La de La Viga ha sido históricamente una hermandad de marcado carácter familiar. En su nómina de hermanos se repiten apellidos muy reconocibles y Rubiales es uno de ellos.
Este año, la tradición continúa con la incorporación de otro miembro de la familia bajo las trabajaderas del paso del histórico crucificado catedralicio. Sin embargo, su nombre, Anthony, y su primer apellido, Fitts, indican que este Rubiales guarda una historia muy especial.
Anthony Fitts Rubiales, de 30 años, es hijo de padre norteamericano y madre jerezana, fruto de una de tantas relaciones entre militares de la Base Naval de Rota y españolas. Se conocieron en una noche de fiesta, prolongaron su coqueteo con la ayuda de diccionarios de español-inglés y acabaron casándose y teniendo dos hijos, el mencionado Anthony y María, cinco años menor que él.
Nació en la Base, pero su vida ha estado marcada por tres continentes
El joven hispano-norteamericano nació en la Base, pero su juventud ha estado marcada hasta el pasado mes de noviembre por tres continentes y tres países, por razones laborales de su padre: América (Estados Unidos), Europa (España) y Asia (Japón).
Apenas contaba con cuatro meses cuando su familia se traslada a Norfolk (Virginia-EEUU), donde permanece tres años. De ahí, de vuelta a España, donde permanecen otro trienio. Para entonces a Anthony ya lo habían apuntado como hermano en La Viga, gracias a la vinculación de su familia con la hermandad –de hecho, su abuela era vecina del Arroyo–, si bien, debido a la corta edad que tenía entonces, no tiene recuerdos de sus primeras Semanas Santas en Jerez.
Tras esta breve estancia en nuestra tierra, viajan a Yokosuka, en Japón, donde vivirá con su familia otros tres años, y de ahí a su padre lo destinan a California, pero Anthony puede regresar a España con su madre y su hermana, donde permanecen cuatro años.
Son los primeros Lunes Santo en los que puede vestirse con la túnica de su hermandad de la Viga y cuando se enamora de ese Cristo al que, cariñosamente, llaman 'Canijo'.

Con apenas 12 años le toca volver a su segunda patria con su familia. En 2008 hacen las maletas para establecerse en Louisville (Kentucky, EEUU). Allí se instalan casi 20 años, con visitas puntuales a España, si bien en 2013 tiene la oportunidad de volver y permanecer en Jerez durante seis meses.
De hecho, le coincide ese período con la Semana Santa, lo que le permite una mayor relación con su hermandad y hasta ponerse por primera vez la molía, con apenas 17 años, para cargar a su Cristo de La Viga. Seis años más tarde, en 2019, puede hacer una escapada con su hermana para disfrutar de otro Lunes Santo en su segunda tierra.
"El Cristo de la Viga lo es todo para mí. Yo sabía que cuando tuviera la oportunidad de poder volver, iba a ser su costalero", cuenta Anthony emocionado, con un acento que prácticamente pasaría por el de un jerezano más de no ser por esporádicas lagunas lingüísticas y por su perfecta dicción en inglés cuando utiliza algún término anglosajón.
Tras el regreso definitivo de su familia a Jerez el pasado mes de noviembre, Anthony está experimentando con intensidad su nueva vida. "No sabéis lo que es esto. Aquí se trabaja para vivir y en Estados Unidos, se vive para trabajar. Yo allí me levantaba a las 4 y media de la mañana, hacía una hora de carretera, entraba a las 7 de la mañana y volvía a casa diez horas después".
Y es que, ni los miles de kilómetros de distancia, ni la cultura tan diferente entre un país y otro le provocaron un desapego con su otra tierra y con una de sus principales fiestas, como es la Semana Santa.
Cuando llegaba el Lunes Santo le explicaba a su jefe que ese día necesitaba usar el móvil para ver a su Cristo de la Viga. La diferencia horaria con España, seis horas menos, provocaba que viera la salida al mediodía y la recogida a las seis de la tarde.
"Ellos no entendían mucho. Incluso tenía algún compañero de color que cuando veía los capirotes me preguntaba sorprendido, y tenía que explicarle que eso no tenía nada que ver con el KuKluxKlan, que es lo primero que se le pasaba por la cabeza. Luego a otros les explicaba que los pasos lo portamos a hombros, el sentimiento de ser costalero, les contaba lo de la recogida con las bengalas, y se quedaban flipados".
Una pérdida inesperada
Este próximo Lunes Santo será muy especial. Junto a él, en el palo le acompañarán algunos de sus tíos y sus primos. Pero sobre todas las cosas sabe que, este año, Eduardo Salazar, hermano mayor y capataz del Cristo de la Viga, dedicará una levantá muy especial dirigida a su hermana María, fallecida inesperadamente el pasado mes de junio con apenas 25 años.
"Estábamos todos en casa. Mi hermana comentó que tenía sueño, se echó a dormir… y no despertó. Nadie ha sabido decirnos qué le pasó, ni siquiera la autopsia reveló que tuviera algún problema de corazón", lamenta Anthony, quien define a su hermana como "mi mejor amiga, mi roca", mientras enseña un tatuaje de Bart y Lisa, de Los Simpsons, en su brazo derecho, como homenaje a la especial relación que tenían.
Recuerda con dolor aquel día. "Lo primero que hice fue gritarle a Dios, preguntarle el porqué. También le dije al 'Canijo' que cómo me hacía esto, después de haberlo llevado sobre mis hombros". Pero, tras esta primera etapa de duelo, considera ahora que "todo tiene un principio y un fin. Sé que Dios la necesitaba más en el cielo que aquí con nosotros".
Su molía lleva las iniciales de su hermana María en su recuerdo. "Este año cargaré por ella, por mis padres y por todos los demás que se han visto en el doloroso trance de enterrar a un hijo".
Pero, más allá del recuerdo emocionado de su hermana, esta Semana Santa la vivirá también con intensidad. "No pienso perderme nada, lo que pasa es que aún no me conozco todas las calles", explica.
Una hermandad que le llamaba especialmente la atención cuando residía en Estados Unidos, además de la suya de La Viga, era la de la Yedra, y recuerda algo que incluso le hizo llorar. "Me emocionó hace dos años cuando la Agrupación de la Sentencia iba a volver a tocar tras el Señor, y se quedaron sin poder hacerlo por la lluvia".
Tampoco descarta, en el futuro, sacar algún otro paso: "El Señor de Bondad y Misericordia me gusta mucho. Lo que pasa es que sale el Martes Santo, y después de cargar en La Viga, hacerlo al día siguiente tiene que ser duro". Lo que tiene claro es que "tengo muchas ganas de que llegue el Lunes Santo, pero a la vez no quiero que llegue. Pasa todo tan rápido…".



