juan, que lleva desde los 14 años dedicado al mundo de la hostelería y que se pasa entre 14 y 15 horas al día trabajando, reconoce, sin embargo, no haber “visto un carné de paro” en su vida. “Es lo que hay”, dice con respecto a su jornada. Sus parroquianos, sin embargo, se lo agradecen. ¿El secreto? “Secreto ninguno porque dicen que el camarero más guasa que hay en la calle soy yo”, responde entre risas. “Y además de verdad”, le espeta uno de los suyos.

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