El idealista de Uclés

Es más fácil reírse de alguien a quien ya tienen en el punto de mira que tratar seriamente uno de los problemas más graves de nuestro país, al que ellos contribuyen

13 de febrero de 2026 a las 09:20h
David Uclés en una imagen reciente.
David Uclés en una imagen reciente.

En este país, no hay como tener éxito para que te fundan a tiros. No directamente. Primero, el éxito actúa como un parapeto contra críticas —justificadas o gratuitas—, e incluso como tarjeta de crédito ilimitada. El éxito de La península de las casas vacías (2024) ha regalado a su joven autor, David Uclés, un año de impunidad, o eso creía él. Todas las reseñas, citas y menciones a su obra resaltaban la originalidad, la equidistancia histórica y la excelencia de su libro. No parecía haber voces discordantes y, las que hubiera, sonaban poco, ¡tocaba vender libros!

Pero el éxito y el reconocimiento, así juntos, no tomados de uno en uno, que decía el poeta, pues serían polvo, tienen los días contados. Un mal paso y has caído. No entro a valorar el plantón a esas no equidistantes jornadas tituladas “1936 la guerra que todos perdimos”. Su decisión, al menos en mi opinión, requería y merece un debate, que no un juicio a David Uclés.

Lo que me ha llamado la atención ha sido el revuelo tras el tropezón y el olor a sangre. De la noche a la mañana, sin tiempo para leerse el tocho de 700 páginas, han salido nuevos lectores con otra visión y ha dejado de haber unanimidad: ni la historia es tan original ni deberíamos etiquetarla de excelente, se oye por ahí. Es el momento de la sinceridad, se excusan: leamos, analicemos y diagnostiquemos. Triste es que la crítica literaria —y de cine, de música o de cualquier arte que mueva dinero— siga siempre este patrón: éxito - halagos - puesta en duda - desprestigio. Lo que viene siendo un donde dije digo, digo diego.

Pero aún más me ha sorprendido que un asunto de libros haya trascendido fuera del mundo de la cultura, convirtiéndose en El caso Uclés. Y es que, de nuevo, amigo Sancho, con la historia hemos topado. Con esa historia que quieren olvidar los que ganaron la guerra, o borrarla, manipularla, reescribirla, cualquier cosa antes que contarla. Gentes al acecho contra todo aquel idealista que alce la voz y reniegue de ellos. Así que el joven Uclés se ha convertido en el demonio rojo, mofa de los autodenominados liberales emprendedores.

Hace unos días, la página de una inmobiliaria que opera en todo el país decidió desviar el debate de la vivienda, mofándose de Uclés. Es más fácil reírse de alguien a quien ya tienen en el punto de mira que tratar seriamente uno de los problemas más graves de nuestro país, al que ellos contribuyen. De una opinión que Uclés hizo pública —“he vendido 300.000 ejemplares y todavía no me puedo comprar una casa en Madrid; si acaso un zulo sin ventanas”— viene este juego. Un juego en el que, saltándose todas las normas éticas y legales (uso indebido de la imagen para uso publicitario, por ejemplo), lo vapulean, dejan por mentiroso y ridiculizan.

Pues eso, que La península de las casas vacías ha sido ocupada por una agencia inmobiliaria, ¡como lo oyen! En ella, lejos de idealismos, han desglosado el pastizal que los premios han generado en las cuentas de Uclés: ingresos brutos, menos el 45% que corresponde a Hacienda, más las reducciones en el IRPF del gobierno de Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid (¡anda que no!) y quito y pongo, pongo y quito hasta que por fin a Uclés le quedan 420000 euros. Todos ellos, enteritos porque Uclés ni come ni tiene gastos, los podría invertir en un pisito de unos 70 metros cuadrados, no más, en barrios pintorescos más o menos céntricos. Pisos en buen estado, ya saben, de segunda mano. A mí, que en estos últimos meses he estado al tanto de la vivienda en la capital de España, no me salen las cuentas y siguen sin parecerme desacertadas las palabras de Uclés: comprarse vivienda en Madrid es imposible, señora Ayuso. No habré mirado en Idealista, quizá sea eso.

Pero los consejos de esta inmobiliaria no acaban aquí; al fin y al cabo, Uclés podría aspirar a más, podría vivir en una casa de unos cien metros cuadrados, como muchísimo 120. Por el montante con el que cuenta nuestro escritor y ese futuro prometedor de autor de ventas, podría conseguir una hipoteca de 1,2 millones de euros que devolvería, durante los siguientes 30 años de su vida, a cómodos plazos en mensualidades de 8.700 euros (son cifras de Idealista News). En resumen, si quieres una casa en Madrid, no un zulo, tienes que contar con un sueldo superior a 8.700 euros mensuales. Sí, superior, pues no olvidemos el resto de gastos, fijos, variables y extras, que un idealista como Uclés tendrá en esos 30 años de unión con el banco de turno. Hasta los que viven bajo el gobierno de Ayuso los tienen.

El idealismo de Uclés le llevó a creer que era posible salirse de las líneas que le iban marcando; tal vez no contó con las contraindicaciones de tamaña osadía: recibirás palos de los tuyos y te machacarán los que no lo son. Confío, sin embargo, en que este varapalo le haga más audaz, sin dejar de soñar en un mundo mejor, menos uniforme y abierto. ¿Peco de idealista?

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