Valencia: del mapa de la corrupción a capital europea de la solidaridad

Es la ayuda humanitaria lo que ha puesto a Valencia en el mapa del mundo, de donde la corrupción y la indecencia eliminó a un pueblo trabajador y acogedor como el valenciano que este domingo enorgullece a Europa después de décadas de soportar la infamia de una organización para delinquir

Barco con personas refugiadas entrando en el Puerto de Valencia.
Barco con personas refugiadas entrando en el Puerto de Valencia.

Sólo hace tres años que decenas de valencianos cantaban en la Plaza del Ayuntamiento que “Rita s'acabat". Era el 25 de mayo de 2015, detrás más de dos décadas de mayorías absolutistas del PP valenciano, la toma del control total de los medios de comunicación públicos y privados, a través de jugosas subvenciones, para la construcción de un modelo de desarrollo basado en la corrupción, en el empobrecimiento y en el abuso de poder, mientras que las grandes obras públicas y los grandes eventos diseñaban un relato grandilocuente donde lo importante era que Valencia estuviese en el mapa aunque los valencianos y valencianas cada día fueran más pobres y más desiguales y fuesen expulsados del mapa de la vida digna.

Mientras que el PP iba acumulando mayorías absolutas de difícil digestión, un grupo reducido de valencianos venían avisando de que en la Comunidad Valenciana se estaba tramando una estafa y una trama de corrupción a cielo abierto imposible de imaginar por aquel entonces. 17 casos de corrupción. Tres expresidentes de la Generalitat Valenciana, todos menos uno; trece exconsellers; tres expresidentes de diputaciones provinciales; dos expresidentes del Parlamento valenciano; innumerables exdirectores generales de la Administración autonómica; todo el grupo municipal del PP del Ayuntamiento de la capital del Turia; los exalcaldes de Valencia, Rita Barberá, y de Alicante, Luis Díaz Alperi y Sonia Castedo,...

Decenas de miles de páginas de sumarios de delitos tan infames como el de robar el dinero que los valencianos destinaron a la lucha contra el VIH y contra la pobreza infantil en países pobres de solemnidad o mandar a los niños y niñas valencianos a estudiar a barracones mientras se chuleaban el dinero destinado a la construcción de colegios públicos. El PP valenciano ha sido el epicentro de la corrupción que ha terminado provocando que Mariano Rajoy haya sido echado a patadas y por la puerta falsa de la democracia por todos los partidos políticos de la democracia española, a excepción de Ciudadanos y Coalición Canaria.

Mientras que el PP iba acumulando mayorías absolutas de difícil digestión, un grupo reducido de valencianos venían avisando de que en la Comunidad Valenciana se estaba tramando una estafa y una trama de corrupción a cielo abierto

El cierre del canal autonómico valenciano fue quizás el momento simbólico en el que el PP se desconectó de la sociedad valenciana. El día que le dieron al botón por el que Canal 9 pasó a emitir en negro, una diputada de la oposición, Mireia Mollá de Compromís, lloraba amargamente mientras miraba desde su escaño a los trabajadores del canal clausurado por derribo. Al lado de esta diputada desconocida en el resto de España, estaba Mónica Oltra, quien le decía a la bancada del PP que con el apagón de la televisión autonómica comenzaba el principio del fin de la derecha valenciana. Decenas de exaltos cargos del PP duermen en prisión o esperan el juicio o llegada de auto del juez para dormir entre rejas.

Todo esto pasó frente al silencio de muchos, pero no de todos. Unos pocos valientes, liderados por la carismática líder de Compromís Mónica Oltra y por Esquerra Unida del País Valenciá, fueron arrastrados por la policía por el asfalto por oponerse al derribo de las casas del barrio de la luz que pintó Sorolla en sus cuadros, El Cabanyal. Los diputados de Compromís y Esquerra Unida fueron expulsados más de una vez de las Cortes Valencianas por denunciar la corrupción y el abuso de poder de quienes hoy duermen en prisión. Mónica Oltra tuvo que escuchar que no se sabía el origen de su paternidad por parte de un expresidente de las Cortes y Mireia Mollá tuvo que escuchar que sería mejor violarla por parte de una de las tramas que denunció la diputada. Un sinfín de atropellos cometidos por un PP que perdió el pudor democrático y que creyó que no sería nunca apeado del poder.

Aquellos políticos liderados por Mónica Oltra que ocupaban una bancada de cuatro diputados, y a los que el CIS les pronosticaba un 1% de los votos, gobiernan hoy la Comunidad Valenciana y son los artífices de que el barco Aquarius atraque en Valencia después de tantos años en el poder de un partido que ha atracado a los valencianos. Durante años, el PP puso a Valencia en el mapa de la desvergüenza, el saqueo institucionalizado, el absolutismo y en la lista de las regiones pobres de España, cuando Valencia siempre estuvo entre los territorios más ricos y con mayor desarrollo productivo del Estado.

Este domingo, con la llegada de las personas refugiadas al Puerto de Valencia, los valencianos y valencianas se han situado en el mapa mundial de la solidaridad, los derechos humanos, la ternura y en el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario, obligando a no pocos gobiernos europeos a cambiar su postura insensible ante el drama humanitario que viven nuestras costas por el éxodo masivo de millones de criaturas que huyen de lo que huyeron nuestros abuelos y abuelas en el siglo pasado. El PP valenciano hoy duerme en prisión mientras Valencia es el símbolo de su mejor yo y de lo mejor de España. Es la ayuda humanitaria lo que ha puesto a Valencia en el mapa del mundo, de donde la corrupción y la indecencia eliminó a un pueblo trabajador y acogedor como el valenciano que este domingo enorgullece a Europa después de décadas de soportar la infamia de una organización para delinquir.

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