Aunque hoy su culto se viva de una manera más discreta, Jerez no debe olvidar que, siglos atrás, había una Virgen a la que se encomendaban sus habitantes para pedir por lluvias en tiempos de sequía, por salud cuando azotaban epidemias o por causas imposibles cuando la realidad y las circunstancias parecían cerrarse sin remedio. Y en esa confianza rotunda, casi cotidiana, encontraba el pueblo consuelo, esperanza y la certeza de no sentirse solo ante la adversidad.
Hablamos de la Virgen del Socorro, titular mariana de la hermandad de La Viga que obtuvo en 1610 el título de copatrona de Jerez por parte de su Ayuntamiento, compartiendo así este privilegio con la Virgen de La Merced y Nuestra Señora de Consolación –desgraciadamente ésta última otra gran desconocida hoy día–. De esta manera, la historia del Socorro no se entiende sin ese hilo invisible que une fe popular, tradición oral y memoria colectiva, esa que recuerda diferentes leyendas y milagros que, a la postre, la hicieron merecedora de su copatronazgo.
Un suceso en la actual Plaza de la Yerba
La leyenda más conocida se remonta al siglo XVI. La tradición cuenta que, mientras la imagen procesiona por la antigua ciudad amurallada, un toro desbocado irrumpe sembrando el pánico entre los presentes. Gritos, carreras, desconcierto... Y entonces, el milagro: la Virgen vuelve su rostro hacia el animal y este cae fulminado a sus pies sin causar daño alguno. El suceso tiene lugar en la plaza de los Sombrereros, actual Plaza de la Yerba, donde todavía hoy un azulejo recuerda aquellos hechos.

Pero el episodio del toro no es la única señal prodigiosa que la tradición atribuye a la dolorosa que mora en la Catedral de Jerez. En el Museo Arqueológico se conservan lápidas históricas que mencionan otros milagros vinculados a su intercesión. Entre ellos, la salvación milagrosa de una niña de 18 meses, en 1648, tras caer a un pozo y nadar sobre las aguas, tras la súplica desesperada de su madre a la Virgen; o las lluvias providenciales que pusieron fin a sequías angustiosas para los campos jerezanos.
Precisamente una de esas rogativas, en 1610, motiva que el cabildo municipal acuerde nombrarla copatrona de la ciudad, reconocimiento recogido en actas capitulares y que da medida de la dimensión pública de su culto.
El cuarto y último milagro se narra en una lápida del desaparecido convento de San Agustín y que también tiene que ver con la llegada de lluvias tras una larga sequía al final del invierno de 1817. En marzo, el Ayuntamiento acuerda realizar rogativas a la Virgen del Socorro implorando su ayuda y de nuevo llueve en abundancia solventando el problema. Un mes después se celebran novenas de acción de gracias a la Virgen.
Las huellas de la Virgen del Socorro en la geografía urbana
Pero la huella de la Virgen del Socorro también se percibe en la geografía urbana. Durante siglos, una de las entradas del Alcázar de Jerez era conocida como la Puerta del Socorro, llamada así por la cercanía del lugar donde recibía veneración la imagen. No es un detalle menor: que una puerta defensiva adoptara su nombre revela hasta qué punto la ciudad la consideraba guardiana simbólica de sus murallas y de quienes habitaban dentro de ellas.
Y en próximas fechas, como así ha publicado ya lavozdelsur.es, el único humilladero que aún se conserva en una de las antiguas puertas de la ciudad, la del Arroyo, reabrirá para rendir culto, precisamente, a la Virgen del Socorro y a la Virgen de la Merced gracias a una iniciativa de la hermandad de La Viga.
Siglos después de aquellos hechos milagrosos, de esas primeras crónicas de favores y auxilios y más allá de su veracidad histórica, la Virgen del Socorro volverá a recorrer las calles de Jerez en la jornada del Lunes Santo. Cuando vea su palio avanzar poco a poco, cuando lo vea acercarse, meciéndose al son de Cristo de la Viga, recuerde que esa Virgen de rostro juvenil, según cuentan, detuvo un toro. Y que, con el paso del tiempo, terminó deteniendo también el corazón de todo un pueblo.


