La historia de la Semana Santa andaluza no se entendería sin los cambios y compra venta de enseres entre hermandades. En este sentido Jerez, especialmente durante la primera mitad del siglo XX, supo mirar a Sevilla con inteligencia.
Y es que, mientras muchas hermandades hispalenses renovaban su patrimonio –no siempre para mejor–, las jerezanas encontraron una oportunidad única para enriquecerse con enseres de gran valor artístico.
No solo llegaron bordados de palios que hoy siguen deslumbrando por su calidad artística, sino también pasos de misterio cargados de historia, que encontraron en Jerez una segunda vida.
El Castillo para el Cachorro que acabó en La Cena
Entre todos ellos, uno de los más emblemáticos es, sin duda, el que perteneció a la Hermandad del Cachorro. De madera tallada y dorada, responde a un marcado estilo barroco y fue concebido en el taller de Antonio Castillo Lastrucci, con talla de Francisco Carrero.
Su origen esconde una curiosidad poco conocida: Castillo reutilizó gran parte del diseño ideado originalmente para las andas de la Presentación al Pueblo, de la Hermandad de San Benito, que había proyectado en 1928 pero que nunca llegaron a ejecutarse. Finalmente, aquel diseño, adaptado, tomó forma en 1929 para el trianero Cristo de la Expiración, tras haberse encargado un año antes por un importe de 50.000 pesetas.
El paso lo restaura el propio Castillo Lastrucci en 1951 y procesiona en Sevilla hasta 1973. Un año más tarde, en 1974, la Hermandad de la Cena, de Jerez, lo adquiere por 325.000 pesetas, en una operación en la que intervienen como donantes Juan Cervilla Ortiz y Justo Garzón Martínez.
La riqueza del conjunto es notable: en sus laterales destacan faroles de plata de ley realizados por Jorge Ferrer, mientras que la orfebrería corresponde a Eduardo Seco. Las tallas, obra de Carrero, configuran una canastilla especialmente singular por la presencia de 32 ángeles y arcángeles.
A ello se suman seis medallones con escenas de la Pasión, realizados por el orfebre Cayetano González –único trabajo del insigne orfebre en la Semana Santa de Jerez–, y una iluminación compuesta por 22 tulipas. Entre 2008 y 2010, la empresa jerezana Ressur acomete su restauración, devolviéndole el esplendor que el paso de los años había ido robándole.
La riada que trajo un paso a Jerez
De Triana a San Marcos y de La Calzada, a San Mateo. El paso que acoge actualmente el misterio del traslado al sepulcro de Jerez, de la Hermandad de Santa Marta, también tiene una larga historia. Igualmente de estilo barroco, presenta diseño de José Pérez Calvo y talla de José Gallego, salvo los respiraderos, que son obra de Francisco Toro Velasco. El dorado, por su parte, se debe a los talleres de Herrera y Feria.
Este conjunto se estrena en 1945 en Sevilla para el misterio de la Presentación al Pueblo de la Hermandad de San Benito, que lo mantiene hasta 1966.
La venta a la cofradía jerezana se produce por 195.000 pesetas, en concepto de donativo para sufragar unas nuevas andas. Detrás de esta operación se encontraba un hecho histórico: el desbordamiento del arroyo Tamarguillo en la capital andaluza, que provocó una inundación en las dependencias donde se alojaba el paso, provocando su parcial deterioro. Este hecho animó a los cofrades sevillanos a encargar uno nuevo al reconocido tallista Antonio Martín.
Pero, la transición entre ciudades deja un hecho insólito, ya que en la Semana Santa de 1966, el paso procesiona el Martes Santo en Sevilla y, tras ser trasladado en camión durante la mañana del Miércoles Santo, vuelve a hacerlo en Jerez, pero el Sábado Santo, para albergar el misterio del Traslado al Sepulcro. El contrato de compraventa incluía además una cláusula singular: San Benito podría haber seguido utilizándolo al año siguiente de no haber acabado Antonio Martín el nuevo.
Otros pasos que también llegaron a Jerez
Junto a estos dos grandes ejemplos, otros pasos sevillanos también dejaron su huella en Jerez, aunque hoy ya no formen parte del patrimonio de sus hermandades. Es el caso del antiguo de los Panaderos, que curiosamente fue utilizado por tres hermandades jerezanas como La Lanzada, Coronación de Espinas y Cinco Llagas durante la década de los cincuenta.
Sin embargo, uno de los más recordados por los cofrades jerezanos, sobre todo los que ya pasan los 40 años, es el que perteneció a la Hermandad del Cristo del Amor y que adquirió a la sevillana de la Soledad de San Buenaventura.
De estilo neobarroco y dorado, se trataba de un canasto dorado de bombo redondo, que contaba con unos candelabros y respiraderos que hasta 1908 formaron parte del paso del Gran Poder. Fue tallado por Antonio Roldán en 1915, sustituyendo a uno anterior de 1852. En 1956 lo adquiere la Hermandad del Cristo del Amor por 40.000 pesetas.
Hasta 1993 procesiona en Jerez, siendo especialmente recordado, además de por sus singulares formas, por una cartela central con la inscripción “Deus Charitas est”, que hoy sigue recordándose en otra cartela, pero en el faldón delantero del actual misterio.
Su mal estado, y la imposibilidad de restaurarlo por completo hace que se venda a la Hermandad de la Vera-Cruz de Aguilar de la Frontera, para el Señor del Calvario, si bien ha sufrido grandes modificaciones, como la sustitución de los respiraderos y los antiguos candelabros de guardabrisas por faroles dorados.
Si bien se recuerda aún con cariño ese paso, que derrochaba sabor clásico y sencillez, no es menos cierto que hoy día el Calvario del Cristo del Amor procesiona cada Martes Santo en unas magníficas andas diseñadas por Antonio Dubé de Luque.
